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Primero fue perplejidad. Los economistas suelen hablar de un “cisne negro” cuando surge un acontecimiento inesperado y de gran impacto económico y político, pero la pandemia generada por el Covid-19 y sus efectos fueron superiores a cualquier otro episodio reciente. Y entonces, en lugar de hablar de un “cisne negro”, se enfrentaron a un “terodáctilo”.
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“Punto uno, esto fue un shock de oferta porque las primeras medidas fueron de lockdown. Y, por lo tanto, una decisión de cierre de la economía, con la sincronización que tuvo, es un evento inobservado en el planeta desde que tenemos datos. Punto dos, para describir un episodio pandémico de esta envergadura, no hay datos estadísticos que lo recojan, porque de los eventos pandémicos que pueden ser comparables el más cercano es la gripe española, y estamos hablando de 1918, con una afectación global más acotada y con un número reducido de países con sistemas estadísticos confiables”, dijo a Búsqueda el economista y doctor en Historia Económica, Gabriel Oddone. “Entonces, no tenemos datos para describir y comparar una situación como la actual. Todo eso llevó a que, en el inicio, estábamos todos muy perplejos, porque lo más parecido a lo que estábamos viviendo era guerra”.
A comienzos del 2020, cuando el Covid-19 ya estaba presente en todos los continentes, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, dijo que estaban “navegando en aguas desconocidas”. Eso sintieron también los economistas, evaluó Oddone, socio de CPA Ferrere.
Cuando el distanciamiento social se fue relajando y China mostró un rumbo posible de salida, todo volvió un poco más a la normalidad. “El problema de oferta persistía para algunos sectores como el esparcimiento, actividades fuera del hogar, pero sobre todo se convirtió en un problema de demanda debido a la contracción del consumo por la caída de los ingresos de las personas y la retracción de la inversión por la incertidumbre. En la medida que a la crisis se le fue agregando un shock de demanda, los economistas empezamos a hablar de algo que entendemos más”, explicó.
Una salida lenta
Una vez que la perplejidad quedó atrás y el terreno se volvió un poco más conocido, tomaron más fuerza las discusiones sobre los caminos posibles para revertir la crisis.
Y en ese aspecto, Oddone no está alineado por completo con el gobierno.
“Creo que hay aciertos del gobierno y un conjunto de atenuantes que explican que tenga este nivel de aprobación en circunstancias económicas duras como a las que asistimos”, dijo. Pero advirtió: “Esto no es para siempre. El gobierno tendría que pensar que su visión del 2021 que tenía en el 2020 era más optimista de lo que efectivamente está siendo; y creo que su visión del cierre 2021 y comienzo de 2022 sigue teniendo un sesgo optimista”.
“Cuando haya vacunado al 60% o 70% de la población y, cuando probablemente el tema sanitario afloje y quede solamente expuesto el tema económico, donde van a seguir habiendo restricciones de actividades producto de las circunstancias regionales y de otros factores, ese es el momento donde la cuenta regresiva va a empezar a contar de manera más clara”, explicó Oddone. “Me imagino al finalizar 2021 con tasas de desempleo en el 11% de la población económicamente activa, un salario real cayendo 4%, con un PIB creciendo 2 o 2,5, habiendo caído 5,7 el año pasado, todo eso puede configurar un fin de año menos amistoso”.
Consultado acerca de si considera que el Poder Ejecutivo hizo suficiente para contener el “shock” y trazar una salida eficaz, el economista opinó que el gobierno está cumpliendo con “un diagnóstico y con un mandato derivado de lo que prometió” en la campaña electoral: “Despejar la incertidumbre fiscal; recomponer la competitividad de la economía y desinflacionar, tres factores clave para mejorar el clima de negocios y recuperar la rentabilidad privada”.
Oddone se adelantó a la consulta de Búsqueda y dijo: “La pregunta que hay que hacerse es: ante el shock recibido, ¿ese menú era el que debía seguir siendo implementado a como diera lugar? Y bueno, el gobierno lo viene haciendo. En el fondo, en la sustancia, no ha cambiado nada”.
Para el economista el gobierno debió ser “un poco más ambicioso, haber arriesgado más, en particular en materia de inversión pública”. El empleo es “el principal problema” a atender, “porque es la mejor forma de generar actividad y porque es la mejor forma de generar cohesión y justicia social, porque no hay nada más digno que una política de empleo”, dijo Oddone. “Ahí creo que un programa de inversión en infraestructura, con intervención pública, ya sea con afectación directa del presupuesto o con la promoción de mecanismos de financiamiento con el sector público jugando un papel clave, habría sido necesario”.
La falta de una política más ambiciosa en esa área se va a “pagar”, de acuerdo con su opinión, con “una salida más lenta, un desempleo más persistente, una afectación de la pobreza mayor a lo que hubiéramos tenido y niveles de desigualdad mayores a los que hubiéramos tenido”.
“Insisto, acá estoy especulando, pero creo que este camino alternativo es más aconsejable para el momento actual. Creo que bajo circunstancias como estas el sector público en un país como Uruguay tiene un rol clave de compensar, de liderar y de orientar la inversión y marcar el camino de la salida”, concluyó.