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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáComo lector habitual y ciudadano común, ignorante de detalles y vericuetos legales y constitucionales, desde hace meses mantengo una honda preocupación por AFE y PLUNA.
Afortunadamente el tema PLUNA se encamina a una solución (¿?), al margen del horror de la cifra que alcance el saldo final que no conoceremos, pero ya no importa, porque teniendo en cuenta lo difícil del negocio aeronáutico, la finitud de sus márgenes, la complejidad de su manejo y su más que responsable mantenimiento en detalles mínimos, su casi seguro final en manos de una indigente cooperativa iba a ser una tragedia económica y posiblemente otra de otro tipo en la que no quería ni pensar.
De todas maneras le pregunto: ¿Ud. hubiera viajado tranquilo con sus hijos o nietos en ALAS U? Porque yo le aseguro que no. Por suerte se asumió la pérdida y ahora se verá cómo se sale. No es difícil. Como de un negocio cualquiera que se funde. Y ya hemos fundido muchos.
Pero no hay paz que dure; ahora estamos con AFE y ya empezó la madeja. Veo azorado los gastos que se encaran para que todo siga peor y esto me quita el sueño dada la fundamental importancia de AFE para el país.
Pregunto entonces: ¿no es posible cerrarla, quebrarla, liquidarla, esfumarla, despedir e indemnizar legalmente a su abnegado directorio y personal o pagarles el sueldo y sus consiguientes aumentos hasta que se jubilen o fallezcan, con la condición de que no pasen a menos de 300 metros de la puerta de las estaciones de por vida, y parar todo?
Todo, pero todo. Olvidarnos de que AFE existió. No está. Terminó. Nunca estuvo.
Desaparecido entonces eso y su excelente sindicato, empecemos otra cosa:
1. Eliminemos de nuestro vocabulario, por ley si es posible, la palabra “soberanía” aplicada a empresas, junto también, si es posible, con la palabra “compañero”.
2. Llamemos a licitación internacional para realizar, llave en mano (como UPM), la red ferroviaria total que necesita el país, poniendo el Estado de regalo lo que quede de la basura actual.
3. Nada de 40 km por hora, ¡por Dios! ¡Un ferrocarril de este siglo! 140 kilómetros por hora como mínimo.
4. El concesionario se ocupará de todo, incluyendo estaciones, barreras, señalización en las carreteras que cruzarán las vías, el eventual problema de diferencia de medidas de algunas trochas, etc., y por obligación y responsabilidad deberá hacerlo con su propio personal.
5. Las nuevas vías podrán ser usadas también por cualquier empresa que tuviera el equipo y personal idóneo necesario (además del que se le exigiría al concesionario), pagando un peaje por su uso. Es decir: usted tiene una empresa que compra locomotoras y vagones y puede usar las vías de acuerdo al tráfico estipulado, pagando un canon por su uso y cobrando por la carga que consiguió. ¿Qué maravilla, no? Es otro país.
6. Funcionará los 365 días del año, noche y día (sin detenciones de ningún tipo, tal como la radio, la TV, los sanatorios, la luz, el agua, los combustibles, el gas, etc. Nada de Año Nuevo, Navidad, día del ferroviario, del boletero, del transportista, de las vías, 1º de mayo, del SUNCA, de la UMNTRA, feriados nacionales, campeonatos de fútbol, etc.
7. Será considerada servicio esencial y manejada por profesionales sin paros ni huelgas ni estupideces sindicales que aprovechan sus conflictos pagos para disfrutar en sus casas de todos los servicios nombrados, que suministran los nabos que trabajan como yo lo hice durante más de 50 años. Igual que los colegios ingleses, el Hospital Británico, etc.
¿Qué buscamos? Que quienquiera que demuestre capacidad y capital suficiente, haga su negocio, gane plata, mucha plata, y nos haga una red ferroviaria excelente, para llevar nuestros productos velozmente a los puertos o donde sea necesario y explote de la mejor manera las más importantes líneas de pasajeros, aceptando que puede haber recorridos que no lo justifican y pueden ser cubiertos por nuestra magnífica flota privada de ómnibus y camiones.
Que nadie pierda plata y, si hubiera que subvencionar algo, hagámoslo, porque ganaremos mucho dinero por las ventajas que nos dará un ferrocarril en serio.
Es un sueño, lo sé. Imposible en un país que cuando tiene la desgracia de que por un asalto o accidente muere un obrero (trabajador no, otro eufemismo como tantos, porque eso somos todos), se detiene el trabajo sin pensar que honrarían mejor a los deudos mediante la donación total de ese jornal, trabajado en honor al fallecido.
Los vehículos llevarían una banderita como las que ponen cuando juega Uruguay, pero negra (son muy baratas) mostrando el luto a toda la ciudad. Hasta podríamos poner pequeñas banderas negras en las casas.
Por eso, un ferrocarril decente y útil en Uruguay no es más que un sueño que, guste o no, vamos a tener pero que ya a mi edad no veré.
Agradezco su atención y le saludo atentamente aunque muy preocupado.
Hugo Brugnini
CI 978.579-0