El inglés Justin Rose entró en la historia grande del golf mundial al ganar el domingo 16 la 113ª disputa del US Open, uno de los campeonatos más antiguos del mundo. Rose empleó 281 golpes para los 72 hoyos, aventajando por dos a sus escoltas, el norteamericano Phil Mickelson (uno de los grandes protagonistas del torneo) y el australiano Jason Day. Por su victoria, el ganador recibió un cheque por 1,4 millones de dólares de los 8,5 que repartió el torneo en premios y ascendió además varias posiciones en el ranking mundial, ocupando actualmente el tercer lugar según el último listado. Hacía 43 años que un golfista inglés no ganaba este torneo. El último que había conquistado el abierto norteamericano fue Tony Jacklin en 1970 en el Hazeltine Golf Club de Minnesota.
Queda claro luego de disputado el torneo, que el score ganador de Rose de un golpe sobre el par para las cuatro vueltas, tiene que haber dejado muy satisfechas a las autoridades de la USGA (United States Golf Association), entidad organizadora del certamen.
La otra consagración en este US Open llegó definitivamente para la cancha del Merion Golf Club de Pennsylvania, que con menos de siete mil yardas de longitud, puso de rodillas a los mejores golfistas del mundo. Los pronósticos de algunos jugadores y periodistas, quienes en los días previos dijeron que el torneo se ganaría con varios golpes bajo el par, quedaron desmentidos por los resultados de la competencia.
Durante todo el campeonato solo se registraron 23 vueltas bajo el par. Otra demostración de las difíciles condiciones en que fue presentado el campo fue que la mejor tarjeta de todo el certamen fue un 67, tres golpes bajo el par.
El trabajo de preparación de una cancha para recibir un evento de dicha magnitud lleva mucho tiempo, como se vio este año en el Club de Golf del Uruguay al recibir una fecha del PGA Tour Latinoamérica en abril pasado. Los trabajos comenzaron con varios meses de antelación al campeonato para poder cumplir con las exigentes recomendaciones.
Fairways angostos, un denso rough, superficies de greens duras y rápidas, son condiciones constantes en los principales torneos de la USGA, la cual aspira edición tras edición, a que el US Open sea “el mayor desafío para un golfista”.
Las críticas de que el Merion Golf Club no tenía espacio suficiente para la colocación de carpas, de tribunas y de un gran estacionamiento también fueron convenientemente superadas. Luego de lo observado, la USGA seguramente no tardará otras tres décadas en elegir a Merion como sede de su torneo más importante. La última vez que se disputó en ese escenario fue en 1971.
Comienzo
complicado
El mal tiempo fue el gran protagonista de la primera jornada disputada el jueves 13, ya que fuertes tormentas y lluvias llevaron a las autoridades del torneo a decretar la suspensión temporaria del juego en dos oportunidades. A partir de dichas complicaciones, que llegaron a ser de casi cuatro horas, se supo que un importante número de participantes no culminaría esa primera ronda. En una vuelta totalmente anormal, las autoridades plantearon la posibilidad de jugar con las reglas de invierno, las cuales permiten al jugador marcar la pelota, limpiarla y volverla a colocar, algo que desvirtúa en parte el juego. Finalmente, dicha medida no fue adoptada y los scores parciales mostraban al final del día al zurdo Phil Mickelson en lo más alto de las posiciones con una tarjeta de 67 impactos.
Las condiciones meteorológicas mejoraron considerablemente en la segunda ronda pero debido al atraso de la primera vuelta, los organizadores ya sabían que varios grupos tampoco terminarían esa vuelta por falta de luz. Por otra parte, a medida que la cancha se iba secando cada vez se tornaba más complicada para los jugadores. Prueba de ello y contra todos los pronósticos solamente dos golfistas, Mickelson y el belga Nicolas Colsaerts eran los únicos que quedaban entre los 156 participantes con un score bajo el par. En tanto, no fue un buen día tampoco para el golf sudamericano, ya que los dos argentinos participantes —Ángel Cabrera y Estanislao Goya— tuvieron una mala actuación con tarjetas arriba de los 80 golpes, quedando ambos fuera de la competencia.
Recién en la mañana del sábado 15 y jugando todavía en threesomes como forma de recuperar el tiempo perdido se completó la segunda ronda. A partir de ese momento se pudo realizar el corte clasificatorio, el cual quedó establecido en 148 golpes, uno de los más altos en el historial del certamen.
La tercera ronda, disputada en la tarde del sábado, se convirtió en un verdadero sube y baja, donde ninguno de los pretendientes logró consolidarse. También en esa jornada, tras una terrible tarjeta de 76 golpes quedó claro que Tiger Woods se quedaba sin chance alguna de ganar el torneo. A pesar de llegar como gran favorito, sus aspiraciones de lograr el Major número 15 deberán esperar una nueva oportunidad.
Al final del día los tableros mostraban a Mickelson como líder, con un acumulado de 209 golpes, pero además a ocho jugadores, varios de ellos buscando ganar su primer Major, separados por tan solo dos golpes.
La vuelta definitoria
Los nervios propios de toda definición se reflejaron en la ronda final disputada el domingo 16. Pero además, tratándose de un Major, quedó demostrado una vez más la enorme importancia que encierran estos torneos hoy en día en el mundo del golf. En realidad son los certámenes que definen y marcan la carrera de un golfista, ya que quienes logran triunfar entran en la historia grande de este deporte.
Así fue que a esa altura de la competición los principales aspirantes a quedarse con el título se sucedieron en cometer gruesos errores, principalmente en los primeros nueve hoyos, por lo que sus aspiraciones fueron desvaneciéndose. Todos menos el británico Justin Rose, quien finalmente con una vuelta de par de cancha se quedó a los 32 años con el primer Major de su carrera. Por el camino quedaron Charl Schwartzel, Jason Day, Hunter Mahan, Luke Donald, Steve Stricker, Jason Dufner y por supuesto Mickelson. Para este resultó una nueva frustración la ronda final del abierto estadounidense, ya que por sexta vez en su carrera finalizó en el segundo lugar.
“Esto es muy difícil de digerir, después de estar tan cerca. Esta, para mi fue la mejor chance de todas las que tuve, ya que jugué muy bien y al no haberlo logrado, duele mucho” afirmó el zurdo golfista apenas finalizó el torneo. Con gran honestidad y autocrítica resumió su actuación en el torneo: “nunca es fácil la última ronda del US Open, ya que inevitablemente hay jugadores jugando delante de ti que están determinando tu propio juego, tus decisiones. Eso es lo que no supe manejar hoy”.
A los 43 años, que cumplió el mismo domingo 16, con cinco Majors en una carrera espectacular, el US Open sigue siendo esquivo para Mickelson.
También en un fin de semana para el olvido, Tiger Woods finalizó en el puesto 32º con un acumulado de 293 golpes en lo que representó su peor score en un US Open, superando la mala actuación del 2006 en Winged Foot. Pero además fue su peor actuación en los Majors desde que se hiciera profesional en agosto de 1996. Mientras tanto, el norirlandés Rory McIlroy, segundo del escalafón mundial, cumplió otra actuación para el olvido, finalizando en el puesto 35.
En tanto, entre los aficionados, categoría a la que la USGA presta especial atención, el norteamericano Michael Kim de origen coreano, fue el más destacado al finalizar en el puesto 19º, con un score de 290 golpes para los 72 hoyos.