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El prolongado grito sobre el green del hoyo 18 del Augusta National tras embocar el último putt y conquistar su quinto Masters, encerraba mucho más que una expresión de júbilo. Atrás quedaban 11 años de frustraciones, lesiones, operaciones, un divorcio y hasta un arresto policial en circunstancias poco claras. Solo Tiger Woods puede expresar lo que sintió en ese momento.
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El hombre que había cambiado para siempre los destinos del golf cuando a los 22 años ganaba su primer Masters, con una diferencia de 12 golpes con respecto al segundo, volvía a rugir. A los 43 años Tiger obtenía su quinto saco verde (símbolo de victoria en Augusta) y alcanzaba la marca de 15 majors tras una sequía de más de una década. “Sin duda es uno de los triunfos más duros de los que he logrado, teniendo en cuenta lo que he pasado en los últimos años”, evaluó Woods en la conferencia de prensa tras su victoria.
Esa espectacular ronda final que tuvo el último Masters, en un momento de la misma con 10 jugadores separados por solo dos golpes, mostró al “viejo” Tiger, el que intimidaba a sus rivales, el que no fallaba. El doble bogey de Francesco Molinari en el par tres del hoyo 12 abrió la puerta para que el exnúmero uno del mundo alcanzara la punta. Woods jugó los últimos seis hoyos con una gran determinación y categoría para finalmente quedarse con el título.
Todo parecía una película. Sus rivales esperaban para saludarlo tras la entrega de la tarjeta de juego. El jugador, que en forma poco creíble había caído años atrás al puesto 623 del ranking mundial (su peor posición desde que ingresó al profesionalismo en 1996), volvía a ser protagonista.
Hoy en el ambiente deportivo se habla del mayor “regreso” en la historia de todos los deportes, un análisis que comparte The New York Times.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, le entregó el lunes 6 a Tiger Woods la más alta distinción (Medal of Freedom) que puede recibir un civil en ese país. Fue un reconocimiento a su victoria en el Masters, en lo que representa uno de los regresos más importantes en la historia de los deportes, según reza un comunicado. El expresidente norteamericano Barack Obama también se sumó a los elogios al afirmar: “Regresar y triunfar en el Masters luego de tantas altas y bajas es un verdadero testimonio de excelencia, coraje y determinación”.
Las razones de su caída
Una de las explicaciones puede encontrarse en el fallecimiento de su padre, Earl Woods, en mayo del 2006, alguien por demás decisivo en la construcción del “mito Tiger”. Más tarde en el tiempo, a fines de noviembre del 2009, un accidente automovilístico tras una discusión con su esposa Elin Nordgreen terminó en un divorcio escandaloso por las cifras manejadas. El retiro de las competencias por cinco meses, la internación en una clínica para tratar una supuesta “adicción al sexo” y un comunicado poco convincente pidiendo disculpas a su familia y seguidores en todo el mundo marcó el derrumbe del castillo. La pérdida de varios de sus auspiciantes, además de una clara caída en su índice de popularidad, eran fiel reflejo de ese momento.
En ese panorama aparecieron sus problemas físicos, con una primera operación de espalda en octubre del 2014, mientras que al año siguiente serían dos operaciones más que buscaban aliviar los fuertes dolores que lo aquejaban. Vale recordar que en el 2013, jugando el Barclays Championship, luego de pegar un drive en el hoyo 13 cayó de rodillas al suelo por los dolores, aunque siguió jugando y terminó segundo a un solo golpe del ganador, Adam Scott.
Tras las operaciones, llegaba la inactividad; su renguera al trasladarse era más que notoria. Así llegó la adicción a fuertes calmantes, una de las causas por las cuales quedó dormido al volante de su camioneta con el motor encendido en mayo del 2017 y fue arrestado, en una triste imagen que recorrió el mundo.
El último recurso, de acuerdo a sus propias palabras, llegó con una operación donde se fusionan vértebras y que llevó a que estuviera seis meses sin jugar. Por el momento los resultados son óptimos, pero algunos especialistas afirman que dicha intervención al quitar movilidad de algunos discos puede ejercer presión sobre el resto, lo que provocaría fuertes dolores en la zona.
La palabra de Tiger
“Soy un ser humano que camina de milagro”, señaló Woods tras su victoria en Augusta. “Muchas veces los deportistas exigimos nuestros cuerpos y mente en demasía, atravesando los límites, ahí es cuando se producen los colapsos. Como atletas siempre estamos esforzándonos y los mejores a mi entender son aquellos que superan los límites, eso es lo que los hace diferentes. Soportan el dolor y atraviesan situaciones que la mayoría de las personas no podrían hacerlo. Siento que soy uno de ellos empujando mi mente y mi cuerpo, buscando cosas que sé que puedo lograr”.
Su ejemplo sigue marcando generaciones, varios de los golfistas de elite de la actualidad comenzaron a jugar por su influencia. Por otra parte, su carisma trasciende el mundo del golf y ahí están los Michael Jordan, Roger Federer, Serena Williams, Michael Phelps, Wayne Gretzky, entre varios, que no escatiman elogios para Tiger Woods.
La controversia sobre si su victoria significa el mayor “regreso” en la historia de los deportes está planteada. Lo que sí está claro es que Tiger es un grande de verdad.