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    El sector de la carne pierde dinamismo y enfrenta amenazas

    Si el ritmo de actividad que mostraron las plantas frigoríficas en las primeras semanas de julio se mantuvo en las siguientes, en todo ese mes procesaron unos 165.000 vacunos, uno de los registros más bajos del año. Los técnicos de un instituto paraestatal visualizan los niveles de faena como “luces amarillas” que reflejan una “detención” de la “dinámica” del sector cárnico.

    Al mismo tiempo, el aumento de costos y la competencia por tierras con otras actividades de la agroindustria son los principales problemas que identifican empresarios del rubro consultados por Búsqueda.

    Bruno Lanfranco, Catalina Rava y Bruno Ferraro, especialistas del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), destacan en un informe reciente que la ganadería ha sido “el sostén de la economía uruguaya a lo largo de su historia” y que en años recientes, “de la mano de un escenario internacional favorable, mostró un desempeño espectacular”. El monto de las exportaciones de carne bovina más que se triplicaron entre 2003 (U$S 380 millones) y 2011 (U$S 1.300 millones), y cerca de 70% de la producción anual se vende a más de 80 países, indican.

    Conforme con datos del Instituto Uruguay XXI publicados ayer miércoles 1º, los envíos de productos cárnicos al exterior sumaron U$S 612 millones en los primeros siete meses de 2012 (11% más que un año atrás) y fueron el segundo rubro en importancia.

    Tras la crisis económica y el rebrote de la fiebre aftosa en 2001 en Uruguay, el sector cárnico mostró “gran dinamismo y un alto nivel de crecimiento, dejando atrás décadas de estancamiento”, observan los técnicos. Aclaran que “no obstante, en los últimos tiempos han comenzado a aparecer luces amarillas que advierten una detención de esa dinámica, ilustrada por niveles de faena” que habían alcanzado un máximo de 2,5 millones de cabezas anuales en 2006. “Ese techo no pudo superarse y bajó a dos milllones de animales faenados en 2011”, añaden los técnicos del INIA, una persona jurídica de derecho público no estatal.

    Desde comienzos de este año hasta el 28 de julio, las plantas habilitadas faenaron 1.197.893 cabezas de ganado bovino (con un pico de casi 205.000 en mayo), según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Carnes. Eso es 2,5% más que en igual período de 2011.

    En el análisis del INIA se advierte que a partir de 2007 se dio una retracción en el volumen exportado (que en su mayoría es carne congelada) y no se lograron superar las 400.000 toneladas anuales.

    Perdiendo competitividad.

    “El incremento de los costos, incluidos los salariales, ha sido mayor que la capacidad de la carne de mejorar su valor”, comentó Marcelo Secco, director de Tacuarembó Marfrig, uno de los cuatro frigoríficos de ese grupo brasileño en Uruguay. Al comparar la evolución de los precios del peso y de la moneda local de países competidores de Uruguay en el negocio cárnico, como Australia y Brasil, ese empresario advirtió: “Nos alejamos de la competitividad”. Agregó, sin embargo, que eso no llevará a “dejar de exportar o a tener que paralizar la actividad, ya que la carne tiene un mercado absolutamente insatisfecho en el mundo”.

    Secco indicó que la industria frigorífica uruguaya tiene “una capacidad sobreinstalada de faena, y con menor oferta de ganado todo eso genera una estructura de costos más pesada de diluir con actividad”.

    Estimó que con el actual nivel de casi 40.000 animales faenados por semana es posible alcanzar los niveles del año pasado, de dos millones de cabezas, pero ello “dependerá del clima”.

    En períodos prolongados de falta de lluvias la faena de ganado aumenta porque los productores tienden a vender los animales debido a la menor disponibilidad de pasto en sus campos. En cambio, cuando llueve, el ganadero retiene sus vacunos para engordarlos y mejorar los ingresos en base al mayor peso de los mismos.

    Miguel Gularte, presidente del frigorífico PUL —que pertenece al grupo Minerva de Brasil— manifestó que el actual aumento de costos internos “es una amenaza” para el sector. “Lo que hacen las empresas (extranjeras) que tienen frigoríficos en Uruguay es intensificar sus inversiones y su producción en los países más competitivos, como Brasil y Paraguay”, señaló. Las industrias locales “se resentirán y tendrán más dificultades”, consideró.

    Desde el renglón de los productores existe una visión similar en cuanto a que la ganadería está amenazada por varios factores. “Las praderas desparecieron y hoy tienen plantaciones de granos, los costos en pesos se encarecieron y los precios de los últimos dos años permitieron llenar ese agujero”, analizó el vicepresidente de la Federación Rural, Carlos Uriarte.

    Agregó que “preocupa” a esa gremial que la mayoría de los productores, que durante años arrendaron sus tierras y que luego las “empresas agrícolas se los devolvieron porque les fue mal, no guardaron el dinero y tienen los campos pelados”. Afirmó que esos ruralistas deben “comprar ganado, arreglar el alambrado que está deshecho, y hacer otras inversiones, pero están apretados”.

    Transferencias.

    El sector cárnico transfiere “una muy alta cantidad de recursos hacia otras actividades de la economía”, sostienen los técnicos del INIA.

    En 2010, el nivel de transferencia alcanzó al 70% de los beneficios obtenidos como diferencia de los ingresos y los costos, precisan. Y calculan que eso significó unos U$S 670 por tonelada de carne procesada, mientras que la cadena retuvo como beneficio para sí misma poco menos de U$S 300 por tonelada, correspondientes al 30% restante.

    “A pesar de la importante carga de impuestos, de aportes sociales y el elevado costo de oportunidad del capital que soporta en los distintos eslabones de la cadena, la producción de carne bovina continúa siendo una actividad competitiva”, comentan los investigadores. “Si bien las políticas públicas han tenido un efecto relativamente neutro sobre esa competitividad, se encuentra en un límite tras el cual un incremento de las transferencias por este mecanismo puede comprometerla seriamente”, agregan.

    Señalan también que “la falta de inversiones en pasturas y mejoramientos en los predios en la fase primaria de ese sector es uno de los factores que muchos técnicos y analistas advierten como impedimento, en un sistema que se ubica en los límites productivos para los actuales niveles de tecnología adaptados”.

    Ante todo ello, los autores remarcan que aunque el sistema ganadero agroexportador continúa siendo competitivo, “no debe darse por sentado que este nivel de competitividad es infinito”.

    Los técnicos del INIA destacan “el importante incremento en los costos de producción” y “la presión que hoy ejercen otros rubros por el recurso tierra, que constituye un desafío adicional”. En su visión, “todo esto obliga a la cadena cárnica bovina a estar alerta y atenta para mejorar la inserción de las carnes uruguayas en el mercado internacional”.