Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPor estos días ya nadie anuncia que el Partido de la Concertación (PdlC) pueda ganar las elecciones en Montevideo. Sus más fervientes partidarios apenas convocan a votarlo para evitar que el Frente Amplio obtenga dos tercios de los ediles en la Junta Departamental, lo que le daría poder absoluto en temas muy sensibles que requieren mayorías especiales. El constituyente impone el requisito de mayorías especiales en determinados temas justamente porque asume que jamás un solo partido las va a tener por sí solo. Esto, que nunca pasó ni estuvo siquiera cerca de pasar en pasadas elecciones, está en riesgo esta vez. El PdlC va a perder por inédito margen y todos lo reconocen. Quizá sea por eso que sus más fervientes partidarios están ensayando otra línea argumental. “La idea era buena, lo que falló fue la implementación”.
¿Es esto cierto? Es posible que sí. Un PdlC con el Dr. Castillo y con el Sr. Gandini como candidatos hubiera dado una mejor pelea. Y hasta es posible que hubiera tenido la posibilidad de ganar. ¿Significa esto que se debe insistir con el PdlC en el futuro próximo?
Por estos días, y desde hace tiempo, muy pocos discuten que el Partido Colorado (PC) sufre una crisis de identidad. No logra encontrar su lugar en el escenario político y su única misión parece ser apuntalar al Partido Nacional para que un candidato blanco le gane a un candidato frentista. Notoriamente así pasa en varios departamentos —Colonia, Maldonado, San José, Florida— donde dirigentes colorados están militando para candidatos a intendente blancos.
Por estos días y desde que se fundó el PdlC muchos dirigentes colorados están proponiendo extender en el futuro la experiencia a todo el país. El alma del Partido Colorado es desde hace 100 años el batllismo. ¿Qué es el batllismo? De esto se ha discutido mucho, pero es más simple de lo que parece. El batllismo es la síntesis que el Partido Colorado hizo entre el liberalismo que venía del siglo XIX y la democracia que afloró en el siglo XX. La incorporación de las grandes mayorías populares al proceso político, con sus demandas, con sus anhelos y con sus necesidades, fue articulada con los principios republicanos de honestidad, limitación del poder y respeto de las minorías. Esta experiencia generó en Uruguay una de las primeras sociedades de bienestar de la historia. Y el Partido Colorado, sobre la base de esta síntesis liberal-progresista, creó el marco institucional que permitió llevar este proyecto adelante.
Todos los países que admiramos por su desarrollo social tuvieron su propia versión del batllismo. Algunos más temprano en la historia, otros más recientemente. Pero todos, absolutamente todos, llegaron a ese estado de prosperidad a partir de una visión liberal y progresista.
Por el contrario otros países que realizaron otras experiencias —corporativismo, lucha de clases, marxismo, fascismo, peronismo— son para todos ejemplo de lo que no debemos imitar.
El Partido Nacional propone el liberalismo sin progresismo. Si el gobierno del Dr. Lacalle es un ejemplo relativamente lejano en el tiempo, la opinión del Dr. Lacalle Pou en el sentido de que la Dra. Bianchi debió renunciar a su banca en el Senado porque “los elementos biológicos” generan “dificultad” para que las mujeres asuman responsabilidades políticas es representativo de la ideas tradicionales blancas. Si bien aprendieron a limar sus aristas más reaccionarias y a adaptarlas a estos tiempos, siguen siendo el partido conservador del Uruguay.
El Frente Amplio propone el progresismo sin liberalismo. Su tradición se basa en otras formas de entender el ejercicio del poder. La subordinación al mandato de los sindicatos es un ejemplo actual de eso. La aprobación de leyes inconstitucionales y la posterior presión a la Suprema Corte de Justicia para que no las declare como tales es otro. “Lo político está por encima de lo jurídico” es su lema.
¿Qué pasó con el PC en las últimas décadas? Simplemente que ante el corazón y el alma de la gente se fue lentamente vaciando de liberalismo y de progresismo. Si hubo dirigentes que desde el gobierno llevaron adelante el ideal colorado con valor y dignidad —el Dr. Opertti, el Dr. Atchugarry, el Prof. Hierro, el Lic. Fernández, la Maestra González o la Dra. Reta por citar algunos ejemplos— hubo otros que con sus decisiones, acomodos, maniobras y procedimientos llenaron de vergüenza a nuestra colectividad. Desde la Corporación Nacional para el Desarrollo, la Intendencia de Canelones, el Banco Hipotecario, el Banco Central, y tantas otras oficinas, los peores colorados lograron en 10 años lo que no pudieron ni las revoluciones blancas, ni la guerrilla tupamara ni la oprobiosa dictadura: destruir el alma y la dignidad del partido que con el batlismo definió el carácter y la fibra de nuestra patria.
El pueblo entonces, ante el espectáculo de un partido liberal- progresista que paulatinamente se quedaba sin liberalismo y sin progresismo comenzó a abandonarlo en lógica estampida. Sin un destino natural a donde ir, quienes veían al liberalismo un poco mas importante que el progresismo —unos pocos— se fueron al Partido Nacional. Y quienes veían al progresismo un poco mas importante que el liberalismo - la gran mayoría- se fueron al Frente Amplio. Es por esto que se oye decir con frecuencia que hoy en Uruguay el batllismo está en el Frente Amplio. Mentira.
Los deseos y anhelos de los sectores sociales que acompañaron al Partido Colorado batllista hoy acompañan al Frente Amplio. Pero jamás una coalición de partidos de raíz y prácticas antiliberales puede representar precisamente una síntesis del liberalismo y el progresismo.
¿Cuál fue la respuesta de los líderes colorados frente a esta estampida de ciudadanos hacia el Frente Amplio? Esto es la historia conocida de los últimos 10 años: unir nuestro destino con el Partido Nacional y disputar con los blancos el voto conservador, el voto no progresista. De manera que para rescatar al partido liberal-progresista del Uruguay, que había perdido el apoyo de los sectores sociales que lo vieron vacío de progresismo, los líderes de ese partido decidieron dinamitar los puentes con esos sectores sociales que lo habían abandonado y tratar de captar simpatizantes en un sector de la ciudadanía que jamás nos apreció. Si existiera el concepto de “exterminio político”, esto que han hecho los líderes colorados en los últimos 10 años sería la mejor definición.
Y es por esto que el PdlC en Montevideo, los acuerdos con los blancos en los departamentos o la peregrina idea de extender el PdlC al resto del país, requieren de nuestro más categórico rechazo. No porque no sirvan para mejorar las chances en una elección (¿a quién se le ocurre que dos contra uno no es mas fácil que todos contra todos?) sino porque la sistemática confusión con el Partido Nacional está llevando a que cada vez el Frente Amplio sea más poderoso, a que el Partido Nacional cada vez sea más hegemónico dentro de la oposición, a que nuestra identidad se siga desdibujando y, en definitiva, a que el PC pierda la razón de ser en el escenario político del país.
Si aspiramos a volver a representar a algo y a alguien en el Uruguay debemos volver a poner de pie nuestras ideas liberales y progresistas, debemos denunciar nuestras diferencias con el Partido Nacional, debemos explicar nuestras diferencias con el Frente Amplio y especialmente debemos reconectar con el pueblo para difundir por qué sólo desde un partido liberal-progresista se puede construir una sociedad integrada, solidaria, educada y próspera. De lo contrario nada útil tendremos para aportarle al país, en menos de 2 generaciones habremos desaparecido y con nosotros se irá ese sueño del país modelo que se forjó a lo largo de nuestra historia. Despertemos colorados, despertemos.
Fernando Reyes