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En lo que fue la más reñida y apasionante definición de un Major de la temporada, con un desempeño formidable en los segundos nueve hoyos de la vuelta final, Rory McIlroy ganó el domingo 10 el PGA Championship, el cuarto y último Major de la temporada. Un desempeño confirmatorio de su ascendente carrera deportiva, que le muestra en el cenit del firmamento mundial.
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El norirlandés empleó 268 golpes, dieciséis bajo el par de la espectacular cancha del Valhalla Golf Club, diseñada por el legendario Jack Nicklaus, con 7.400 yardas para su recorrido y par 71. En segundo lugar, apenas un golpe detrás, y en una actuación por demás destacable, finalizó el estadounidense Phil Mickelson. Fue el noveno segundo puesto de su carrera en los Majors.
Vale resaltar su actuación, ya que Mickelson cuenta actualmente con 44 años y cada vez resulta más difícil para jugadores de esa edad competir contra la nueva generación que viene abriéndose paso. La nueva camada está encabezada por supuesto por Rory e integrada por otros menores de 30 años: Rickie Fowler, Keegan Bradeley, Martin Kaymer, Carl Schwartzel y Jordan Spieth, entre otros.
La agresividad y determinación con la que cada semana juegan estos jóvenes golfistas les están complicando en la actualidad el panorama a los Ernie Els, Jim Furyk, Mickelson y hasta al propio Tiger Woods.
Con una frustrante actuación en el PGA Championship, el ex número uno del ranking mundial completó una temporada para el olvido, marcada por continuas lesiones y malos rendimientos en los ocho torneos que disputó. En Valhalla no pasó el corte con dos vueltas de 74 golpes, mostrándose contrariado, sin encontrar explicaciones para su mal juego. Ubicado en el décimo puesto del ranking mundial y en pleno descenso, tampoco fue citado por el capitán del equipo norteamericano, Tom Watson, para la próxima Ryder Cup a disputarse a fines de setiembre. Tendrá ahora ocho meses sin competencia oficial para dedicarse a su recuperación y preparación con vistas al Masters de Augusta, el primer “grande” del próximo año.
De todos modos, sigue siendo una realidad que Tiger marca la línea en el golf mundial: tras 72 horas de incertidumbre luego de su retiro en el Bridgestone Invitational por una nueva lesión en la espalda, al confirmarse su participación en el campeonato de la PGA una verdadera multitud siguió sus acciones desde muy temprano en la primera ronda del torneo.
Lluvias y
suspensiones
La edición 96ª del último Major de la temporada estuvo signada por el mal tiempo. Fuertes lluvias registradas en las cuatro jornadas determinaron suspensiones temporarias del juego, tanto que la ronda final estuvo a punto de suspenderse por falta de luz.
En la primera ronda disputada el jueves 7, 156 jugadores salieron en forma simultánea de los tees 1 y 10 en busca del hermoso trofeo Wanamaker, símbolo de triunfo en el PGA Championship. Al final de la jornada, el inglés Lee Westwood y los estadounidenses Kevin Chappel y Ryan Palmer igualaban la primera posición con un recorrido de 65 golpes, en una ronda donde se dieron 51 registros bajo el par poniendo de manifiesto el alto nivel de juego que se da hoy en este tipo de torneos.
Con greens anegados por la lluvia, el juego fue suspendido por más de una hora en la segunda jornada con los inconvenientes que ello acarrea. Tras un día agotador para jugadores, oficiales y público, finalmente se pudo establecer el corte clasificatorio, el cual quedó fijado en 143 golpes, quedando 74 jugadores en competencia.
Una muy buena actuación cumplió el paraguayo Fabrizio Zanotti al pasar el corte en lo que fue el primer Major de su carrera.
En tanto, McIlroy con una buena tarjeta de 67 golpes quedaba en solitario en la punta. La tercera vuelta mostró el nivel superlativo que están exhibiendo hoy varios golfistas. Resulta una paradoja que en el peor momento de la gran figura mundial — Tiger Woods— estos jóvenes golfistas muestren en cada torneo un rendimiento espectacular demostrando que estas competencias también pueden ser muy interesantes sin Tiger. El golf profesional atraviesa en la actualidad por un momento excepcional, quizás el mejor de la última década.
Prueba de ello es que el campeonato tuvo cinco líderes en diferentes momentos de la vuelta ante la sorpresa y el entusiasmo del numeroso público que seguía las acciones. Allí estuvieron Rory, Fowler, Jason Day, Henrik Stenson y Bernd Wiesberger. Al final del día, los tableros mostraban a McIlroy como puntero con un golpe de diferencia sobre su escolta, pero además siete jugadores separados por tan solo dos golpes en lo que prometía una definición apasionante.
Un jugador diferente
La ronda final jugada el domingo 10 también se vio retrasada en casi dos horas por nuevas lluvias, complicando aún más el panorama de los días previos. Sin embargo, cuando el tiempo mejoró comenzó una verdadera fiesta de birdies, águilas y tiros espectaculares que convirtieron a esta edición del PGA Championship en una de las más apasionantes en el historial del torneo.
Rory tuvo un mal comienzo con dos bogeys en los primeros seis hoyos que lo alejaron del liderazgo de la contienda. Sin embargo, una vez más el juego corto mostró la enorme importancia que tiene en el golf, ya que sin jugar bien pudo mantenerse con posibilidades de ganar gracias a esos tiros.
Así fue que tras los primeros nueve hoyos, el norirlandés se encontraba tres golpes detrás del puntero de ese momento, Rickie Fowler. Pero este joven de apenas 25 años tiene una clase y jerarquía excepcionales, ya que un formidable segundo tiro desde 285 yardas con su madera tres en el par cinco del hoyo 10 dejó la pelota a dos metros del hoyo para luego embocar el putt y con ese águila volver a colocarse en la pelea por el título.
En tanto, Mickelson jugando en el penúltimo grupo junto a Fowler hacía 32 golpes en la ida para también sumarse a la definición. En algún momento de la vuelta, todos menos McIlroy fallaron: Stenson hizo dos bogeys, en tanto Mickelson y Fowler subieron uno cada uno, sin lograr un solo birdie entre los tres.
Finalmente, fueron dos birdies más de McIlroy en los hoyos 13 y 16 los que le dieron el cuarto Major de su carrera y el segundo consecutivo luego de su triunfo en el último British Open en Royal Liverpool. En caso de ganar el Masters de Augusta, McIlroy estaría logrando la proeza de conquistar el Grand Slam.
Por su victoria, el ganador recibió un cheque por 1.8 millones de dólares de los diez que repartió el campeonato en premios.
El último hoyo del certamen merece una reflexión aparte, ya que los oficiales de reglas les pidieron a Mickelson y a Fowler que se corrieran a un costado del fairway para permitirle al grupo final pegar no solo sus primeros tiros, sino también los segundos, ante la incredulidad del mundo del golf.
Evidentemente, la falta de luz, un playoff establecido a tres hoyos y los pronósticos peores aun para el día siguiente, obligaron a las autoridades del campeonato a tomar decisiones sin precedentes en un Major. Ante el notorio malestar de sus rivales, McIlroy resaltó en la conferencia de prensa la actitud tanto de Mickelson como de Fowler, procurando distender la situación.