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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáToda nuestra prensa se ha hecho eco de la noticia de que los ex cancilleres Didier Opertti y Sergio Abreu se reunieron con el actual titular Luis Almagro para analizar las implicancias de la nueva crisis que nuestro país vive con Argentina, por la autorización de aumentar la producción de UPM. Y de la reunión surgió que el tema es considerado como “política de Estado”. Por tanto, debe quedar fuera de la campaña electoral.
Creo que esto merece la aprobación de todos los uruguayos porque, en primer lugar, ya era hora que el gobierno escuchara voces competentes en la materia y, en segundo término, las políticas de Estado como tales deben quedar fuera del electoralismo. Ahora bien, no hacer caudal político con la crisis en sí y presentar un frente común para defender los intereses nacionales no implica callar las impericias del gobierno uruguayo en su relación con Argentina.
Es verdad que otra vez salió a relucir la prepotencia kirchnerista, ahora agravada por la cortina de humo que pretenden levantar porque a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se le están complicando, día a día, las cosas. Principalmente por la caída de reservas internacionales; la falta de divisas; el déficit energético; el excesivo peso de los subsidios; la inflación, tanto tiempo amañada por las cifras del Indec, ya no se puede esconder; el dólar “blue” y el riesgo país están en ascenso; la inseguridad crece al mismo tiempo que la justicia por mano propia; y su vicepresidente Amado Boudou, acusado de corrupción, puede ser procesado y terminar en la cárcel.
Pero no menos cierto es que el gobierno uruguayo ha sido incompetente para manejar la relación y vayamos solo al último episodio. UPM había solicitado una ampliación de producción en noviembre de 2011. El Uruguay demoró la resolución y en octubre de 2013 la dio pero “a lo Mujica”. En efecto, UPM podía producir hasta 1.111.250 toneladas, pidió hasta 1.300.000 y se le autorizaron hasta 1.200.000. Era evidente que al gobierno argentino no le iba a gustar y con un lío en puertas —lo escribí en su oportunidad— no se entiende por qué solo se permitió la mitad de las 200.000 toneladas requeridas.
De lo cual surge otra improvisación de la política exterior uruguaya. Porque Mujica, que siempre apostó a la afinidad ideológica y a la amistad con los Kirchner, pensó que autorizando a medias no tendría complicaciones. Si hubiera permitido de entrada las 1.300.000 toneladas en el 2013, el problema hubiese sido uno solo y aquella vez; así, en lugar de una, tuvimos dos crisis por el aumento de producción de la papelera y la actual está lejos de terminar.
Además, nuestro presidente cometió el error, no solo de adoptar una actitud reiteradamente genuflexa ante la Sra. de Kirchner, sino —más grave— de anunciar a los cuatro vientos que siempre iba a ceder. Y cualquier negociador sabe que no puede publicitar de antemano su estrategia, so pena de darle una enorme ventaja al contrario.
Sin embargo, el presidente Mujica se enoja por el “anti-argentinismo” de muchos de sus compatriotas, equivocándose y mal. Personalmente, fui embajador en Argentina, tengo en ese país muchos amigos y —como la gran mayoría de los uruguayos— quiero a los argentinos como el pueblo hermano que es. Aunque ese cariño no siempre abarca a sus gobernantes y más cuando estos no dejan de agredirnos.
No es “anti-argentinismo”, entonces, criticar el reflejo condicionado reverencial de nuestras autoridades nacionales al solidarizarse con CFK por la resolución de la Corte Suprema de los EE.UU. en los tan mentados “holdouts” o “fondos buitre”.
El primero que lo hizo fue el vicepresidente Danilo Astori quien expresó sus “discrepancias más enérgicas” con el fallo. Luego se anotó el candidato del FA a su sucesión, Raúl Sendic, que pese a sus notorias diferencias con Astori, corre raudo a apoyarlo. Y no podía fallar el presidente, siguiendo su fútil diplomacia con CFK y su proverbial locuacidad en todos los temas.
Ahora bien, ¿de qué nos estamos solidarizando? En la década de los noventa, Argentina emitió bonos de deuda sometiéndose soberana y voluntariamente a jurisdicciones extranjeras, entre ellas la de Nueva York, con el fin de abaratar las colocaciones, conseguir mejores tasas de interés, etc. Y en los contratos de todas esas emisiones figuraba la cláusula que para reestructurar esa deuda se necesitaba el 100% de aceptación. Explotó la crisis económica de 2001, se declaró el “default” (cesación de pagos) y Argentina dejó de cumplir las obligaciones de la deuda, por decenas de miles de millones dólares, en bonos soberanos.
Con Néstor Kirchner ya en el poder, en el año 2005 Argentina reestructuró la deuda mediante canje de bonos con gran quita, menor tasa y mayor plazo, pero obtuvo nada más que 75% de aceptación, con lo cual no podía haberla llevado a cabo, lo que no le impidió seguir adelante. En 2010, logró reestructurar otro 17% más, alcanzando el 93% de la totalidad de los bonos. Y a partir de ahí, los integrantes de ese 7% restante pasaron a ser “malditos”, el gobierno nunca quiso negociar con ellos y sacó de las estadísticas de deuda pública a los que no entraron al canje. Por tanto, no los consideró acreedores.
Entonces, el kirchnerismo, que se vanagloriaba de ese “gran logro”, empezó la “malvinización” del tema: el discurso épico, la gran epopeya de la deuda. Cuando en verdad, si Argentina está pasando por las actuales contingencias con los tribunales de los EEUU, es por haber ignorado a los que no aceptaron la reestructuración de la deuda. Y fundamentalmente, por haberse declarado en “default” en el año 2001: sin “default” no hay “fondos buitre”. Y así estaría el Uruguay si se hubiera seguido el diagnóstico de “default” del Dr. Tabaré Vázquez en la crisis de 2002, engendrando la acción de esos “fondos buitre”, y el Frente Amplio no hubiese heredado un país económicamente saneado, como lo recibió en el 2004.
A la postre, y después de unas bravuconadas iniciales, CFK ha manifestado su voluntad de negociar y llegar a un acuerdo con los bonistas que demandaron a su país. Con lo cual deja en evidencia que nuestro gobierno es más kirchnerista que los Kirchner.
Adolfo Castells Mendívil