N° 2022 - 30 de Mayo al 05 de Junio de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo fue el mejor pianista del tango hasta hoy, pero figura entre los preferidos.
No fue el más prolífico ni el más recordado de los compositores, aunque está en la lista de quienes cambiaron rumbos melódicos y rítmicos de la música popular ciudadana.
No se le recuerdan altisonancias, enfrentamientos, rencores; supo asumir, eso sí, desafíos complejos y audacias no siempre valoradas. Y compuso temas inolvidables —caso de Viejo ciego, Sobre el pucho, Silbando, Tinta roja, De barro y El pescante— con encumbrados colaboradores.
Pero Sebastián Piana —nacido en Buenos Aires el 26 de noviembre de 1903 y fallecido en la misma ciudad el 17 de julio de 1994— por encima de todos sus aportes fue el recreador de la milonga, aquella lejana, cuasi legendaria, campera, propia de payadores, que se confundió con otros ritmos para dar sitio al tango.
Él es el responsable de que exista y se haya desarrollado a lo grande la milonga ciudadana.
—La habanera fue casi la madre del tango. Claro, una habanera de cuño español a la que los negros agregaron percusión y más tarde se asoció con la milonga cantada por esos gauchos que improvisaban, que eran unos poetas naturales y hacían payadas con ese ritmo de fondo. Esas milongas, incluso, las cantaron Gardel y Razzano. Pero todavía no era la música que después yo inicié…
Piana, hijo de un peluquero que tocaba la guitarra y acompañaba cantores, estudió violín desde los ocho años.
—El profesor era buen docente, pero me explicaba demasiado rápido. Le dijo a mi viejo: “Mirá, que estudie otra cosa porque para la música no sirve”. Como no me gustaba el violín, me permitieron tomar clases de piano con Antonio D’Agostino. En seis meses fui otro.
Tanto cambió que, a inicios de la adolescencia, ya tocaba en cuanto local nocturno se lo permitieran, hacía música en los cines que exhibían películas mudas y a los 17 años compuso sus primeros tres tangos: La tapera, Sabor popular y El hombre orquesta, nunca grabados. Dos años después, don José González Castillo, amigo de su padre, dramaturgo eminente y progenitor de Cátulo Castillo, lo invitó a musicalizar una letra suya; el resultado fue uno de los tangos que perduran en la memoria colectiva y no solo porque lo grabó Gardel: Sobre el pucho. Con don José creó otros dos tangos antológicos: Silbando y Viejo ciego, donde su amigo Cátulo colaboró con una parte de la música, y logró que los estrenara Azucena Maizani.
Conoció a Gardel.
—Un día, González Castillo me dijo: “Vaya el domingo a la mañana adonde ensaya Gardel en la avenida Corrientes y le muestra esto”. Y me dio la partitura de un tango que había escrito con su hijo, El circo se va. Me atendió Isabel del Valle, que vivía entonces con Carlos y me llevó al estudio. Pero Gardel estaba afónico y solo dijo: “Pongan toda la atención al maestro Piana, para que les quede la melodía en el oído”. A decir verdad, nunca lo grabó.
Conoció a Borges.
—Hice dos trabajos con él, Milonga del muerto, que la grabó Eduardo Falú, y Milonga del infiel. Era un tipo muy sensible, yo diría cariñoso.
Y fue el primer músico en integrar la Academia Nacional del Lunfardo por iniciativa de su presidente José Gobello.
¿La milonga ciudadana? Claro, lo principal de su vida artística.
—Todo empezó porque Homero Manzi, que era mi amigo, recibió un pedido: Rosita Quiroga quería cantar una milonga nueva. Homero me confesó que “no sabía nada de milongas”, pero yo tenía compuesta una, ya con innovaciones, que nunca tuvo nombre y a la que González Castillo prometió ponerle letra, pero se le olvidó… En dos días me brotó la melodía de Milonga sentimental: mantuve la sencillez del ritmo, pero con una forma parecida al tango canción, aunque sin que perdiera esencia de milonga. Al otro día, Manzi tenía la letra. ¡Pero Rosita no la entendió, ella quería de las viejas y no la grabó!
Un encuentro casual precipitó el estreno de Milonga sentimental —que fue en Uruguay— y su éxito inmediato. Piana pudo presentársela a Mercedes Simone, que iba a Montevideo a cantar en el Solís y le prometió que, al regreso, la grabaría; sin embargo, al estar aquí y prestarle más atención, decidió cantarla fuera de programa.
—A partir de ahí puedo decir que me hice conocido, popular.
Y fue un torrente: Milonga del 900, Pena Mulata, Juan Manuel, Milonga de Puente Alsina, Canción por la niña muerta y Milonga triste, entre tantas otras. Pero… ¿cuándo disfruté más? Como maestro de música en las escuelas…