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El ministro Daniel Olesker y el senador Ope Pasquet, el primero en Búsqueda del 28 de junio y el segundo en su columna de Montevideo.com, reflotaron la polémica acerca de la naturaleza del gobierno de Jorge Pacheco Areco: democrático, autoritario, predictadura o dictadura, según las diferentes interpretaciones y las posiciones ideológicas de quienes opinen.
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Al estar acreditado como periodista ante el Poder Ejecutivo, fui testigo de un hecho que ya nadie recuerda, pero que a mi juicio echa mucha luz en ese debate. En el mediodía del 13 de junio de 1968, el ministro de Trabajo, Manuel (Maneco) Flores Mora, se despidió casi llorando de los cronistas de Casa de Gobierno, a los que nos advirtió que se aproximaban tiempos muy difíciles para la democracia uruguaya.
Flores Mora acababa de renunciar porque Pacheco Areco había rechazado la tregua que ese día acordaron el Ministerio de Trabajo y la Convención Nacional de Trabajadores, y en cambio había decretado medidas prontas de seguridad. Eran semanas de una intensa agitación sindical y la habilidad de Maneco y la predisposición al diálogo de los sindicatos abrieron un esperanzador período de negociaciones. Los tupamaros, en ese tiempo, prácticamente no actuaban. Habían sido duramente golpeados tras el enfrentamiento que costó la vida al comisario Antonio Silveira Regalado en diciembre de 1966, vivían un proceso de reorganización y no fueron actores políticos importantes hasta semanas después, cuando el 7 de agosto secuestraron a Ulysses Pereira Reverbel, íntimo amigo del primer mandatario y presidente de UTE.
Pacheco dijo no al diálogo, prefirió la mano dura y comenzó un período de detenciones de dirigentes sindicales, clausuras de medios de comunicación, “pinzas” callejeras, represión de toda manifestación opositora y muertes de estudiantes. En esos días también empezó la larga cadena de exilios, al ser detenidos, mientras cubrían una manifestación en la Ciudad Vieja, los periodistas de “Marcha” Carlos María Gutiérrez y Daniel Waksman. A ambos se les dio la opción de irse del país o de continuar presos, y eligieron irse. Waksman, un brillante profesional y una maravillosa persona, no pudo volver al país antes del fin de la dictadura y murió en el exilio.
El Parlamento renunció a sus facultades de control porque una mayoría formada por algunos colorados y algunos blancos logró que nunca hubiese quórum en la Asamblea General. De todas formas, legisladores colorados no pachequistas como Amílcar Vasconcellos, Zelmar Michelini y Alba Roballo, los blancos Wilson Ferreira Aldunate y Héctor Gutiérrez Ruiz, el socialista Vivián Trías y el democristiano Juan Pablo Terra, entre otros, presentaban en las Cámaras numerosas denuncias de torturas que se estaban aplicando en comisarías y cuarteles.
Pacheco Areco comenzó su mandato al morir el presidente Oscar Gestido, el 6 de diciembre de 1967. Ese día tardó en presentarse en la Casa de Gobierno, porque aparentemente estaba desorientado y sin saber qué hacer. Fue a la sede del Ejecutivo cuando le dijeron que un coronel se aprestaba a tomar el edificio si él no asumía efectivamente el mando. Lo recuerdo junto al féretro de Gestido casi temblando, como con dificultades para mantener el equilibrio y sujetado de un brazo por las dos manos de María Angélica Klein, entonces su esposa.
Durante las primeras semanas soportó las picardías políticas del nuevo vicepresidente, Alberto Abdala, que no cesaba de hacerle zancadillas para desprestigiarlo. Entre las trampas de Abdala en las que cayó Pacheco se encuentra el decreto, redactado por aquél y firmado por éste, pocos días después de su asunción, poniendo fuera de la ley a varios partidos de izquierda y clausurando sus medios de comunicación.
Pero en abril de 1968 se produce el famoso episodio de la “infidencia”, que llevó a una fuerte devaluación del peso, y entonces se registra un cambio radical en la personalidad del presidente. Fue como si dijese “hasta aquí llegamos y desde ahora mando yo”. Redujo al máximo sus contactos con los políticos y comenzó a visitar cuarteles y a tejer alianzas con los militares, hasta llegar al 13 de junio, cuando desautorizó a Flores Mora y empezó a gobernar con el régimen de medidas prontas de seguridad.
Al agregar este episodio a otros datos de la historia, cada uno sacará sus conclusiones sobre la naturaleza del gobierno de Pacheco Areco. Para mí, el presidente escribió el prólogo y buena parte del primer capítulo de la dictadura. Como a Hugo Chávez en Venezuela, el sistema democrático lo llevó al poder, pero lo ejerció al margen de la democracia, con autoritarismo y arbitrariedad.