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    El “escenario más probable” hoy es que Vázquez gane en una segunda vuelta con Larrañaga y que no logre obtener mayoría parlamentaria

    La última nota de diciembre pasado en este mismo espacio (Búsqueda, 26 de diciembre de 2013) sostuvo que los escenarios más probables para este año electoral, en el estado actual de la opinión, eran los siguientes: (1) pueden pasar muchas cosas, pero no cualquier cosa. Las posibilidades van desde una “repetición” de 2004 (Tabaré Vázquez presidente en octubre, con mayoría parlamentaria propia) hasta una “repetición” de 1999 (Vázquez es el más votado en octubre, sin mayoría absoluta ni mayoría parlamentaria, y pierde en noviembre). En todos los casos Vázquez es el más votado en octubre; (2) el resultado más probable hoy, partiendo de la información disponible, es Vázquez presidente en noviembre, sin mayoría parlamentaria. Este es el resultado más probable; no es una certeza; (3) se llega a esas conclusiones teniendo en cuenta, simultáneamente, las encuestas de 2013, la evolución de las encuestas y resultados electorales de la última década, y (en algunos aspectos muy generales) la historia electoral de los últimos sesenta años; (4) la oposición tiene posibilidades reales de ganar la Presidencia (“Vázquez no es una fija”).

    Estos son escenarios; no son predicciones firmes y congeladas desde aquí hasta octubre. Son los resultados más probables en el estado actual de la opinión. Si la opinión (y las encuestas) cambian significativamente, estos escenarios también cambiarán; pueden hacerlo hasta la última encuesta previa a las elecciones. Las probabilidades de cada uno de estos escenarios son diferentes: el más probable es Vázquez elegido presidente en noviembre (con segunda vuelta o balotaje), sin mayoría parlamentaria propia. El menos probable es Vázquez presidente en octubre con mayoría parlamentaria.

    Otros escenarios específicos

    Todos los escenarios anteriores asumen que Vázquez es el candidato más votado en octubre, y por lo tanto, necesariamente, que gana su interna en junio. El análisis de las fuentes arriba indicadas indica que, salvo acontecimientos extraordinarios, imprevisibles y de gran impacto, es muy difícil que Vázquez pierda su interna. Vázquez es el casi seguro ganador de su interna porque los acontecimientos “extraordinarios y de gran impacto” son raros: es poco probable que ocurran. Por ejemplo: para usar un tema de Vázquez, el de la “biología”, es posible, pero poco probable, que durante los próximos nueve meses un hombre sano de su edad tenga un problema de salud que le impida competir en junio u octubre. Esa probabilidad se puede desestimar.

    El mismo análisis, con las mismas conclusiones, vale también para la interna colorada: es muy difícil que Pedro Bordaberry la pierda. La interna blanca, por comparación, es la única competitiva. El ganador más probable en ella es Jorge Larrañaga, pero, a diferencia de lo que ocurre en las internas frentista y colorada, Larrañaga puede perder su interna, del mismo modo que Vázquez puede perder la Presidencia. Ninguna de las dos carreras “es una fija”. En cambio, aunque Vázquez o Bordaberry podrían ser derrotados en sus respectivas internas, es muy poco probable que eso ocurra. La diferencia entre unas y otras situaciones (las internas del FA y colorada por un lado; por otro, la interna blanca y los resultados de octubre) no es la que existe entre lo posible y lo imposible, sino la que distingue entre grados significativamente diferentes de probabilidad.

    Ya se ha asumido que el escenario más probable es “Vázquez en octubre sin mayoría propia”, y por lo tanto que será necesaria una segunda vuelta. Si los candidatos de los partidos mayores para octubre son los ya indicados, ¿quién será el adversario de Vázquez? Hoy, el más probable es Larrañaga, pero tampoco “es una fija”. Toda la evidencia disponible muestra que Bordaberry es un candidato fuerte: en la práctica, él es la locomotora que va delante de su partido y lo remolca. Pero esto tiene sus límites. También toda la evidencia muestra que el Partido Nacional está sistemática y establemente mejor parado que el Partido Colorado frente a los votantes, en intenciones de voto y en adhesiones partidarias. Por eso, el más probable adversario de Vázquez en noviembre es Larrañaga, aunque no sea “una fija”.

    Esta larga discusión de probabilidades relativas puede ser algo irritante, pero a cuatro meses de las internas y a nueve meses de octubre aporta muchas conjeturas razonables a la luz de la información disponible. No se puede ir más lejos (al menos no con un mínimo de prudencia analítica), porque, entre otras razones, estas cosas no meramente “ocurren”: se construyen a lo largo de la campaña. Dependen de acontecimientos que todavía no han ocurrido.

    La campaña y su agenda

    La campaña electoral es un escenario móvil en el cual los actores que aspiran a llegar al gobierno tratan de presentarse a sí mismos como los más adecuados para conquistarlo o para retenerlo. Se puede llamar agenda real de la campaña al conjunto de temas que durante su transcurso parecen influir en el electorado y en los resultados. La agenda real, entonces, es muy importante, pero se va develando a lo largo de la campaña. A priori nadie la conoce con precisión. En sentido estricto solo se la podría apreciar claramente al final, cuando todo está “sobre la mesa”.

    Los actores siempre reaccionan frente a los temas de la agenda, por definición, porque “ignorar” es una manera de reaccionar, del mismo modo que la inacción es una clase particular de acción. El silencio (“ignorar”), como la inacción, puede tener impacto político sobre los distintos públicos; el electorado puede premiar o castigar a los actores por lo que dicen y también por lo que no dicen; por lo que hacen y también por lo que no hacen.

    Los competidores tratan de abordar los temas que perciben como efectivamente instalados en la agenda desde el ángulo más apropiado para su “posicionamiento” básico (sus virtudes y defectos tal como son percibidos por los públicos a los que quieren llegar), y más inapropiado para los de sus adversarios. Ejemplos recientes de las dos últimas semanas: la forma en que Vázquez encaró la educación pública y la inseguridad en sus primeras salidas formales al ruedo como precandidato. En el primer caso parece tener en cuenta principalmente a sus votantes en las internas, como han sostenido varios comentaristas, y es un mensaje cuya recepción sería más favorable “en la izquierda”. El mensaje sobre la inseguridad parece más complejo: apoya a la izquierda neta “institucional” (al MPP, porque se pronuncia explícitamente a favor del ministro Bonomi), pero no a la militancia más radical, que tiende a ver a Bonomi casi como a un “represor”.

    Ni la argumentación anterior ni estos ejemplos particulares implican que los competidores sean puramente instrumentales o que carezcan de principios y proyectos. Pueden tener principios, proyectos y metas muy claros, pero para llevarlos a la práctica ahora tienen que ganar, o al menos maximizar su votación, y esto requiere prácticas políticas realistas y atentas a la evolución de los acontecimientos y de las inclinaciones del electorado. Por eso estas “reglas” no se aplican a los que “acumulan fuerzas” (su meta no es hoy sino mañana) o a los que son consciente y deliberadamente testimoniales (solo tratan de establecer una idea o un principio).

    El control de la agenda

    Los actores pueden ser proactivos frente a la agenda: tratan de influir directamente sobre ella, “definirla”. Cuando lo logran se suele decir que “controlan la agenda”. Lo hacen tratando de incorporar temas nuevos y enfatizando o relativizando (quitándoles importancia) los temas que ya están en ella, según lo que crean más útil para sus objetivos. Dicho de otra manera, la agenda incluye una colección de temas sobre los que se disputa, pero además ella misma es “territorio disputado”. La agenda solo es visible realmente al final de la campaña en parte por esa disputa, de resultados inciertos, y en parte porque durante la campaña suelen aparecer imprevistos de importancia variable que se instalan en ella. No siempre es fácil decidir en qué medida algo es un “imprevisto”: por ejemplo, ¿Pluna fue un “imprevisto”, algo que ocurrió accidentalmente? A juzgar por las reacciones del oficialismo parecería que sí, pero las reacciones de la oposición sugieren más bien que “se veía venir” (como se suele decir: “te lo dije”).

    La acumulación de esas acciones y reacciones (sobre los temas de la agenda; sobre la agenda en sí misma) va construyendo las “notas” o calificaciones de los actores frente al electorado: sus aciertos y errores. Aciertos y errores que, para complicar un poco más las cosas, pueden ser diferentes entre distintos grupos de votantes: lo que es bueno para unos no siempre lo es para otros. Estas sumas y restas pesan siempre sobre el resultado electoral; pueden y suelen ser decisivas.

    En este marco conceptual la campaña puede ser vista como el desarrollo de los debates y conflictos dentro y alrededor de la agenda. Los actores actúan (o al menos tratan de actuar) sobre la agenda en sí misma y sobre sus temas, definiéndolos, explicándolos y valorándolos de ciertas maneras. Actúan también sobre sus propias imágenes personales, imágenes que al menos en alguna medida son maleables; pueden ser “mejoradas”, y pueden deteriorarse. Estas acciones buscan mejorar sus posiciones y debilitar las de sus adversarios.

    Lo que queda afuera de la agenda

    Este marco conceptual es abarcador y muy general; sin embargo, no agota la lista de los factores relevantes para las campañas. En ellas también pueden estar presentes otros factores capaces de incidir en sus resultados. Son factores que en ocasiones pueden incidir mucho en su evolución y resultados, pero cuya naturaleza es tal que los competidores no pueden actuar sobre ellos. Al menos a corto plazo son independientes de sus voluntades y sus acciones.

    Esto no quiere decir que los protagonistas de la campaña “no puedan hacer nada” al respecto; solo que no los pueden modificar (no son “maleables”). Un velero no puede cambiar el viento, pero dentro de ciertos límites puede avanzar, gruesamente, en contra de la dirección del viento (las “bordadas”), aunque no cualquier velero, aparejo o tripulación puedan hacerlo bien. Esta clase de factores son los condicionantes de la campaña. Más adelante (no puede hacerse aquí por razones de espacio) se sostendrá que estos factores han sido muy importantes para la historia electoral uruguaya de las tres últimas décadas.

    © Luis E. González. Derechos reservados. (Especial para Búsqueda).

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