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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn la edición del jueves 12 de junio, el doctor Gonzalo Aguirre Ramírez dedica una carta al rey Juan Carlos I de España, valorando su aporte a la reinstitucionalización de su país. Agrega un párrafo en que destaca que, en su visita a nuestro país en mayo de 1983, se entrevistó con los principales dirigentes de nuestros partidos políticos. Los reconocidos por la dictadura y los proscriptos, agrego yo.
Eso me trajo a la memoria que el 24 de abril de 1983 —yo estaba exiliado en Madrid y representaba a nuestra central sindical CNT— fui convocado por los compañeros Nicolás Redondo y Manuel Simón, secretario general y secretario de Relaciones Internacionales de la UGT española, respectivamente. El objeto de la reunión radicaba en una preocupación existente en el gobierno español con la agenda propuesta por el gobierno uruguayo para la visita del monarca a Uruguay. Ella consistía en una entrevista con el presidente, Gral. Álvarez, un discurso en el edificio del Parlamento ante el Consejo de Estado, un almuerzo de asado con cuero en un establecimiento rural del departamento de Florida y una visita a Punta del Este. Y a continuación, me preguntaron si nosotros, los exiliados, teníamos alguna objeción.
Yo di mi opinión. La agenda estaba armada para que el rey de España avalara al gobierno de facto y su fantochada de Parlamento. Agregué que eso no sería positivo para los uruguayos que ya se habían manifestado claramente contra la dictadura, en noviembre de 1980 y de 1982.
Ellos me alentaron a que se lo dijera expresamente por carta. Así lo hice, en papel membretado de la CNT, expresando la alegría por que se encontrara con mi pueblo, que tanto estaba haciendo en defensa de las libertades y la democracia; pero, también expresé la preocupación por la utilización que el régimen intentaría hacer de su visita “presentándola como un aval” así como “también escamotear el contacto directo del pueblo y sus organizaciones representativas con usted”.
Entregué la misiva el día 25 de abril en el Palacio de la Zarzuela. Recibí la respuesta el día 28 de abril, firmada por el señor Sabino Fernández Campo, su secretario, quien me comunicó que “por encargo de SU MAJESTAD EL REY, tengo mucho gusto en acusar recibo de su carta de fecha 25 del actual”.
Me enteré más tarde, por información verbal suministrada por Manuel Simón, que en la agenda se había suprimido el discurso ante el Consejo de Estado y se había organizado una recepción en la embajada española en Uruguay.
En esa recepción, como bien señala el doctor Aguirre Ramírez, pudieron encontrarse, conversar libremente e intercambiar abiertamente, dirigentes de partidos políticos permitidos y proscriptos. Estoy de acuerdo: la visita del rey Juan Carlos fue un empujoncito más para la reconquista de la democracia.
Sin olvidar, por supuesto, que su avión aterrizó en el aeropuerto de Carrasco, a los veinte días exactos de que una multitud de orientales se reunieron en el espacio abierto que está a espaldas del edificio del Parlamento, para escuchar el mensaje del recién nacido PIT.
Agradezco la publicación de estas líneas.
Carlos Bouzas