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    El procesamiento de Amodio Pérez (I)

    Sr. Director:

    Consecuencias y causas. El “caso Amodio”, sobre el que se ha dicho y escrito en los últimos tiempos, es un ejemplo del error que acarrea la falta de formación e información cuya primera eventual podría devenir de la unificación de su causa, con la causa iniciada en 2011 por la denuncia de las 28 ex presas políticas víctimas de violaciones y abusos sexuales durante su secuestro bajo el terrorismo de Estado.

    ¿Supondría que de la decisión a ser adoptada por un tribunal de alzada sobre la sentencia que procesó a Amodio dependerá qué pueda suceder con dichas denuncias? Son hechos que, más allá de lo jurídico, tienen absoluto derecho humano a ser conocidos y asumidos por la sociedad uruguaya. Derecho humano a la verdad, por lo menos. ¿Procederá el desglose de las causas?

    Esto ocurre hoy en el país pese a que no son situaciones comparables. Está la de quienes atentaron contra la democracia desde 1962 hasta el golpe de Estado de junio de 1973, no asumen sus errores —es más, algunos se enorgullecen de ellos— y pretenden utilizar a la actual justicia uruguaya para su autosatisfacción. Está la de quienes padecieron secuestro, tortura y muerte por oponerse a una dictadura que duró once años y nueve meses. Asumo que escribo en trazo grueso.

    El punto es si nos importa más encarcelar a aquellos torturadores y violadores, o erradicar de nuestra historia nacional ambas prácticas infamantes e inhumanas. Es una pregunta que nos debemos como sociedad si se tiene en cuenta, para no ir muy lejos en el tiempo, la tortura constatada en este 2015 en el INAU. Responsabilidad no de todos. Sépase que cuando uno de los funcionarios de INAU hoy imputados se cruzó con sus denunciantes en el Juzgado, varios de esos menores le prodigaron su aliento en voz alta: “No es contigo Fulano…” o algo así. El árbol de la vida es más verde que toda gris teoría, decía Goethe.

    Tampoco correspondería hoy ensañarse con una jueza que haya cometido un yerro. El peso de la responsabilidad requiere poner en evidencia el error, pero también intentar desentrañar las causas.

    En anteriores cartas de quien escribe y en otros textos públicos se ha explicitado que en el caso Amodio existió inducción al error para con la justicia efectuada por testigos interesados en mantener su presumiblemente falsa versión de los hechos, más que en llegar a la verdad, lo que puede interpretarse también como una vendetta y cobro de facturas desconocidas para la sociedad uruguaya.

    Se sumó, como ya se ha dicho, el apresuramiento en procesar, la confusión de tiempos históricos y los errores específicamente jurídicos sobre los que se ha informado en los medios.

    No obstante, corresponde precisar que la jueza que falló en el caso Amodio es la misma que en 2008, cuando la filial uruguaya del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), organizó un seminario en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, en que fue presentado un enjundioso libro —depositario de lo mejor del actual pensamiento penal uruguayo— sobre las impostergables reformas al sistema penal y carcelario del país, y solicitó replicar la actividad en la ciudad donde ejercía en esa época. Y así se hizo con el apoyo del Colegio de Abogados local y las autoridades policiales de Florida.

    Es la misma magistrada que, a raíz de realizar sus propias visitas de cárceles a procesados por su sede —más allá de la que anualmente dispone la Suprema Corte de Justicia— recaba de quienes cumplen condena por ella dispuesta, su situación carcelaria y sanitaria, si asiste o no, de la defensoría de oficio. No los considera expedientes; siguen siendo ciudadanos con derechos.

    De esa contracción a la labor judicial surgió que la magistrada Julia Staricco, haciéndose eco de la propuesta de un recluso, impulsara el proyecto Pensalo antes, que la ciudadanía pudo conocer a través de la serie de spots difundidos por Canal 10, consistente en 15 valientes y valiosos mensajes testimoniales, emitidos por ciudadanos que cumplen condena en Comcar y Cárcel de Mujeres, que  exhortaban a los jóvenes a pensar antes de delinquir. http://www.subrayado.com.uy/Site/noticia/31353/subrayado-lanza-pensalo-antes-campana-de-prevencion-de-delitos

    Asimismo, es la misma jueza que, anticipándose a la vigencia del nuevo Código General del Proceso (CGP), Ley N° 19.090, de 2013, es la única que habilitó en su sede penal el proceso por audiencia que —si bien es una modalidad que no ha dado los resultados esperados en otros países latinoamericanos— para Uruguay supone la culminación de una diferida aspiración judicial.

    Finalmente, en la última promoción de abogados que juró ante la Suprema Corte de Justicia, fue la Dra. Staricco la encargada de recibirles a nombre del Poder Judicial.

    Todo lo anterior implica un grado de confiabilidad profesional en esta magistrada de la República que no pude ignorarse o abatirse por lo que, a nuestro juicio y el de muchos otros ciudadanos, constituyó un error.

    Error del que por supuesto nadie querría asumir la paternidad, pero, si sopesamos racionalmente, deberíamos admitir que hay muchos parentes, cada uno con su cuota parte.

    Los historiadores que han escrito la historia oficial reciente, ¿no tienen nada de qué cuestionarse ante la confusión de los roles autoadministrados por los ex dirigentes del MLN? Los intelectuales hemipléjicos en materia de derechos humanos, así como algunos colegas y también ONGs que durante décadas solamente han visto la violación de derechos humanos en un solo lado, ¿tampoco se sienten responsables de la confusión en que se sumen los jóvenes cuando deben encarar episodios como el de Amodio y todo lo que removió y removerá?

    Y me refiero solamente a violaciones materiales, ocurridas efectivamente sobre el cuerpo y la mente de compatriotas… porque quien esto escribe también se auto pregunta hasta dónde podría haber llegado en ese aspecto en caso de detentar poder en los setenta, cuando hoy sabemos lo que ocurrió en la ex URSS y sus adláteres, o en la propia Cuba actual.

    Sin embargo los textos en que los jóvenes uruguayos estudian la historia reciente son parciales en estos temas y retroalimentan lodos que nos traen estas tempestades.

    Asimismo, cuando en el Museo de la Memoria de la ex quinta de Santos no hay un sitio destinado a evocar la denominada “Cárcel del Pueblo”, por mencionar solamente un hecho violatorio de los derechos humanos de ciudadanos uruguayos, ¿no se está omitiendo lo que después golpea en el rostro de la sociedad?

    ¿Con qué criterio la museografía de la memoria —que cuenta con apoyo proveniente de toda la ciudadanía y debería amparar  la memoria de todos los uruguayos— omite evocar aspectos imprescindibles para cumplir con el objetivo de recordar con la mayor cantidad posible de documentos, fotografías, películas, y testimonios sobre lo ocurrido en el pasado reciente?

    ¿Por qué unifica, bajo el mismo pabellón, al guerrillero de 1968 que atentó contra la democracia, con el joven secuestrado y torturado en 1983 por oponerse a una dictadura? ¿Con el criterio de la conveniencia política en tal o cual coyuntura? ¿Con el concepto de “no darle armas al enemigo”?

    Es saludable que, por ejemplo, en los muy últimos años desde responsables del Museo de la Memoria se hayan realizado homenajes a Wilson Ferreira Aldunate,  Amílcar Vasconcellos o a Manuel Flores Mora y al Semanario Jaque, claro que sí…pero admitamos que durante décadas la memoria ad usum fue lo predominante. Y esa deformación pasa factura en todos los niveles, no solamente en el judicial en el que, naturalmente, ante la disyuntiva de la libertad o la prisión para un encausado, los conceptos deben ser claros, precisos y ajustados a derecho.

    La justicia cuenta con peritos en Finanzas, en mala praxis médica, en delitos ambientales, que elaboran dictámenes tenidos en cuenta por los jueces el emitir sus fallos. ¿Con qué peritos  en historia reciente o en derechos humanos cuenta el Poder Judicial, siendo que es una materia presente en la sociedad desde 1985?

    Si algo nos deja este embrollado capítulo desenterrado por Amodio y sus acusadores, es que la sociedad uruguaya está en deuda consigo misma en lo que hace a pensar con cabeza propia, alejada de las trampas ideológicas que son siempre callejones sin salida. Ojalá los capitanes de la lucha por la memoria como les gusta autopercibirse —a veces devenidos en negociantes de la memoria— también asuman. Ya es tiempo.

    Hugo Machín

    CI 1.312.624-1