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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUna característica de los estados modernos progresistas, especialmente los socialdemócratas, es profundizar el esfuerzo en los cuidados al ciudadano. En su programa político el Frente Amplio incluyó esta propuesta. El presidente Tabaré Vázquez lo propuso en la campaña presidencial como el primer tema a encarar y punto central donde encaminar los esfuerzos del gobierno.
¿Qué son los programas de cuidados?
Hoy vemos que los Estados entran a resolver problemas cada vez más específicos de la vida cotidiana de las personas. Los gobiernos reciben pedidos de los ciudadanos para regular relaciones entre personas cada vez más particulares. De los 200 países que hoy componen la organización política del mundo, menos de 20 atienden a los ciudadanos en situaciones extremas que quedan fuera de la legislación vigente.
Concretamente se trata de atender aquellas situaciones para las cuales los Estados no están preparados ni pueden exigir de sus funcionarios la sensibilidad necesaria y suficiente. Una familia muy pobre ve con horror que el fuego accidental destruye su vivienda y todos sus bienes de uso para seguir viviendo. En estos casos solo se pueden ofrecer ayudas inmediatas por la Policía, los Bomberos o la Salud Pública, pero los problemas de fondo: la continentación de esa gente y los niños, el alimento, el abrigo, la ayuda para seguir viviendo viene de los prójimos, se pide la solidaridad o la caridad pública.
Estas situaciones en Uruguay afectan mucho. Nuestra respuesta como sociedad es fuerte, por razones de volumen de población o cercanías, por tradición u otras. No sucede así en el resto del mundo. No digo que seamos los campeones de la solidaridad, ¡por favor! Digo que los uruguayos nos movilizamos ante la necesidad ajena. Un sistema de cuidados se refiere a la previsión estatal en circunstancias de difícil trance hoy no contempladas.
También los uruguayos somos muy rápidos en responsabilizar al Estado (el dios batllista, hoy continuado por el frenteamplismo). Enseguida tenemos en nuestros labios y en la mente: y… ¿qué hace el gobierno? Creemos en el Estado como “escudo de los débiles”
No siempre fue así. Ni en los reinos medievales ni en las repúblicas modernas estos asuntos fueron cuestiones de los gobiernos ni de los Estados.
Estas tareas eran asumidas por organizaciones religiosas cristianas y luego, también, filantrópicas. Existieron los “hermanos puenteros”, que eran religiosos que dedicaban su vida a la construcción y mantenimiento de los puentes, pues sin estos regiones y familias enteras quedaban aisladas durante parte del año. Los pobres eran atendidos por los franciscanos; muchas congregaciones religiosas, como los salesianos, se crearon para atender a los niños pobres y abandonados. A los enfermos y discapacitados se dedicaban las Hermanas de la Caridad, Don Orione y otras congregaciones. Entre nosotros, recientemente, el padre (jesuita) Luis Pérez Aguirre, Perico, se dedicó a atender, escuchar y ayudar a las meretrices. Se propuso acompañarlas para que sintieran que alguien las quería sin pedirles nada a cambio. Este encuentro las fortalecía para que fueran sintiéndose personas, a pesar de la brutal deshumanización de su trabajo; para manejar sus problemas con un sentido que les pudiera atisbar una vida mejor y no sucumbir en la desgracia. También lo hizo en La Huella, con niños abandonados.
La gama de los cuidados, como se ve, es muy grande. El Estado podrá legislar que los niños nacidos con dificultades especiales recibirán el apoyo posible y necesario de Salud Pública, pero las dificultades siguen y se necesitan otras personas e instituciones que sigan apoyando más allá de las leyes y el ordenamiento jurídico.
El Estado no lo puede todo. Pepe Mujica dijo con acierto que el Estado podía tener instituciones y funcionarios que dieran servicios de salud y educación pero no se les podía pedir que dieran ese “más” que la gente necesita y es fundamental, en muchas circunstancias, para seguir viviendo. Es un esfuerzo humano digno de atender. Hoy nadie pide que los “hermanos” voluntarios hagan puentes, ni que las religiosas cuiden enfermos. Es bueno que el Estado avance en los campos de cuidados que pueden hacerse por ley. Los otros, los de la solidaridad y la caridad, siempre los tendremos con nosotros.
El abuelo de Artigas y su padre fueron alcaldes de Santa Hermandad, designados por el Cabildo de Montevideo. Eran honorarios, les competía recorrer la ciudad por la noche y atender a quienes dormían a la intemperie (sic). ¿Cuántos podrían ser en una población pequeña? No importa, la preocupación por el otro es una actitud humana y en aquel momento se vivía expresamente como cristiana.
Planteo esto para que nos preguntemos en qué punto estamos de la propuesta política del presidente.
Hay realidades que ya tendrían que haber sido superadas. Existe la legislación que obliga a los entes públicos, Mides especialmente. Sin embargo, nos siguen sorprendiendo la cantidad de personas, hombres y ahora también mujeres y niños que viven en la calle. Pernoctan a cielo abierto. El tema se replantea todos los años. No hay avances significativos.
No podemos quedarnos tranquilos hasta que todos los indigentes sean atendidos. Se me responde en los organismos públicos que por ley deben resolverse estos problemas urgentes, que no es posible pues la mayoría son enfermos (sic). Pregunto: ¿los enfermos no merecen cuidados? Se me replica: “No se puede obligarlos”. Les digo: ¿la medicina y la psicología actual no están en condiciones de persuadir y actuar en casos de riesgo de vida o atentado a la salud de terceros? No tengo respuestas.
Ni el más craso liberalismo deja liberado a su suerte al indigente. Se supone que vamos caminando en dirección al socialismo (según el Frente). ¿Entonces? Terminan diciéndome que esto requiere un fuerte trabajo especial y que el Estado no está para eso.
Creo que no debemos resignarnos al ¡y… bueno!
Lic. Jorge Scuro
P.S. Finalizada esta redacción veo sobre mi escritorio los dos voluminosos tomos del joven filósofo de la historia Y. A. Harari y me pregunto qué pensaría él sobre este asunto. El pensador judío afirma que la guerra, el hambre y la peste son flagelos superados por el homo sapiens del siglo XXI, dado que los remanentes actuales pueden ser solucionados con la sola voluntad humana aplicando los actuales avances de la tecnología (para la producción masiva de alimentos), la ciencia (para atender la salud) y la conciencia humanista (para la disuasión pacífica de los conflictos, además de saber que tirar una bomba atómica al enemigo es destruir, también, la propia población). Para fundar esto presenta profusas y contundentes evidencias. Recordemos que Mao, a mediados del siglo XX, logró dar de comer, aunque fuera una comida diaria, a todos los chinos (cuarta parte de la humanidad), fue un absoluto record histórico. ¡No poder atender a menos de mil personas reunidas en una ciudad (pequeña) habiendo el oficialismo pedido una ley especial en el 2012, que se le votó encarpetada, es negligencia política!
Se sigue diciendo, durante doce años, que no tienen los recursos legales necesarios.
Seguramente, Harari diría que se le está contando una fantasía de horror. Le sería más fácil creer que Dios existe, luego de escribir mil fascinantes, eruditas y profundas páginas para “demostrar” que Dios no existe, que creer en esta realidad uruguaya.
Vale.
Lic. Jorge Scuro