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    jueves 20 de junio de 2024

    El informe presentado al Frente Amplio sobre el plebiscito de la reforma previsional

    Sr. Director:

    En su último número Búsqueda da cuenta de un presunto informe jurídico sobre el plebiscito de la seguridad social —ya a esta altura inevitable— que le fuera presentado al FA (Frente Amplio), seguramente a su pedido, por el Dr. en Derecho Luis Fleitas de León, docente de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República.

    Es indudable que los conocimientos de dicho Dr. en la materia son infinitamente superiores a los míos. Pero en cuanto a ciudadanos estamos a la misma altura por aquello de que naides es más que naides. Y además tuve la suerte de formarme en seguridad social al lado del principal especialista, el Dr. Hugo A. de los Campos, con el apoyo en temas constitucionales del eximio catedrático en Derecho Constitucional Dr. Horacio Cassinelli Muñoz. Con ellos aprendí dos juicios contundentes: 1) si es cierto que en derecho existen “dos bibliotecas”, una de las dos es falsa, y 2) como con dolor me manifestara en su estudio atestado de libros don Horacio, hay que reconocer que “hay colegas que contrabandean sus ideas político-partidarias junto con sus informes que dicen ser ‘objetivamente’ jurídicos”.

    Creo, con humildad y respeto, que el informe del Dr. Fleitas cae en este último error, imagino que inocentemente, aunque esté convencido de este. Y me parece que por ello cae en otros errores derivados del original. Primero, no parece razonable ni sensato ni tal vez tampoco decoroso realizar dicho informe sin que todavía tengamos conocimiento del texto exacto de la papeleta que habrá de ser sometida a la ciudadanía para su firma. Es, por decir lo menos, extemporáneo. Y, por decir lo más, puede llegar a ser un mamarracho que inhabilite a seguir leyendo el resto del informe: si en el arranque se comete un error tan grande, por lo menos hay que estar dispuesto a temblar, y temblar mucho, si se continúa con su lectura.

    Segundo, sostiene —en sus lucubraciones o elucubraciones, según la hora en las que las haya hecho— que una reforma que plantee de forma expresa la “derogación” de la reforma jubilatoria iría contra el sistema “semirrepresentativo”, llegando al extremo de decir que “la reforma constitucional pasaría a ser admitida como un mecanismo ex profeso para la derogación expresa de las leyes, cuestión que resulta inaudita”. Ante esto surge necesario comentar que el Dr. Fleitas da por hecho que nuestro sistema es en verdad “semirrepresentativo”.

    Si nos atenemos a las últimas reformas realizadas en jubilaciones y pensiones en 1995 y ahora hace un par de meses, la representatividad ha brillado por su ausencia. Si uno recuerda los discursos preelectorales de las elecciones de 1994, en el Parlamento que surgió de las estas solo el 38% de los legisladores y las legisladoras estaban a favor del régimen mixto con capitalización individual, y el 62 % restante estaba a favor de efectuar una reforma dentro del régimen de solidaridad intergeneracional. Sin embargo, el Partido Nacional de la época terminó votando a favor del régimen mixto violentando el compromiso asumido ante la ciudadanía. Y si recordamos más recientemente las elecciones de 2019, ni el Dr. Lacalle Pou ni el ingeniero Daniel Martínez (por las suyas o en los dos debates realizados) hablaron una sola palabra de aumentar la edad de retiro, deteriorar las jubilaciones por incapacidad física o fortalecer las AFAP, entre cosas que se han “reformado” a la vista de todo el mundo sin siquiera ruborizarse. Es decir que en lo formal coexisten sí institutos de ejercicio directo de la ciudadanía junto con la democracia dizque “representativa”, pero en la práctica esta última deja mucho que desear, por lo menos para quienes seguimos creyendo en el valor de la palabra empeñada.

    Por otro lado, inaudita es, según la RAE y su Diccionario, “sorprendente por insólito (es decir, raro, extraño, desacostumbrado), escandaloso o vituperable” (¡casi nada!). Pues lamento tener que recordarle al profesor Fleitas que en el plebiscito de 1994 tiramos abajo una reforma jubilatoria contrabandeada en la Rendición de Cuentas de 1992, y por lo menos al 72% de los votantes lejos estuvo de resultarle “vituperable” sino todo lo contrario, y con ese antecedente y la iniciativa lamentablemente fallida de plebiscitar la Ley 16.713 en 1999, no puede tampoco resultar raro, extraño o desacostumbrado que sectores importantes del pueblo acudan cada tanto a este mecanismo en defensa de sus legítimos intereses.

    Tercero, argumenta que se estaría eludiendo la prohibición del uso de mecanismos de democracia directa contra determinada categoría de leyes, en particular, la reforma jubilatoria, que requiere iniciativa privativa del Poder Ejecutivo. Sin embargo, se olvida que la misma Constitución permite expresamente el plebiscito de reforma constitucional, siendo posible incluir en ella todo —realmente todo— lo que la sociedad decida. ¿De qué eludida hablamos entonces? A menos que nos deleitemos con alguna de Giorgian De Arrascaeta, no hay ninguna.

    Por último, y para mi sorpresa, señala que la derogación de una ley por “oposición superviniente con una nueva norma constitucional” (sic) opera “desde que ocurre la oposición”, hasta llegar al extremo de decir que se afectaría “la certeza y la seguridad jurídica de los ciudadanos” (cuco este muy grande si los hay). Aquí también debo recordarle al profesor que también en 1994 anulamos —no derogamos— la reforma que señalé, y fue con retroactividad a octubre de 1992, que fue cuando entró en vigencia la Rendición de Cuentas de ese año. De ese modo (que espero se repita ahora) desaparece cualquier inseguridad jurídica para nuestra ciudadanía.

    Culmina su informe “jurídico” planteando que “los inconvenientes reseñados impiden” en su opinión “asentir razonablemente su impulso”. (¡Epa! ¿Este cierre para nada jurídico es de su propia cosecha o a pedido de los que le solicitaron el informe?)1 .

    Para terminar, algo clave: es imposible y poco serio olvidar o barrer de un plumazo el principio fundamental que establece el artículo cuarto de nuestra Carta Magna, que debería ser la esencia de nuestra convivencia democrática. De acuerdo al mencionado artículo, “la soberanía en toda su plenitud existe radicalmente en la Nación”. Reitero: radicalmente. Con todos estos elementos, ¿por qué tanto miedo a que nuestro pueblo se expida en el cuarto secreto? Porque se trata sencillamente, y nada más ni nada menos, que de eso. De poner en práctica una vez más la democracia saludablemente directa.

    Pasar gato por liebre bajo un falso manto de “objetividad” jurídica no parece una sabia guía para la acción. ¿Si no, qué nos diría el inmenso sardo Antonio Gramsci?

    Adolfo Bertoni

    CI 3.289.304-5

    Expresidente de ATSS

    1) Acerca de la actitud que adopte el FA es obvio que está en todo su derecho de no acompañar el plebiscito. Y es de esperar que ninguno de los partidos o sectores que lo integran intenten incidir en la interna del movimiento sindical para llevar agua para las supuestas conveniencias electorales de la “fuerza política”, afectando la verdadera independencia del PIT-CNT. (En lo personal estoy convencido de que lo mejor para que el plebiscito se concrete es que el movimiento que lo promueva se integre por organizaciones de la sociedad civil, con independencia de cualquier partido político. Si alguno quiere apoyarlo, fenómeno, pero la conducción del proceso debe ser exclusivamente del movimiento social).

    Cartas al director
    2023-05-31T23:16:20