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La emblemática cancha de Pebble Beach, una de las más fotogénicas del mundo, ubicada en la península de Monterrey, fue sede del 119º Abierto de los Estados Unidos, donde el domingo 16, el estadounidense Gary Woodland con un rendimiento formidable ganó el primer Major de su carrera. El ganador empleó 271 golpes, finalizando en segundo lugar con tres impactos más el mejor golfista del momento, su compatriota Brooks Koepka. En tanto, el argentino Emiliano Grillo fue el mejor golfista sudamericano al terminar en el puesto 58º tras los 72 hoyos, mientras que el noruego Viktor Hovland fue el mejor golfista amateur del certamen.
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Por su victoria, Woodland recibió un cheque por 2,2 millones de dólares de los 12,5 millones de dólares que repartió el campeonato en premios. Por otra parte, el ganador recibe una invitación de la United States Golf Association (USGA) para jugar en forma directa las próximas 10 ediciones del US Open, además de cinco años de exoneración también para los otros tres Majors, con la enorme importancia que esto encierra para la carrera de un golfista profesional.
En tanto, el score de 13 golpes bajo el par del campo no tiene que haber dejado para nada conformes a las autoridades de la USGA, entidad organizadora del torneo. Por otra parte, fueron un total de 31 golfistas los que terminaron bajo el par de la cancha, un hecho poco usual en el historial de más de un siglo de disputa del US Open. Evidentemente los desaciertos de la autoridad organizadora en ediciones anteriores con verdaderos “horrores” en la presentación de las canchas para su campeonato más importante como fueron Oakmont, Chambers Bay, Merion, Erin Hills, y Shinnecock además de las fuertes críticas de algunos jugadores (llámese Tiger Woods y Phil Mickelson, entre varios) llevaron a que la USGA tomara precauciones para la presentación del espectacular Pebble Beach Golf Links. “El mayor desafío golfístico”, como define la USGA a su campeonato más importante, en esta edición, no fue tal. A partir de estos resultados ya se especula en la forma que dicha asociación presentará la cancha del Winged Foot Golf Club, ubicada en las afueras de la ciudad de Nueva York, cuando reciba al US Open en junio del próximo año.
Tercer Major del año
Con la participación de 156 jugadores, bien temprano en la mañana del jueves 13 dio comienzo la edición 119ª del Abierto de los Estados Unidos, uno de los campeonatos de golf más antiguos del mundo. Por otra parte, luego del cambio realizado por el PGA Tour en su calendario de torneos, este pasó a ser desde el año pasado, el tercer Major de la temporada luego de la disputa del Masters de Augusta y el PGA Championship. La serie del Grand Slam la cerrará el British Open con sede en el Portrush Golf Club de Irlanda a mediados de julio.
Para la edición de este año, la USGA recibió la cantidad récord de 9.125 golfistas que jugaron las clasificaciones previas, las cuales se desarrollaron en 109 canchas pertenecientes a 29 estados. En ese marco, vale destacar la actuación del profesional uruguayo Juan Álvarez, quien sorteó dos clasificatorios llegando a disputar la instancia final donde lamentablemente por tres golpes quedó fuera de entrar en la historia del golf uruguayo al ser el único golfista compatriota en formar parte del Abierto de los Estados Unidos. Tras los primeros 18, el inglés Justin Rose, ganador del US Open en el 2013, quedaba en lo más alto de las posiciones con una tarjeta de 65 golpes que incluyeron la impactante cifra de solamente 22 putts. Este guarismo mostraba claramente que las condiciones en que fuera presentada la cancha para el certamen, incluyendo las posiciones de banderas, eran más benévolas que las habituales.
El viento, factor fundamental en la cancha de Pebble Beach, seguía sin aparecer en la segunda jornada, lo cual se reflejaba en los bajos scores que iban llegando. En ese panorama, el corte clasificatorio fue de 144 golpes, quedando 76 golfistas en competencia. Al final del día, Woodland, con un acumulado de 133 golpes, nueve bajo el par de la cancha, pasaba a liderar la competencia. Con claras muestras de problemas físicos, Tiger Woods pasaba el corte pero quedaba muy lejos, sin posibilidad alguna de lograr el Major dieciséis de su carrera.
La tercera vuelta es generalmente la de los grandes movimientos en las posiciones, ya que la estrategia de juego pasa a ser totalmente diferente para quienes juegan las cuatro rondas. Sin embargo, esto no ocurrió en Pebble Beach y ninguno de los golfistas jugando en los grupos de adelante logró poner presión a los líderes. Con una tarjeta de 69 golpes, dos bajo el par de la cancha, Woodland aseguró la punta a falta de una ronda, quedando a 18 hoyos de lograr su primer Major.
La consagración
Con la gran carga de haber llegado en siete oportunidades como líder tras los 54 hoyos y nunca haber ganado, Woodland encaró el tramo final del US Open. Jugando en el penúltimo twosome, Koepka hacía tres birdies en los primeros cuatro hoyos y el defensor del título enviaba una clara señal al grupo final. El clima seguía siendo benévolo en Pebble, por lo cual podían darse scores muy bajos. Woodland hacía 34 golpes en los primeros nueve hoyos contra 35 de Rose y se mantenía en la punta.
A partir del hoyo 12 comenzó la peor parte de la ronda para el líder, quien hizo dos bogeys consecutivos y la diferencia se acortó a un solo golpe con respecto a Koepka. Un birdie espectacular en el hoyo 14 le dio la calma para afrontar los capítulos finales, para terminar de la mejor manera con un birdie en el hoyo 18 embocando un putt desde 10 metros y quedarse con el título.
“Mis antecedentes en cuanto a cierre de campeonatos no me ayudaban para nada, sin embargo, estaba muy confiado”, aseguró Woodland en la conferencia de prensa. “No cambié en nada mi estrategia de juego a pesar del liderazgo, confieso que ganar en Pebble Beach es algo muy especial”. “Trabajé mucho en el juego corto, la gran falencia de mi golf, y hoy siento que soy otro jugador, creo que alcancé otro nivel por lo cual puedo a aspirar a grandes cosas”, agregó el campeón.