A eso se suma el ingreso de grupos económicos internacionales en la industria frigorífica que generan condiciones más restrictivas para el productor en la comercialización. “Es la combinación perfecta para que la tecnología traiga más modernidad y, al mismo tiempo, más necesidad de economía de escala”, señaló.
Y fue claro en cuanto al margen de acción de la política pública: “Es un proceso imposible de impedir por ninguna política económica. En todo caso, lo que la política económica tiene que hacer es una gestión activa, para que la transición sea lo más moderada posible”, sostuvo.
Tipo de cambio no es respuesta
Uno de los ejes más desarrollados por Oddone fue el del tipo de cambio, que históricamente fue la variable de ajuste preferida cuando la competitividad se deterioraba. Y sostuvo que esa herramienta hoy tiene un alcance “muy limitado”.
Los cambios de los últimos 10 años —desinflación, dolarización parcial de contratos, integración financiera— hacen que una devaluación sea menos eficaz como compensador y más costosa en términos de estabilidad. “Estaríamos tirando por la borda un conjunto de esfuerzos que el país y los productores agropecuarios han hecho en el contexto de desinflación”, indicó.
En ese marco explicó la intervención que realizó el equipo económico entre fines de 2024 y comienzos de 2025, cuando el peso uruguayo comenzó a apreciarse de manera idiosincrática y se desvinculó de la tendencia global.
“El peso uruguayo no se estaba apreciando de una manera relacionada con lo que pasaba en el mundo. Era algo específicamente uruguayo, y ese fue el momento en que el equipo económico decidió actuar”, describió.
La respuesta tuvo dos instrumentos: una baja extraordinaria de la tasa de interés de referencia de política monetaria, y el anuncio de un programa de compra de dólares en el mercado por parte del sector público.
El objetivo, aclaró, no fue prioritariamente defender al exportador, sino evitar que la inflación se alejara por debajo de la meta. “Hay contratos salariales que habían fijado una inflación más alta de la que se estaba registrando, y eso generaba costos de rentabilidad para las empresas”, explicó.
El resultado fue que el tipo de cambio se movió hasta $ 40, algo que fue posible porque Uruguay estaba en una posición diferente al resto de la región en ese momento.
Oddone planteó, además, que la consolidación de una economía de baja inflación obliga a revisar la lógica de los contratos. Históricamente, productores, constructores y empresarios se cubrían contra el riesgo de devaluación indexando precios al dólar. Hoy, dijo, el riesgo es el inverso: la apreciación persistente de la moneda.
Puso el ejemplo del sector de la construcción: un empresario que vende en dólares, pero construye en pesos, enfrenta pérdidas de rentabilidad cada vez que el peso se fortalece.
“El riesgo que enfrentan productores como ustedes es mucho más hacia la apreciación cambiaria que hacia la depreciación de la moneda. Y eso es un riesgo que tiene todo Uruguay”, afirmó ante el público del 109° Congreso ruralista.
Fortalezas en la tormenta
El ministro de Economía dedicó una parte relevante de su exposición a repasar las fortalezas macroeconómicas que Uruguay construyó en los últimos 20 años, y que hoy permiten absorber repercusiones externas sin que se conviertan en crisis domésticas.
Puso como ejemplo la triplicación del precio del petróleo: un evento que 25 años atrás habría sido catastrófico para la economía uruguaya hoy se puede administrar con un traslado moderado a los precios internos.
El primer activo mencionado fue la matriz energética: el año pasado el 98% de la energía eléctrica se produjo con fuentes renovables, lo que desacopla parcialmente a la economía del precio del combustible fósil.
El segundo, el nivel de reservas internacionales, equivalente al 22% del Producto Interno Bruto (PIB), con un balance del Banco Central que el ministro calificó como “sólido”.
El tercero, el equilibrio de la cuenta corriente: exportaciones e importaciones de bienes y servicios que están balanceadas, lo que evita que el shock de términos de intercambio se amplifique.
El cuarto, la baja inflación: Uruguay registra el nivel más bajo en 70 años, en torno al 3%. “Cuando uno tiene baja inflación y seriedad monetaria, puede actuar de una manera distinta”, afirmó.
Crisis financieras del pasado
Para dimensionar el valor de esas fortalezas, Oddone recurrió a la memoria de las crisis financieras que Uruguay sufrió con una frecuencia que calificó como alarmante: 1965, 1982 y 2002, una cada 20 años, aproximadamente.
En cada una de ellas los mecanismos de destrucción fueron similares: confiscación de depósitos, cierre del sistema bancario, devaluaciones del 100% de la moneda que pulverizaban a quienes tenían deudas en dólares, pero percibían ingresos en pesos.
“Hay gente joven que no conoce lo que es un escenario de confiscación de depósitos, de cierre del sistema bancario, o una devaluación del 100% de la moneda con los cambios de precios relativos que eso suponía para una persona endeudada en una moneda que no era la que percibía como ingresos”, señaló.
Esa frecuencia, dijo, hoy está bajo control, y es el resultado de políticas de Estado sostenidas por distintas administraciones.
Deuda: 20 años de trabajo. Otro pilar destacado por Oddone fue la gestión de la deuda pública. Uruguay tiene el menor costo de endeudamiento de América Latina: una prima de riesgo de 66 puntos básicos por encima de la tasa de Estados Unidos y por debajo de Chile y Colombia.
Ese resultado es fruto de dos décadas de trabajo de la Oficina de Deuda con criterios técnicos y continuidad entre administraciones. Al frente de esa oficina estuvieron, en distintos períodos, Carlos Steneri, Azucena Arbeleche y Herman Kamil.
“Son 20 años de trabajo de una Oficina de Deuda con profesionales a los que nadie les pregunta qué votan o a quién eligen, porque están allí por su calidad técnica”, enfatizó Oddone.
Los números son elocuentes: la mitad de la deuda uruguaya está denominada en pesos —en los años 90 era 100% en moneda extranjera—, el plazo de madurez promedio es de 11 años y casi toda está contratada a tasas fijas.
Esa posición fue la que permitió al gobierno, cuando el precio del petróleo se disparó, trasladar el incremento en forma gradual, en lugar de aplicarlo de golpe, como hicieron muchos países de la región, destacó el ministro.
“Tuvimos la matriz energética diversificada, teníamos reservas y teníamos el menor costo de financiamiento, a pesar de una situación fiscal que hay que vigilar. Con esa combinación decidimos no trasladarle al precio del combustible todo el aumento de una vez”, indicó.
Uruguay aumentó el precio del gasoil menos que Perú, Chile y Argentina, aunque el ministro reconoció que tiene “los precios de los combustibles más caros de la región”, y que “va a ser muy difícil, por distintas razones que no vienen en el caso”, que ese elimine eso. Agregó que hay razones que son de fundamento técnico, y otras de economía política”
Catro prioridades del período
Con este contexto, Oddone presentó los cuatro frentes en los que el gobierno concentrará su acción para mejorar la competitividad. El primero es la facilitación regulatoria. En las próximas semanas el Poder Ejecutivo remitirá al Parlamento un proyecto de ley de competitividad, innovación y reducción del costo de vida, articulado en cuatro capítulos: comercio exterior, facilitación de trámites, defensa de la competencia e innovación.
Para elaborarlo, el gobierno convocó a cámaras empresariales, industriales y de comercio, organizaciones profesionales y también al PIT-CNT, y les pidió que identificaran las principales trabas en el vínculo con el Estado.
Entre las medidas previstas figuran el “silencio positivo” —si la administración no responde en plazo, la autorización se vuelve automática—, y la extensión de declaraciones juradas como sustituto de trámites previos, con controles y sanciones ex post.
“El enfoque es facilitar la relación del ciudadano con la administración, dándole al sector privado la posibilidad de avanzar más rápido”, señaló el titular del MEF.
El segundo es la logística. Oddone reconoció que movilizar mercadería desde el interior hasta los puertos de exportación es costoso e ineficiente. Anunció que habrá novedades, durante el segundo semestre del año, vinculadas con inversiones en infraestructura portuaria y vial, y mejoras en la transparencia de precios del puerto.
El tercero es la energía. El ministro admitió que una reducción generalizada del costo energético es compleja por razones de “economía política”, pero confirmó que el gobierno avanza caso a caso: con centros de datos, compresión limpia y, en particular, proyectos de riego. “Ahí es donde tenemos que mostrar precios de energía accesibles, para que las inversiones tengan lugar”, afirmó.
El cuarto es el riego. Es la prioridad que el presidente de la República, Yamandú Orsi, colocó explícitamente en la agenda, y tiene dos dimensiones: facilitar el acceso individual, mediante energía más barata y mejor financiamiento, y promover el esquema multipredial.
Este último, ya probado con éxito en el sector arrocero, será impulsado a partir de las recomendaciones que elabore la comisión presidida por el exministro Tabaré Aguerre. “La idea es obtener recomendaciones concretas en materia tributaria y de financiamiento para el riego multipredial”, indicó.
Disciplina fiscal como base
Oddone fue enfático en que todo lo anterior descansa sobre un piso innegociable: la estabilidad macroeconómica y la disciplina fiscal. El gobierno está comprometido con los objetivos fiscales, tanto en la Ley de Presupuesto aprobada el año pasado como en la Rendición de Cuentas en curso.
Para ilustrar el costo de perder esa disciplina, recurrió a un ejemplo cercano: “Basta cerrar los ojos, mirar lugares de la región donde la estabilidad macroeconómica no se ha preservado para entender de qué se trata. Me refiero a las retenciones, por ejemplo. En Uruguay no hablamos de eso desde hace más de tres décadas”, valoró.
Uruguay en el mundo. El ministro cerró su participación en el Congreso de la Federación Rural con una reflexión sobre la imagen de Uruguay en los foros internacionales. Al día siguiente viajó para participar en una reunión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y señaló que, cada vez que concurre al Fondo Monetario Internacional o al Banco Interamericano de Desarrollo, el principal activo que Uruguay lleva no es un número, sino una reputación: la de un país que construye consensos y “gestiona los disensos” de manera civilizada. “Esa imagen, en América Latina, no se ve”, afirmó.
Y concluyó que preservar esa capacidad es responsabilidad tanto de los partidos políticos como de las organizaciones gremiales. “Son parte de la institucionalidad uruguaya”, dijo.