Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEnterado por la prensa de los planes de la Intendencia Municipal de Montevideo para el próximo quinquenio quedo gratamente sorprendido por el anuncio de obras importantes que pondrán más al día a una ciudad que en muchos aspectos se ha quedado en el pasado. La construcción de un paso elevado a la altura de Tres Cruces, la ampliación de espacios públicos en algunos barrios de la ciudad, la remodelación de las veredas de nuestra Ciudad Vieja, son claramente solo bienvenidos. Sin embargo, siempre hay un pero.
Tales planes podrían considerarse prioritarios en una urbe que tuviera otros problemas ya resueltos, cosa que lamentablemente no es así. En efecto, con motivo del reciente fin de semana del Patrimonio recorrí varios lugares de interés, lo que hizo que me desplazara de un lugar a otro dentro de nuestra capital, pudiendo comprobar el pésimo y lamentable estado de la mayoría de las vías de tránsito que recorrí, algunas de ellas muy importantes, como la calle Garibaldi por ejemplo, en muy malas condiciones. También comprobé que las obras de ampliación de Boulevard Artigas, iniciadas hace bastante tiempo, están muy lejos de finalizar, siendo como lo es, una arteria de suma trascendencia. Si a ello le agregamos el patético espectáculo de carros recolectores de basura por casi toda la ciudad, patético por quienes los utilizan —a veces con niños— sumergiéndose en la basura de los contenedores y patéticos por los pobres caballos que tiran de ellos, o la singular circulación de verdaderos suicidas en potencia, muchas veces a contramano, como son los deliverys, uno se pone a pensar si no existen problemas que requieren una solución mucho más inmediata que las grandes —y buenas— obras anunciadas, que no son, empero, de primerísima necesidad.
Debe pensarse, además, que en el caso de los carros tirados por caballos o en el de los deliverys, no es necesaria ninguna inversión sino que basta con una simple regulación (que para el caso de vehículos tirados por equinos ya existe, pero no se pone en práctica).
Consecuentemente, las grandes obras siempre serán bienvenidas en la medida que lo anterior estuviera ya en orden, pero lamentablemente no es así.
Bueno sería entonces que en los próximos cinco años de gobierno departamental, se diera prioridad a lo más urgente antes de pasar a lo más suntuoso. De lo contrario, caeríamos en aquella famosa frase del “lujo de la miseria”.
Dr. Esc. César Eduardo Fontana
CI 1.060.462-0