Según se pronuncie ma, sostenida la vocal, ascendida, bajándola y luego subiéndola, o solo bajándola, esa sílaba puede significar “mamá”, “cáñamo”, “caballo” o “rezongar”.
Según se pronuncie ma, sostenida la vocal, ascendida, bajándola y luego subiéndola, o solo bajándola, esa sílaba puede significar “mamá”, “cáñamo”, “caballo” o “rezongar”.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs un ejemplo, clásico pero significativo, de lo difícil que es el idioma chino para oídos y ojos occidentales. Son cuatro tonos por cada sonido, todos con distintos significados y escrituras. Según un ranking del Instituto del Servicio Exterior de Estados Unidos, si un idioma con una estructura similar al inglés, como el español y el resto de los latinos, requerirá 600 horas de aprendizaje para manejarse con una fluidez aceptable, se precisarán 2.200 horas para manejar al mismo nivel chino mandarín, la principal lengua hablada en China. Trasladado a semanas, harán falta 88, más de un año y medio, para aprender chino básico.
El mandarín, el idioma oficial de la República Popular China, es con 1.100 millones de hablantes nativos la lengua más difundida en el mundo. Por esta parte del orbe, su enseñanza estaba limitada a unas pocas personas interesadas en una cultura milenaria, exótica y completamente ajena. Sin embargo, el posicionamiento del gigante asiático como potencia mundial, sumado al creciente intercambio comercial que lo tiene desde 2013 como el principal mercado de los productos uruguayos, ha generado un creciente interés en sumergirse en un mundo de pictogramas, ideogramas y una fonética compleja a partir de poco más de 400 sílabas. Esta última es tan difícil que un mandarín y un cantonés —otro dialecto chino— no pueden entenderse oralmente entre sí. Para mayor dificultad, hay “consonantes” —de alguna forma hay que llamarlas— que no existen en el español.
“Sin lugar a dudas el interés en aprender chino aumentó. La idea de un eventual Tratado de Libre Comercio (TLC) con China está hace tiempo. Y cada vez que sale en las noticias aumentan las llamadas y las consultas”, dice a Búsqueda Yufei Tai, directora del Instituto Fénix, que desde hace más de 10 años dicta cursos pensados para hispanoparlantes. Si bien en julio se anunció por parte del gobierno el fin de los estudios de factibilidad, paso previo para negociar un TLC con la potencia, esta es una idea presente desde la anterior administración, la segunda presidencia de Tabaré Vázquez.
Tai, una psicóloga que también enseña el idioma y la cultura chinas en las universidades Católica y de Montevideo, señala que varios colegas suyos dedicados al mundo laboral le han mencionado que están empezando a verse en los currículum vitae, además del omnipresente inglés, el ya instalado portugués y el decreciente pero luchador francés, nacientes acreditaciones de chino. “Si bien siempre hubo estudiantes interesados en la cultura, sobre todo adultos mayores, ahora están apareciendo adolescentes y adultos jóvenes, de entre 15 y 28 años, pensando en posibilidades a futuro. He tenido estudiantes de Comercio Exterior, Negocios Internacionales y Relaciones Internacionales”, añade.
Hay más indicadores de ese creciente interés. Creado en 2017, el Instituto Confucio funciona bajo la órbita de la Universidad de la República (Udelar), con actividades desarrolladas en forma conjunta con la Universidad de Qingdao, una ciudad portuaria en el este de China. Este instituto ofrece dos tipos de cursos, abiertos a todo público en su sede en el Parque Batlle, y otro destinado a estudiantes universitarios en el Centro de Lenguas Extranjeras de la Facultad de Humanidades.
En el Centro de Lenguas cursan unos 2.000 estudiantes una oferta que incluye armenio, alemán, francés, inglés, italiano, portugués, español (para extranjeros), griego, vasco, japonés y chino. Según su directora, Laura Masello, unos 200, aproximadamente el 10%, se inscribieron para mandarín. Esto es especialmente significativo ya que son “los únicos cursos a los que se les puso cupo máximo, que siempre se completa”, y que comenzaron a dictarse ahí recién en 2019.
“Pusimos cupos desde un comienzo porque ya sabíamos que iba a haber demanda”, destaca. Esta enseñanza sobrevivió a la pandemia y hoy se abren dos grupos de nivel inicial, con un máximo de 50 asistentes a cada uno, otros dos de nivel 2 —que han llegado a superar los treinta cada uno— y ya se ha llegado a armar uno de nivel 3. Todos ellos son cursos anuales. El Zoom ha brindado facilidades y también escollos a resolver. “La mayoría de los cursos siguen dándose de forma virtual porque los docentes están allá (en Qingdao). Los docentes tienen que hablar español y no inglés, como a veces se pretende y resulta más común”, agrega Masello.
La mayoría de los estudiantes provienen de Relaciones Internacionales y de Ciencias Económicas, pero también los hay de Ingeniería y Medicina. A medida que pasan los cursos y se superponen las distintas materias, los alumnos de carreras más “alejadas” al comercio internacional, como por ejemplo Medicina, en general desertan. “Los de Relaciones Internacionales ‘resisten’ más”, indica la directora.
“Antes aprender chino era una rareza, algo propio de gente de cierto nivel cultural que quería aprender el idioma y una cultura de 5.000 años de vida”, dice Cheung-Koon Yim, un arquitecto y docente que nació en Beijing, llegó a Montevideo en abril de 1953, con 16 años, y no se fue más. Además de ser un difusor de su país en las casi siete décadas que lleva acá, es el director del Instituto Confucio. “Yo siempre digo que para aprender el idioma hay que preocuparse por la cultura, apagar la radio occidental y prender radio oriental”, se ríe.
Más allá del convenio con la Udelar, el Confucio ofrece cursos anuales de cuatro horas semanales desde 2018, presenciales y online. Hay 10 grupos divididos en cinco niveles distintos. “Ahora están viniendo estudiantes, comerciantes, empresarios, además de los interesados por la cultura”, afirma Yim. Si bien dice no tener una estadística afinada y “no se pregunta motivaciones” para aprender el idioma, estima que los 300 estudiantes actuales representan el doble que los iniciales.
Entre las instituciones con convenios suscritos con el Confucio están la Administración Nacional de Educación Pública, el Instituto Nacional de Carnes (Inac), el Instituto Artigas del Servicio Exterior, los ministerios de Ganadería y Defensa, y “varias” intendencias del interior del país. “Han venido gerentes de distintos departamentos del Inac y hoy se está vendiendo mejor la carne a China”, dice el docente. “También hay funcionarios de Presidencia que están estudiando chino. Evidentemente, el aumento de la intensidad de las relaciones motiva más a estudiar el idioma”, concluye.