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    El panorama electoral del Frente Amplio “es complicado” y le queda cada vez menos tiempo para revertir el “score” adverso

    Hay “un movimiento hacia la derecha en términos ideológicos del electorado”, y si bien todavía es un “final abierto”, los datos “se parecen mucho” a los de 1999, cuando la coalición de izquierda tuvo 40% de los votos en octubre y perdió el balotaje, dice Ignacio Zuasnabar

    Ignacio Zuasnabar llega a su oficina el miércoles al mediodía con el mate abajo del brazo y la actitud del que se sacó un peso de encima enorme. Las elecciones internas quedaron atrás, las encuestas cumplieron un buen papel y faltan un par de semanas para que la maquinaria se reactive. El director de Equipos Consultores siente como si estuviera de vacaciones.

    Los resultados generales de la elección también dan cierta tranquilidad a Zuasnabar, preocupado por el creciente descreimiento en la política y el sistema democrático que muestran los estudios de opinión pública. “No parece que vayamos a vivir en esta elección un proceso como han vivido otros países de América Latina, o España, donde vemos amenazas significativas fuertes a los grandes partidos”, dice.

    Quienes sí deberían preocuparse, a juzgar por el análisis de este politólogo, son los dirigentes oficialistas. Si bien no quiere hablar de favoritos de cara a las nacionales de octubre, el panorama que describe juega a favor de la oposición. “Vengo afirmando que esta elección es más modelo 99. Ese modelo es una elección con un Frente Amplio que puede estar en torno al 40%, siendo superado en segunda vuelta por la suma del Partido Nacional y el Partido Colorado”, dice.

    El panorama adverso para la coalición de izquierda se explica por tendencias de largo plazo reflejadas en “un movimiento hacia la derecha en términos ideológicos del electorado” y por cuestiones más coyunturales como el descontento con la gestión del gobierno y los cambios en su liderazgo.

    A continuación, un resumen de la entrevista que Zuasnabar mantuvo con Búsqueda.

    —¿Qué balance general hace de los resultados de las internas?

    —Lo primero que hay que destacar es el nivel de participación. Esto era una interrogante fuerte antes de la interna, había escenarios de caída, pero una vez más el sistema de partidos políticos uruguayo demuestra capacidad para convocar a una parte importante del electorado. Paró la caída y hay una leve recuperación. Después, los resultados generales están dentro de lo esperado, por lo cual no hay grandes sorpresas: el Partido Nacional, como ha sido habitual en las últimas internas, tiene casi la mitad de los votos; el Frente Amplio el segundo lugar cayendo un poquito, y el Partido Colorado creciendo. Creo que es una campaña marcada por la renovación, se dio un paso adelante importante en esta elección interna. De los ganadores, Lacalle Pou es el único que había sido candidato a presidente en la elección anterior, en el Frente Amplio eran todos nuevos y en el Partido Colorado Talvi es nuevo. Además, partidos que no tenían competencia interna votaron muy bien, como es el caso de Manini Ríos, y otros que no votaron tan bien pero que son parte de la oferta.

    En el balance general, desde el punto de vista sistémico diría que es aprobado, no sé si con sobresaliente, pero aprobado. En el balance fue mucho más la tendencia centrípeta que centrífuga. No parece que vayamos a vivir en esta elección un proceso como han vivido otros países de América Latina o España, donde vemos amenazas significativas fuertes a los grandes partidos. O sea, los tres principales partidos del sistema van a seguir siéndolo. Eso no quiere decir que en algún nicho no puede haber crecimiento de otros.

    —¿Esa fragmentación se da a lo largo del espectro ideológico o está más inclinado del centro a la derecha?

    —Surgieron más movimientos del centro hacia la derecha, pero creo que eso también está relacionado con la característica del Frente Amplio de ser un partido de coalición, un conjunto de sectores con identidades y matices ideológicos que compiten dentro de un mismo lema.

    'No parece que vayamos a vivir en esta elección un proceso como han vivido otros países de América Latina o España, donde vemos amenazas significativas fuertes a los grandes partidos. O sea, los tres principales partidos del sistema van a seguir siéndolo'.

    —En su momento Sanguinetti planteó críticas a que había muchos partidos compitiendo por un mismo espacio, en este caso del centro a la derecha.

    —Es un desafío pensando hacia adelante. Hay algunas ofertas que podrán crecer y ser significativas en octubre y otras que van a quedar por el camino, disminuidas. Pero en principio diría que la existencia de una oferta que sintoniza con una parte de la demanda de los ciudadanos es bueno para el conjunto, siempre y cuando haya articulaciones razonables y no haya lógicas antisistema, que en principio no las ha habido.

    —Después de las internas empieza otro partido. ¿Cómo ve la situación de cara a octubre?

    —El panorama se mantiene estructuralmente en los mismos términos con los que venimos viendo la película. Es una elección de resultado abierto, donde hay un conjunto de elementos que vienen complicando la probabilidad del Frente Amplio de retener el gobierno. Además, pasa el tiempo y no hay modificaciones sustantivas. Diría que el Frente Amplio enfrenta un score adverso, más adverso que las elecciones anteriores, y cada vez quedan menos minutos en el partido, y eso es complicado.

    Un análisis de campañas electorales tiene que ver con factores de largo, mediano y corto plazo. Los factores de largo plazo están relacionados con los valores y las identidades. Ahí hay cambios significativos: en primer lugar, hubo una erosión de la identificación partidaria del Frente Amplio. En estos últimos cinco años no solo ha perdido gente que antes lo votaba pero que ahora en las encuestas dice que está indecisa o que va a votar otra cosa, sino que perdió a un conjunto de electores que se identificaban con el partido, que decían ser frenteamplistas. Entonces, hay menos frenteamplistas de los que había en 2014. No muchos menos, pero hay menos. El segundo dato es que ha habido en los últimos dos, tres años, un movimiento hacia la derecha en términos ideológicos del electorado. Después de 10, 15 años, que habíamos tenido un electorado levemente volcado a la izquierda, esa balanza ahora se vuelve a equilibrar. Hoy estamos viendo una distribución casi perfecta de campana de Gauss. Luis Eduardo González dijo hace unos años que él creía que la identificación ideológica era subsidiaria de la identificación partidaria. Es decir, que la gente primero había sido frenteamplista y después de izquierda. Esto puede tener sentido: si ahora hay menos gente que se siente frenteamplista, entonces es posible que haya menos gente que se vuelque a la izquierda. Estos dos cambios de valores son sustantivos y hacen a la construcción del fondo de la competencia. No es que el péndulo se haya corrido hacia el otro lado, simplemente se ha equilibrado. El Frente tenía ventajas competitivas muy fuertes desde este elemento de largo plazo y ahora las perdió, pero no es que por esto tenga ventaja ahora la oposición.

    El Frente también ha perdido, respecto a 2014, en el tema de la ética y la ausencia de corrupción. Hasta 2014, una parte del electorado uruguayo le reconocía al Frente Amplio tener mejores credenciales que el Partido Nacional y el Partido Colorado en ese aspecto. Las cosas que han ocurrido en los últimos años limaron esa ventaja que tenía el Frente Amplio. Tampoco es que el péndulo esté hacia el otro lado, ni que la gente piense que el Frente es el menos transparente, pero esa ventaja se ha licuado. Y también desde el punto de vista de los valores el Frente Amplio fue afectado por sus posiciones frente a Venezuela. La mayor parte del electorado uruguayo, incluyendo una parte muy importante de los votantes frenteamplistas, creen que el gobierno de Venezuela no es un gobierno democrático.

    —¿Eso pesa en la elección?

    —Sí, claro, porque representa valores. No es la agenda puntual, pero hay una parte del electorado uruguayo que no logra entender por qué ni el gobierno uruguayo ni el Frente Amplio toma posiciones más definidas sobre Venezuela.

    En contraposición a todo esto, hay algunas áreas de valores en las cuales el Frente Amplio sigue sintonizando mejor con la ciudadanía uruguaya que los partidos tradicionales. Por ejemplo, los uruguayos creen que el Frente Amplio tiene una sensibilidad y preocupación por la pobreza mayor que los partidos tradicionales. Hay muchos uruguayos que pueden creer que las herramientas que el Frente Amplio ha utilizado no son las adecuadas para combatir la pobreza, pero están de acuerdo con su énfasis. Lo mismo con la preocupación por los sectores más vulnerables en la reforma de la salud o las relaciones laborales. Y en la agenda de derechos, en algunos casos sí y en otros no tanto. Es bastante claro que la amplísima mayoría de los uruguayos está de acuerdo con el matrimonio igualitario, hay mucho más opiniones divididas con la despenalización del aborto, y hay un saldo negativo con el tema de la marihuana.

    —En ese esquema, ¿se puede decir que la oposición tiene la ventaja?

    —Hablé del largo plazo en cuanto a los valores, mientras en el mediano plazo están las cuestiones evaluativas. En lo primero perdió ventaja competitiva. ¿Implica que va a perder? No.

    'El Frente también ha perdido, respecto a 2014, en el tema de la ética y la ausencia de corrupción. Hasta 2014, una parte del electorado uruguayo le reconocía al Frente Amplio tener mejores credenciales que el Partido Nacional y el Partido Colorado en ese aspecto'.

    Lo evaluativo es cómo siente la ciudadanía que las cosas van marchando. En este elemento, el Frente Amplio presenta una situación más compleja. Cuando los ciudadanos sienten que las cosas van bien, entonces tienen más probabilidades de querer que las cosas continúen como hasta ahora y mantener al gobierno de turno. Cuando las cosas van mal, más bien tiene propensión al cambio. En este plano es donde menos novedades positivas hay para el Frente Amplio, porque la percepción de la opinión pública sobre la economía, el empleo y la seguridad son negativas. Todo esto configura un panorama para el Frente Amplio más complicado que el que tenía en las dos elecciones anteriores.

    Después está el plano de los liderazgos. El Frente Amplio vive un proceso de recambio y un proceso de transición. La velocidad de la caída de los viejos liderazgos frenteamplistas en términos de imagen pública ha sido muy importante en los últimos cinco años, todos han tenido caídas en el entorno de los 30 puntos o más. Y el proceso de crecimiento de los nuevos liderazgos ha sido mucho menor, no ha crecido nadie 30 puntos. Si vamos al lado de la oposición, tampoco es muy claro, por ahora, que tenga liderazgos más potentes que los que tenía en 2014 y 2009. Entonces, la ventaja relativa que tenía el Frente Amplio está disminuida también.

    —¿Pero se puede hablar de favoritismo de la oposición?

    —A mí no me gusta hablar de favoritismo, pero haciendo un análisis estructural y de lo que la gente manifiesta como preferencias electorales como consecuencia de todo esto, los datos se parecen mucho a los de la elección del 99. Vengo afirmando que esta elección es más modelo 99. Ese modelo es una elección con un Frente Amplio que puede estar en torno al 40%, siendo superado en segunda vuelta por la suma del Partido Nacional y el Partido Colorado. La elección del 99 fue la última que disputamos con una estructura ideológica equilibrada entre izquierda y derecha. Desde el punto de la estructura ideológica, estamos en el 99; desde el punto de vista de la estructura de las identificaciones partidarias, estamos en el 99; desde el punto de vista de la oferta de liderazgos relativamente similares, estamos en el 99; y desde el punto de vista de lo que dice la gente que va a votar, estamos en el 99. El Frente Amplio en el primer semestre de 2019 ha estado a niveles de intención de voto del 30-32% promedio. En las tres elecciones que el Frente Amplio ganó, estaba por encima del 40% en el primer semestre. Tenemos que irnos al 99 para encontrar al Frente Amplio en estos entornos de 30. Si el Frente Amplio en este tramo final tiene un crecimiento normal en campaña, de 10 puntos, es probable que sea superado en segunda vuelta por la oposición. ¿Podría superar eso? Sí, pero depende de las cuestiones de corto plazo.

    —Usted hablaba de blancos y colorados, pero hoy el menú de la oposición es más amplio. Y parece difícil que puedan cooperar entre sí.

    —Ahora entramos en las cuestiones de corto plazo, que tienen que ver con las dinámicas políticas y las campañas. Ahí tenemos dos dinámicas distintas: una dentro del Frente Amplio y otra dentro de la oposición. Dentro del Frente Amplio tenemos esta recomposición de liderazgos que es muy difícil de predecir. Algunos pueden funcionar y otros no. Pero los liderazgos se construyen en la cancha, para construir poder a veces hay que ejercerlo y hay estilos que son distintos, y el resto debe acomodarse a eso. El Frente se encuentra con esta dinámica en la que los nuevos liderazgos todavía coexisten con los viejos; tiene desafíos importantes a resolver. El otro riesgo electoral que tiene el Frente Amplio es que su pérdida fundamental de votos es de centro. En un Frente Amplio que quede escorado a la izquierda, como se insinuó en la interna, el desafío aparece por reconstruir su ala hacia el centro.

    Uno diría que el Frente Amplio tiene cosas para resolver, pero cuando lo haga cierra el conflicto y comienza la cooperación. La oposición, en cambio, tiene la necesidad de cooperación, pero mantiene el conflicto y competencia porque lo necesita de cara a octubre. Y esto no siempre ha funcionado bien, ni siquiera entre blancos y colorados, y ahora con más actores en juego las interrogantes son más. Desde el punto de vista de la dinámica política, hay incertidumbre sobre cómo el bloque opositor va a manejar estos elementos. El Partido Nacional es claramente la primera fuerza, tiene una buena votación en la interna, resuelve bien su fórmula, da un golpe de efecto y la votación de Lacalle Pou lo legitima como principal líder del partido. Pero el Partido Nacional no está exento de su dinámica interna, tuvo confrontación interna que parece que se amortiguó en estos días, pero pueden haber quedado cosas latentes. El Partido Colorado también tuvo tensiones fuertes entre Sanguinetti y Talvi, ahora hay cierta pacificación, y está pendiente la vice entre otras cosas. Y después está el resto de los actores. El Partido Independiente, que ha estado cerca de este bloque y que ha estado un poco desdibujado por la ruptura de La Alternativa, esta es la etapa en la cual vuelve a la cancha a posicionarse. Está la emergencia de Cabildo Abierto como un actor muy relevante del sistema. Por el momento, Cabildo es un partido de nicho, pero eso no quiere decir que no pueda trascender eso.

    —No parece un nicho pequeño.

    —En un electorado que se está moviendo hacia la derecha, preocupado por la inseguridad, hay una oportunidad para Cabildo de tener un crecimiento adicional. Por supuesto que no pueden crecer todos. Sanguinetti decía que hubo una zona de trasvase entre el voto sanguinettista y el voto de Cabildo; si esto es así, significa que esa dinámica podría continuar de aquí en adelante y sería una amenaza al Partido Colorado. El Partido de la Gente podría tener la oportunidad de recuperar su nicho ahora, Unidad Popular parece estar menos amenazado porque no surgió competencia a su izquierda, el PERI tiene un discurso de una corriente valórica muy presente en la sociedad uruguaya que es la cuestión ambientalista, y después está el partido de Salle, que tuvo una buena votación relativa. Podemos llegar a tener un escenario de ocho partidos con representación parlamentaria, sería algo inédito en la historia del país. No conocemos cómo va a funcionar esa dinámica. 

    'Vengo afirmando que esta elección es más modelo 99. Ese modelo es una elección con un Frente Amplio que puede estar en torno al 40%, siendo superado en segunda vuelta por la suma del Partido Nacional y el Partido Colorado'.

    La elección de octubre marca la segunda vuelta. Si en la primera vuelta hay mayoría parlamentaria clara de una coalición de partidos que se presenten unificados para la segunda vuelta, ese es un factor de peso importante. Puede haber una mayoría parlamentaria solo entre Partido Nacional y Partido Colorado, o pueden tener que negociar con muchos actores. En ese escenario puede haber una oportunidad para el Frente Amplio, que hoy no tiene aliados.

    —¿Cómo puede afectar a la opinión pública la posibilidad de un gobierno de coalición tan amplia?

    —Si las magnitudes son como hasta ahora, está claro que el liderazgo de la coalición es del Partido Nacional y en segundo lugar el Partido Colorado. Si llegara a haber chisporroteo entre blancos y colorados, eso es distinto. Hay que acordarse del tiroteo que tuvieron Lacalle y Bordaberry en 2014. Evidentemente, la orquesta de la oposición tiene que lucir afinada porque si luce desafinada una parte del público puede volver a mirar al Frente Amplio.

    —Lacalle resolvió rápido la fórmula mientras Martínez está todavía por cerrarla. ¿Cómo ve que están jugando los partidos pos internas?

    —Cada partido tiene sus tiempos, cada líder tiene su propio estilo y también los niveles de votación en los contextos políticos marcan oportunidades. Lacalle movió muy bien, cerró cualquier posible especulación y actuó rápidamente, y eso le permite al Partido Nacional aplacar una posible confrontación interna. Tengo la sensación de que el Frente Amplio y el Partido Colorado van a resolver las fórmulas en tiempos razonables respondiendo a los estilos de cada uno.

    Recuadro de la nota

    Las encuestadoras salen fortalecidas

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