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    El mercado de tierras registró una baja en los arrendamientos y desaceleración en las compraventas

    Un técnico de la oficina gubernamental que procesa estadísticas del mercado de campos sostiene que ahora se empieza a notar el efecto de la desvalorización de algunos productos agropecuarios, lo que llamó un “efecto soja”. Los empresarios ven lógico ese ajuste

    Hasta ahora la volatilidad en la cotización de los productos agropecuarios no cambiaba en nada el mercado de tierras de Uruguay, y el valor promedio de la hectárea mantuvo una tendencia al alza casi ininterrumpida durante varios años. Pero en el primer semestre de 2013 eso se interrupió y también afectó el mercado de arrendamientos, en donde se apoya buena parte de la producción agrícola en el país.

    La superficie arrendada se estancó en unas 900.000 hectáreas anuales, dijo a Campo de Búsqueda el técnico de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (Diea) Fernando Rincón, basándose en datos divulgados el lunes 11 por esa dependencia del Ministerio de Ganadería.

    Al comparar los datos oficiales de los precios de las tierras arrendadas en el primer semestre de este año con los de igual período de 2012, se verifica una reducción de 6% en superficie y de 4% en el valor promedio por hectárea al año. De casi 440.000 hectáreas arrendadas en los primeros seis meses del año pasado bajó a 414.000 hectáreas en el mismo período de 2013, conforme a las estadísticas de la Diea.

    En un esquema de producción basado en el arrendamiento de campos, la agricultura en Uruguay registró una fuerte expansión en los últimos años. Pero el incremento en las rentas se tornó un problema para los costos de los cultivadores, sobre todo porque coincidió con un debilitamiento de la cotización de la soja.

    Eso llevó a un punto de “quiebre” en el precio de los arrendamientos, principalmente agrícolas y agrícola-ganaderos, que bajaron en el primer semestre de este año al comparar con igual período de 2012, según el informe. En el caso de los campos para agricultura de secano (soja), el valor promedio por hectárea al año disminuyó de U$S 371 a U$S 350, y en el de los agrícola- ganaderos lo hicieron de U$S 188 a U$S 178.

    Rincón comentó que al aumento de costos de producción se sumó el “efecto soja”, porque la tonelada de ese grano valía más de U$S 500 el año pasado y ahora ronda los U$S 430.

    “Otro factor que no teníamos claro cómo iba a impactar es el plan de uso y manejo de suelos, que pudo incidir levemente en las zonas donde los mismos no son aptos para agricultura”, opinó.

    Basándose en lo que indican los datos correspondientes al segundo semestre de años anteriores, la Diea estimó que el área arrendada en 2012 y en 2013 estará cerca de las 900.000 hectáreas. “Los niveles de superficie en arrendamiento de campos siguen siendo altos, pero estancándose” en los últimos años, afirmó Rincón.

    Al consultarle si esa situación es aplicable al comportamiento del precio de la tierra en las transacciones de compraventas, ese técnico de Diea comentó que el aumento del valor de la hectárea en los años recientes “ya no tuvo la misma magnitud” que entre 2006 y 2007 (tasas de 25% anual). En 2012 el incremento fue de 8% frente a 2011, recordó.

    Consideró que “hay una cierta desaceleración del precio” de esas operaciones del mercado de tierras, si bien dejó en claro que todavía no tienen procesada la información de compraventas de 2013.

    Kilos, contratos y sectores

    Si el producto que se saca de la tierra baja su valor, parece lógico que también disminuya el precio del campo, especialmente cuando el pago del arrendamiento se hace en kilos de grano, como ocurre con la soja, razonó el operador agrícola Fernando Indarte.

    Coinicidió con Rincón en que la baja registrada en el precio en dólares de los arrendamientos que divulgó Diea reflejan la desvalorización de la soja, porque los valores de los contratos no disminuyeron. A modo de ejemplo, Indarte mencionó a Campo de Búsqueda que los contratos acordados en el otoño para predios de la zona agrícola se mantienen en torno a los 800 y 900 kilos por hectárea al año, y en el caso de algunos campos cercanos al puerto de Nueva Palmira aumentaron unos 50 kilos, para llegar a un precio de 1.000 kilos de soja la hectárea anual. Considerando el costo de los fletes, los predios rurales más próximos a esa terminal portuaria tienen un valor superior a los ubicados en otros puntos del país.

    Ese empresario aclaró que los registros de Diea implican nuevos contratos o renovaciones de los mismos. Advirtió: “No es que hoy en Uruguay se arriendan 400.000 hectáreas”. De hecho, las estadísticas de Diea indican que la mayoría de los contratos se realizan por dos, tres o cuatro años.

    Consideró importante tener en cuenta esos aspectos cuando se analizan los datos.

    La disminución del área arrendada para agricultura fue menor que la de otros rubros del agro que producen en campos “ajenos” bajo diferentes tipos de contratos —pero en su mayoría de arrendamiento, como la lechería y el arroz.

    En esos casos hubo una reducción en el área, pero aumentó el precio de las rentas. Al comparar los contratos de arrendamientos registrados en el primer semestre de 2013 se observa que el cultivo arrocero cayó de 14.500 hectáreas a 9.500 hectáreas, con un precio promedio que subió de U$S 131 a U$S 136. Mientras, en la lechería la superficie arrendada cayó de 7.100 hectáreas a 6.700 y el costo promedio de la hectárea anual pasó de U$S 157 a U$S 165.

    Acorde al peso que tiene la ganadería en el agro uruguayo, la mayor parte del área arrendada corresponde a la pecuaria (algo más de 200.000 hectáreas en unos 500 contratos realizados en los primeros seis meses de este año, un nivel casi similar al de igual período de 2012). El precio promedio del arrendamiento aumentó de U$S 73 a U$S 78 por hectárea al año.

    Los datos de contratos de rentas de tierras para la forestación muestran una caída del área —de 28.000 a 16.000 hectáreas— al comparar esos semestres, y el valor subió de U$S 114 a U$S 142, según la información que publicó la Diea.

    Campos soberanos

    Con el propósito de “evitar el riesgo de que se vulnere la plena soberanía del Estado uruguayo frente a Estados extranjeros” en el agro nacional, el Poder Ejecutivo remitió al Parlamento con fecha del 8 de noviembre un proyecto de ley en esta materia.

    En su exposición de motivos aclara que en Uruguay “no se ha detectado” la presencia de Estados extranjeros en actividades agropecuarias o en contratos de suministro de alimentos. La norma —agrega— busca un “efecto disuasivo” para evitar que pretendan tenerla.

    El proyecto tiene ocho artículos y, en lo sustancial, prohibe ser dueños de inmuebles rurales en Uruguay a sociedades o fondos de inversión que tengan como titulares a entidades de propiedad de Estados fornáneos. Como excepción, y cuando el proyecto productivo contribuya al “desarrollo nacional”, el Ejecutivo podrá autorizar a que ese tipo de entidades en las que el Estado extranjero sea socio minoritario y no controlante de la sociedad.