Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina). Como si se tratara de dunas en medio del desierto, los flujos de migrantes en las Américas tuvieron cambios sorpresivos en los últimos años al compás de los vientos de la economía, con nuevos estudios que muestran que la histórica oleada de mexicanos a Estados Unidos (EEUU) se detuvo, mientras el intercambio de trabajadores entre los países sudamericanos pasa por un auge inédito.
Estas variaciones sugieren que la tradicional inercia hacia el norte de la migración latinoamericana que cobró fuerza en la segunda mitad del siglo XX ha perdido fuerza en los últimos años debido a la crisis económica y de empleo que enfrentan EEUU y Europa, y a las mejoras relativas que registraron países del sur del continente que reciben cada vez más mano de obra foránea.
“En la última década, la migración intra-regional en América del Sur ha pasado los tres millones de personas”, dijo Juan Artola, un sociólogo uruguayo representante de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el Cono Sur. “Es una cifra histórica y es una tendencia nueva”, agregó en declaraciones a Búsqueda.
Artola sostuvo que este fenómeno migratorio dentro de Sudamérica responde en gran medida al crecimiento económico sostenido que han tenido países como Argentina, Brasil, Chile o Uruguay, destinos de trabajadores extranjeros en la región. La tendencia ha sido acompañada por un retorno a sus países de origen de miles de latinoamericanos que habían emigrado a países desarrollados ahora en dificultades.
“Argentina en la última década ha recibido casi un millón de nuevos inmigrantes y los ha absorbido bien el mercado laboral: no han desplazado a trabajadores locales ni han tenido impacto en el nivel salarial promedio”, agregó el especialista basado en Buenos Aires. Precisó que la mayoría de esos inmigrantes provinieron de Bolivia, Paraguay y Perú.
En Brasil, el número de extranjeros que viven con papeles regularizados aumentó 57% el año pasado, también impulsado por la llegada de trabajadores de la región, de acuerdo a datos del ministerio de Justicia. Los especialistas creen que la cantidad de latinoamericanos que cruzaron sin permiso laboral las fronteras brasileñas en busca de oportunidades (un fenómeno no cuantificado por el gobierno) aumentó al menos a la par en una nación donde la tasa de desempleo a febrero fue de 5,7% (casi la mitad que algunas economías desarrolladas) y donde diversos empresarios se quejan de la falta de mano de obra.
Este aumento de la inmigración en Brasil se produjo a pesar de la desaceleración de su economía, que el año pasado creció apenas 2,7% luego de una fuerte expansión de 7,5% en 2010.
En Uruguay también se registró en los últimos años un aumento de la cantidad de inmigrantes extranjeros y de ciudadanos que vuelven al país después de haber emigrado a otras naciones, de acuerdo a un estudio de la OIM divulgado en marzo. Además, la Encuesta Continua de Hogares (ECH) indicó que hasta 9.000 uruguayos regresaron a su país en 2010 y 2011.
Ventajas y desafíos
Artola sostuvo que además de las razones económicas, estos fenómenos responden a los procesos de integración en el Mercosur y los países andinos, que incluyeron medidas para facilitar esa migración intra-regional, promover la complementariedad de los mercados laborales y favorecer así la competitividad de sus economías.
En Mercosur, por ejemplo, hay un acuerdo para facilitar la residencia de nacionales del bloque e incluso de otros países de la región. “Lo que se está dando ahora”, dijo Artola, “es fruto de esas políticas”. Sin embargo, señaló que también hay trabas administrativas en casi todos los países de la región que contradicen el espíritu de las leyes y obstaculizan la llegada de foráneos.
Un caso notorio en este sentido es Brasil, donde varios especialistas advierten sobre la necesidad de adaptar la burocracia y las normas migratorias, que datan de la época de la dictadura, para responder mejor a la situación actual.
El gobierno de la presidenta Dilma Rousseff llegó a enfrentar recientemente el riesgo de una crisis humanitaria debido a la sorpresiva llegada de cientos de haitianos que huyeron de su país, aún devastado por el terremoto de 2010, y arriesgaron un peligroso viaje hacia el sur para iniciar una nueva vida. Muchos quedaron varados en las fronteras de Brasil con Perú y Bolivia, durmiendo semanas a la intemperie hasta obtener el permiso de entrada a la mayor economía sudamericana. Las autoridades brasileñas anunciaron este año la concesión de hasta 4.000 visas para ciudadanos de Haití, pero establecieron un máximo de 100 al mes en procura de regular el flujo de llegadas.
Artola sostuvo que estos nuevos flujos de inmigración ofrecen a los países sudamericanos la oportunidad de dinamizar diferentes sectores de sus economías. Como ejemplo, mencionó el modo en que se ha transformado la producción de verduras y frutas en el Gran Buenos Aires por la llegada de trabajadores bolivianos.
Sin embargo, notó que un desafío para los países sudamericanos es intentar detener o reducir la pérdida de mano de obra calificada que sigue emigrando hacia otras regiones. “Los que se van son los más jóvenes y los que tienen mayor calificación, en muchos casos alta: son recursos muy importantes para un continente que está creciendo”, notó.
El especialista también dijo que estos nuevos flujos migratorios sudamericanos ocurrieron en general sin un incremento de la xenofobia en la región. Pero aclaró que es necesario aguardar para ver cómo se ajustan los mercados laborales cuando lleguen tiempos económicos más difíciles. “Estas cosas funcionan muy bien en tiempos de crecimiento”, dijo. “A pesar de que los países de América Latina tienen discursos de protección de los migrantes, para muchos el énfasis está en proteger a sus migrantes que están afuera más que a los que llegan”.
“Discrecional”
El cambio de la ecuación económica norte-sur ha provocado incluso un aumento del número de europeos que llegan a buscar trabajo a países como Brasil (aunque bastante menos en cantidad que los sudamericanos) y ha afectado los flujos de remesas que los inmigrantes en países ricos envían a familiares en sus naciones de origen. La revista brasileña “Veja” citó en su último número el caso de André Ferreira, un habitante de la ciudad Governador Valadares (estado de Minas Gerais) que el año pasado debió vender sus tierras para “salvar” a su hermano Danilo, un inmigrante en EEUU que maneja una empresa de pintura en dificultades.
Un estudio del Centro Hispano Pew, con sede en Washington, indicó esta semana que México ha revertido recientemente su salida constante de mano de obra hacia EEUU, que en las últimas cuatro décadas constituyó “la mayor ola de inmigración” que haya recibido este país desde otro en toda su historia.
El reporte, basado en cifras oficiales, consignó que la cantidad de mexicanos que volvieron a su país entre 2005 y 2010 después de haber estado en EEUU ascendió a 1,4 millones. Ese flujo duplicó el registrado en el lustro previo e igualó la cantidad de mexicanos que emigraron al vecino del norte en el mismo período.
Más aún, el número de mexicanos que viven en EEUU sin papeles se redujo a 6,1 millones el año pasado, después de haber alcanzado casi 7 millones en 2007, indicó el estudio y consignó que es la primera vez que ocurre una disminución de este tipo en al menos dos décadas. La cifra actual equivale a 58% del total de inmigrantes indocumentados que hay en territorio estadounidense.
También existen razones económicas detrás de este fenómeno, sobre todo el derrumbe de sectores de la economía estadounidense que solían absorber mano de obra inmigrante, como la construcción, y una mejora relativa de las condiciones en México, explicó Jeffrey Passel, un demógrafo del Centro Hispano Pew y co-autor del informe, en diálogo con Búsqueda.
Sin embargo, el reporte señala además otras explicaciones válidas, incluido un aumento en los controles y las deportaciones de inmigrantes sin papeles en EEUU y una caída en las tasas de natalidad en México. Passel dijo que es una incógnita cómo evolucionará ese flujo de inmigrantes mexicanos en los próximos años. Aunque estimó que puede aumentar con la mejora de la economía de EEUU, consideró improbable que recupere el vigor récord del pasado.