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    El embajador Julio Lacarte Muró

    Sr. Director:

    Este próximo 20 de setiembre se cumplen 30 años del lanzamiento de la Ronda Uruguay de Negociaciones Comerciales Multilaterales del entonces GATT.

    La ocasión es más que propicia para recordar al embajador Julio Lacarte Muró, quien fuera uno de los principales protagonistas del proceso desde el lanzamiento de la Ronda hasta su exitosa culminación en 1994, en los Acuerdos de Marrakesh.

    A inicios de 1985, Julio supo percibir los nuevos vientos que soplaban, por un lado, en Ginebra (sede del GATT), y por otro, en nuestro país, y tuvo el talento de diseñar una estrategia que conduciría a unir uno al otro, y generar una nueva dinámica que sería altamente provechosa para ambos.

    En Uruguay, se aguardaba con expectativa e ilusión el inicio de la restauración democrática, que pondría fin a la dictadura cívico-militar que castigó al país desde 1973. Durante el régimen, en materia de relaciones internacionales, el país fue un paria relegado en todos los ámbitos relevantes del quehacer internacional a causa de las groseras violaciones a los derechos humanos cometidas por quienes ejercieran el poder.

    De esa forma, el gobierno que encabezaría el Presidente Sanguinetti a partir de marzo de 1985, tendría urgente necesidad de regresar al país al lugar de prestigio que se había ganado a través de décadas de un accionar comprometido con los valores de libertad, democracia y respeto a los derechos humanos.

    En Ginebra, perdía fuerza el pequeño impulso dado al sistema multilateral de comercio por los acuerdos de la Ronda Tokio (1973-1979) y se continuaban los debates entre, por un lado, quienes entendían que se hacía necesario un nuevo ciclo de negociaciones para encarar los desafíos provenientes de nuevas tendencias económicas generadas por la irrupción del comercio de servicios y el impacto de las inversiones sobre el comercio; y por otro, quienes sostenían que era necesario dar cumplimiento pleno a las nuevas obligaciones emergentes de los acuerdos de la Ronda Tokio antes de embarcarse en un nuevo ciclo de negociaciones.

    Para Julio, un profundo conocedor del GATT desde sus orígenes en 1947 (cuando él ejerciera la Secretaría de la Conferencia de La Habana), era notorio que el sistema multilateral de comercio más temprano que tarde debería encarar las nuevas tendencias que se registraban en la economía mundial, y que más que oponerse a la realidad, resultaría más conveniente posicionarse en el centro mismo de un nuevo proceso de negociación, como manera de incidir en la mayor medida posible sobre su contenido y desarrollo.

    Asimismo, Julio conocía del “déficit desarrollista” del GATT, entidad entonces considerada como un “club de países ricos” (y de la cual no formaban parte ni China ni la entonces URSS), e insistía en la necesidad que el sistema multilateral de comercio prestara atención a sus problemas y lograse su mayor participación.

    En poco tiempo, Julio, avezado jugador de ajedrez, comenzó a mover sus piezas. Conocía al GATT como a la palma de su mano, pero además, conocía a su gente en virtud de su continuado vínculo con las negociaciones comerciales multilaterales. Gran articulador, fue poco a poco amalgamando delegaciones que veían con interés un nuevo proceso de negociación, pero que se mostraban renuentes a verse arrastrados por demandas excesivas de los países desarrollados. Generó trabajos técnicos en GATT y en Unctad sobre barreras al comercio de los países en desarrollo, los que eran distribuidos entre estos para su análisis, estudio y generación de posiciones de negociación.

    Pero asimismo, encaró a los principales países desarrollados, expresando claras demandas respecto a áreas de interés específico de los países en desarrollo, tales como los efectos distorsionadores que la protección agrícola de los países desarrollados generaba en la producción y comercio de los países en desarrollo, la necesidad de fortalecer los mecanismos de solución de controversias, de manera de brindar garantías al cumplimiento de las obligaciones que se asumieran en nuevas negociaciones.

    Al mismo tiempo de generar toda esta actividad, encaró un proceso muy discreto de conversaciones con delegaciones de varios países de relevancia en el GATT, respecto a que una nueva ronda debía no solamente atender más de cerca a los países en desarrollo, sino que además, eso debía reforzarse lanzando una nueva ronda desde un país en desarrollo. Y para Julio, estaba muy claro cuál era ese país.

    Julio planteó al presidente Sanguinetti y al canciller Iglesias la posibilidad de que la reunión ministerial que diera lanzamiento a una nueva ronda de negociaciones se llevara a cabo en Uruguay. Ambos comprendían claramente tanto la conveniencia de así hacerlo por lo que ello significaría para la reinserción internacional del Uruguay, como los riesgos de parecer complacientes con aquel “club de países ricos”.

    El presidente Sanguinetti y el canciller Iglesias trazaron lineamientos muy claros: una nueva ronda, lanzada en Uruguay, debía tomar muy en cuenta los intereses de los países en desarrollo, tales como el comercio de productos agrícolas, las subvenciones a las exportaciones agrícolas, el tratamiento diferenciado y más favorable para los países en desarrollo, el fortalecimiento institucional del GATT y las mejoras en el sistema de solución de controversias.

    Un largo e intenso proceso de negociación se llevó a cabo en Ginebra para definir el contenido de la declaración ministerial que sentaría las bases para el lanzamiento de una nueva ronda multilateral.

    En paralelo, y más alejado de la vista del gran público, un delicado proceso de negociación se llevó a cabo entre un muy reducido grupo de países para definir la sede de la reunión ministerial que lanzaría la nueva ronda.

    Y por supuesto, Julio era principal protagonista en ambos, desplegando toda su capacidad negociadora, donde su talento y fuerza de convicción fueron generando, paso a paso, los apoyos necesarios para que la reunión ministerial se llevase a cabo en Uruguay, más precisamente en Punta del Este, del 15 al 19 de setiembre de 1986.

    Al inicio de la Reunión Ministerial, era aún incierto el resultado. Si bien una sustancial mayoría de miembros del GATT favorecían el lanzamiento de una nueva ronda, un importante grupo de países (entre ellos Brasil, India, la entonces Yugoslavia, Argentina, Egipto) manifestaban fuertes resistencias a la inclusión de los “nuevos temas” (comercio de servicios, medidas de inversiones relacionadas con el comercio, derechos de propiedad intelectual) y el consenso necesario para el lanzamiento estaba aún distante.

    Un magnífico discurso inaugural del presidente Sanguinetti expuso una visión moderna y equilibrada de lo que se requería en el momento. El canciller Iglesias presidió la reunión de manera magistral, se involucró personalmente día y noche en el proceso de negociación, presionó sobre quienes era necesario presionar, buscando satisfacer las preocupaciones de unos y otros, y encerró físicamente en una misma sala a un conjunto de ministros claves para la negociación bajo la advertencia “de aquí no nos vamos hasta que haya acuerdo”, lo que finalmente sucedió cuando alboreaba el sábado 20 de setiembre de 1986.

    Eso fue tan solo el principio de la Ronda Uruguay, que se extendería hasta abril de 1994. Ocho años en los que Julio fue instrumental en el desarrollo de las negociaciones, conduciendo la delegación del Uruguay, y al mismo tiempo presidiendo grupos de negociaciones, entre ellos el que condujo al Entendimiento sobre Solución de Diferencias, piedra angular de la OMC (Organización Mundial de Comercio), sucesora del antiguo GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio).

    La Ronda Uruguay proyectó a nuestro país a la escena internacional, asociándolo a un exitoso proceso de negociación multilateral, que no ha sido superado aún. El objetivo que Julio se trazó fue alcanzado plenamente.

    Culminada la Ronda Uruguay, Julio fue el primer presidente del Órgano de Apelación creado por el Entendimiento sobre Solución de Diferencias, en el que sirviera entre 1995 y 2001.

    Por su extensa contribución al sistema multilateral de comercio, la OMC distinguió a Julio —aún en vida— designando con su nombre la antigua Sala F de reuniones del Centro William Rappard, donde condujera las negociaciones sobre solución de diferencias. Tal distinción había sido antes extendida —póstumamente— tan solo a dos ex directores generales del GATT, Olivier Long y Eric Wyndham-White.

    A 30 años de aquel comienzo, un recuerdo para Julio Lacarte Muró: diplomático excepcional, mentor, amigo.

    Elbio Rosselli