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    Ele Não, la autoridad moral y la doble negación

    N° 1993 - 01 al 07 de Noviembre de 2018

    El pastor reúne a algunas personas del pueblo y anuncia el escenario más temido: el lobo está viniendo, nuestras ovejas están en peligro. Los pobladores corren desesperados, meten a las ovejas en las casas, las ovejas se asustan, la gente se asusta, el lobo no llega, el pastor no dice nada y sigue pastoreando. Luego otra vez. Y luego otra. Y otra.

    Las campañas publicitarias o propagandísticas nunca son en contra de algo, porque su objetivo es siempre —directa o indirectamente— la conducta de las personas, y la conducta no tiene negativo. La campaña Ele Não (Él No), que precedió las últimas elecciones en Brasil, fue a favor del no voto a Jair Bolsonaro y no logró el impacto deseado: Bolsonaro ganó con amplia diferencia en primera vuelta y se proclamó presidente de la República en segunda.

    Ele Não es una verbalización sintética de constitución e interpretación simple, pero es, antes que nada, una orden: él no. La pregunta natural para la validación o la no validación de una orden es siempre la misma: quién es y qué autoridad tiene —en este contexto— el que me está dando la orden.

    La autoridad es una forma de relación y como toda relación supone más de un sujeto. Quien detenta autoridad lo hace a partir de un acuerdo —tácito o explícito— pactado con el sujeto que obedece, acata o valida —desde su conducta— esa autoridad. La autoridad puede ser de rol: el presidente de la República tiene, en el marco de sus funciones, autoridad sobre mí en mi rol de ciudadano. Mi jefe tiene, en el marco de mi contrato, autoridad sobre mí en mi rol de trabajador dependiente. Mi entrenador la tiene en mi rol de jugador de fútbol. La autoridad es una cesión y es de voluntad contraintuitiva, pues quien responde a la autoridad es quien inicialmente la cede: yo, en mi condición de hombre libre, soy quien autorizo íntima, privada o públicamente a alguien a ejercer autoridad sobre mí.

    Ele Não es una orden de carácter moral porque la sostienen argumentos éticos, filosóficos y democráticos. La autoridad moral, a diferencia de las anteriores, no es contextual ni de rol, y es absoluta en tanto no es intermitente ni depende de un escenario. La autoridad moral es un acuerdo tácito de cesión individual e intransferible y es atemporal de un modo complejo: quien la detente lo hará de forma permanente, pero al mismo tiempo podrá perderla en cualquier momento, sin aviso previo ni explicaciones. La autoridad moral es siempre, a diferencia de otros tipos de autoridades, cronológicamente posterior a la confianza y al ser hija de la confianza tiene tres estadios posibles: el positivo (confiar o autorizar), el no positivo (no confiar o no autorizar) y el negativo (desconfiar o desautorizar). Ante una orden concreta, en el primer caso se acata, en el segundo se evalúa y en el tercero se desacata.

    Ele Não es una verbalización de campaña que da una orden de carácter moral y la pregunta es qué autoridad moral tiene el que me está dando la orden. Siendo esta una campaña anónima —en tanto no hubo una persona, una agrupación o una institución que asuma su autoría original—, la pregunta será subjetiva e individual, y tendrá que ver con las distintas personas que hayan difundido la campaña en sus espacios personales —virtuales o físicos—: ¿qué autoridad, qué no autoridad o qué desautoridad moral tiene esta persona que me dice que a él no?

    La campaña Ele Não fue difundida de manera masiva por distintas y diversas personas de todos los sectores políticos y de pensamiento, pero tuvo —naturalmente— su núcleo central de difusión en los militantes del PT, en las personas autoproclamadas de izquierda y en los demócratas independientes. Los demócratas se definen políticamente a partir de un valor, la democracia, y encuentran el sentido de la política en el intercambio. Los militantes y los autoproclamados de izquierda o de derecha se definen políticamente a partir de un grupo —un Partido o una corriente de pensamiento— y encuentran el sentido de la política en la pertenencia.

    La pertenencia es una pulsión fundamental de las personas: somos de una familia, de un grupo, de un club, de un barrio, de un país. La pertenencia es un medio natural y necesario para la vida en comunidad, pero entendida como fin en sí mismo es problemática porque anula la individualidad, atenta contra la libertad real de las personas y genera condiciones favorables al fanatismo. El fanatismo, al igual que la obsecuencia, suponen una predisposición natural y progresiva al autoengaño, y el autoengaño es el padre de la mentira. La mentira genera desconfianza, desautoriza moralmente a quien la practica y construye rechazo. El rechazo, cuando es fundado, se llama oposición.

    Si quien da una orden de carácter moral genera rechazo consciente o inconsciente en quien la recibe porque le ha mentido, porque le ha querido engañar o porque no le ha sido honesto previamente —aun sin mala intención, víctima él mismo de su propio autoengaño—, la respuesta será intuitivamente de desacato en cumplimiento volitivo del principio lógico de doble negación. Si quien enuncia en clave de ética está desautorizado moralmente, su enunciado será negativo, y si el enunciado es de por sí una negación, se simplificará en positivo. Este razonamiento, inexacto porque iguala prejuicios con enunciados, es inconscientemente intuitivo porque combina datos de la misma familia: emisor y mensaje desde el punto de vista del receptor.

    El pastor corre desesperado por la calle y anuncia el escenario más temido. Otra vez. Grita y corre y se asusta pero ya no asusta a nadie: los pobladores no se mueven, las ovejas siguen pastando, el pueblo es indiferente.

    El pastor tiene pruebas, pero ya nadie lo escucha.

    Ya nadie corre.

    Ya nadie le cree.

    El lobo está viniendo.