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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn Búsqueda del jueves 27 de febrero de 2014 se publicó un artículo periodístico sobre un campamento organizado por la Juventud del Partido Socialista, que destacó algunas manifestaciones del ministro Daniel Olesker. Para los que no leyeron el artículo debo transcribir algunas de sus declaraciones publicadas por Búsqueda. Quiero hacer notar que en ellas el lector encontrará frases entrecomilladas que debemos entender como afirmaciones textuales del protagonista y otras fuera de comillas que el periodista agregó para darle sentido a la frase, utilizando una forma abreviada. Parto de la base de que este recurso periodístico no desvirtúa el concepto que el declarante quiso expresar.
Daniel Olesker:
—Los “crecimientos excesivos” en materia económica “son malos”.
—“No hay dudas de que siempre que hay capitalismo” se incrementa la riqueza, pero también hay “exclusión social”.
—En ese marco, indicó que las energías del Frente Amplio tienen que enfocarse en aumentar el capital “dentro de ciertos márgenes” y redistribuir los recursos.
El reconocimiento de Olesker sobre las virtudes que tiene el capitalismo de crear riqueza es bienvenido. Sorprende un poco que deba aclararlo, cuando para un observador más o menos objetivo y aún para aquellos que durante muchos años creímos que el futuro estaba en las economías planificadas desde el Estado, la historia de los últimos 30 años del siglo XX y lo que va del siglo XXI constata el fracaso absoluto de la economía planificada que utilizaron los países comunistas que terminaron sus días debatiéndose en una batea de estancamiento, mediocridad, corrupción y pobreza y el triunfo por knock out de la economía de mercado, donde el capitalismo se desenvuelve creando riqueza a diestra y siniestra y desarrollando la ciencia y la tecnología a una velocidad inusitada. Hay ejemplos para todos los gustos, más allá de los países que hicieron su acumulación de capital en el siglo XIX y primera mitad del XX (muchos países europeos, EEUU, Japón), en los últimos 40 años tenemos a Hong Kong, Corea, Singapur, Chile, Australia, Nueva Zelanda, Irlanda y muchos más, pero por fin el portentoso y hasta irreverente ejemplo de China que el capitalismo está sacando de la pobreza y la desesperanza a millones de chinos por año.
Pero el ministro Olesker afirma luego que el capitalismo si bien crea riqueza también crea exclusión social. En buen romance esto significa que hay un sector de la población que no puede subirse al carro del progreso y no puede disfrutar de una parte de esa riqueza creada. Es cierto que en casi todas las sociedades existen sectores de menores recursos que no alcanzan los estándares de lo que hoy consideramos una vida digna. Lo que no puede afirmarse es que los culpables de ese hecho sean la economía de mercado y el capitalismo. Éste, por su propia naturaleza, necesita mercados cada vez más grandes y más consumidores para colocar sus productos. Por lo tanto, para su expansión para nada le sirve la existencia de la pobreza, por la sencilla y perogrullesca razón de que los que están en esa situación no pueden ser consumidores de los bienes o servicios que se produzcan. Lo que ocurre cuando una sociedad abre sus puertas al libre mercado y al capitalismo, es que una enorme parte de la misma mejora, mejora y mejora y deja en evidencia a aquellos que por su carácter no quieren o por su condición no pueden aportar algo a esa creación de la riqueza, y a ese sector lo llamamos excluidos. Y es cierto, son excluidos, pero la culpa de esta situación no la tienen los empresarios que están llevando adelante las empresas capitalistas creadoras de riqueza, porque esa es su misión, ese es su rol social; la culpa la tienen los gobiernos que no son capaces de crear políticas sociales eficaces para advertir a tiempo y combatir el flagelo de la pobreza e incluir en los avances conseguidos por la sociedad a los que van quedando de lado.
Un ejemplo claro en nuestro país es la enseñanza. Fueron misiones internacionales las que nos abrieron los ojos de que Uruguay estaba en materia educacional a la cola de América Latina, cuando en un tiempo estuvo a la cabeza mundial en este rubro. En este ejemplo de ceguera, de imprevisión y de ineficacia, además de la clase política hay que incluir al gremio docente que contempló callado, complaciente y muchas veces defendiendo prebendas corporativas, el derrumbe del nivel de la enseñanza impartida.
En estos últimos años se le entregaron a la enseñanza récords históricos en materia de recursos y sin embargo los paupérrimos resultados continuaron repitiéndose. El capitalismo cumplió con su misión de crear puestos de trabajo cuyos beneficiarios se transformaron en contribuyentes mediante los impuestos al consumo y a la renta y a su vez las empresas que surgían aportaban los impuestos correspondientes. Esto hizo posible que los gobiernos pudieran disponer de los extraordinarios recursos mencionados. Hasta acá llega la misión positiva del capitalismo. De ahí en más es responsabilidad de los administradores de esos recursos. Si los gobiernos los despilfarran, si los aplican para conseguir votos, si los invierten en forma ineficaz, no le echen la culpa a la economía de mercado y al capitalismo. Y este ejemplo sirve porque una educación de calidad es la mejor forma de superar la pobreza y la exclusión.
Pero el ministro luego da la receta de lo que habría que hacer cuando expresa: En ese marco, indicó que las energías del Frente Amplio tienen que enfocarse en aumentar el capital “dentro de ciertos márgenes” y redistribuir los recursos.
Frente a esta afirmación las preguntas que surgen son: ¿quién va a ser el encargado de permitir el aumento del capital “dentro de ciertos márgenes”? ¿Qué gobierno puede cometer la insensatez de detener la inversión “porque no es posible aumentar más el capital porque va a crear exclusión”? Pero además, ¿de qué forma instrumental podría hacerlo sin perturbar las inversiones ya efectuadas, que querrían ir a más y sin afectar la credibilidad del país para los inversionistas futuros? ¿Por qué habría que detener la máquina de crear riqueza, que daría a los distintos sectores una mayor capacidad contributiva, para hacer frente a los servicios que el Estado debe prestar y para atender a los planes sociales destinados al rescate de los más débiles? Ninguna de estas preguntas puede tener una respuesta plausible y sensata.
Por último, el ministro Olesker dice: y redistribuir los recursos. También acá surge la siguiente pregunta: ¿cuántos recursos se pueden redistribuir? Quizás el ministro en su charla lo dijo, pero no aparece en el comentario periodístico. Parece evidente que la redistribución no debería de ser de tal magnitud que implique un desestímulo para la inversión creadora de riqueza, porque sería como matar a la gallina de los huevos de oro.
Hasta ahora la argumentación estuvo en el campo conceptual, pero podemos ir a algunos números estadísticos que muestran rotundamente lo afirmado en esta carta.
En el 2011, la Economic Freedom Quartile efectuó sobre todos los países del mundo un estudio para determinar los efectos sociales del libre mercado. Dividió a los países en 4 categorías: A) Los de mercado más libre; B) Los segundos (menos libres que los anteriores); C) Los terceros (menos libres aún; D) Sin mercado libre o casi nulo.
Se encuestó al 10% más pobre de cada uno de los países que integran estas cuatro categorías y surgieron las siguientes conclusiones.
1) Participación de esa población sobre el ingreso total del país:
A) 2,76%
B) 2,28%
C) 2,34%
D) 2,57%
Como se puede observar, no hay diferencias sustanciales. El 10% más pobre de la población de un país participa del ingreso total en más de un 2% y menos del 3% cualquiera sea la libertad de mercado. Esta sola observación tira por tierra el mito de que el libre mercado crea un mayor número de pobres. Parece ser que la pobreza (madre de la exclusión) tiene otras causas.
2) Ingreso per cápita anual para el mismo grupo poblacional de cada categoría:
A) U$S 10.556
B) U$S 3.792
C) U$S 1.779
D) U$S 932
Si Ud. supiera que necesariamente va a ser pobre, ¿dónde elegiría vivir? ¿En una sociedad de libre mercado (A) o en una sociedad donde no existe el libre mercado (D)?
Pablo Arocena Lasserre
CI 972.883-5
El Pinar (Canelones)