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    Emociones en blanco y negro

    Esta muestra es hija de la pandemia. En 2020, a un mes de iniciado el confinamiento y en medio de la incertidumbre que se vivía en las casas, el fotógrafo Robert Yabeck trató de pensar no tanto en el encierro, sino en cómo sería el reencuentro con familiares y amigos. Esa fue la semilla de Tan cerca, tan lejos, una muestra que reúne 54 retratos en blanco y negro que realizó entre junio de 2020 y mayo de 2022. Declarada de interés por la Junta Departamental de Montevideo, se está exhibiendo en los cinco pisos del Teatro Solís.

    Los protagonistas son figuras de las artes escénicas: de la música, del teatro o de la danza. Yabeck ya había fotografiado a muchos de ellos para las muestras que había hecho en el Solís entre 2005 y 2009, pero esta vez les pidió que fueran a su estudio con alguien querido. Entonces los artistas aparecieron con sus hijos o sobrinos, con sus madres, padres o abuelos, con colegas del trabajo, con sus parejas, con amigos.

    Los primeros en ser fotografiados en aquel nebuloso 2020 fueron el actor Jorge Bolani y su hija Natalia, cantante y actriz. En un semiabrazo y con sus cabezas muy juntas, su retrato resultó especialmente emotivo y se convirtió en la imagen promocional de la muestra. “Ellos se reencontraron presencialmente en mi estudio después de tres meses de estar alejados. Lamento no haber filmado esas sesiones de fotos”, comentó Yabeck a Búsqueda en un recorrido por la exhibición. “Los primeros retratos tuvieron ese tono emotivo. A medida que iban pasando los meses no se trató de plasmar el reencuentro, sino algo de la anormalidad que vivíamos en términos pandémicos. Ya no estábamos confinados, pero usábamos mascarillas y nos saludábamos sin saber cómo. De allí el título, estábamos cerca y a la vez lejos”.

    Desde niño Yabeck tuvo una cámara en sus manos. Su padre tenía varias y era el encargado de fotografiar a la familia. Cuando fue un escolar, le tocó el turno a él, entonces iba a los paseos y les sacaba fotos a sus compañeros. Posiblemente allí nació su interés por el retrato. “Con 13 o 14 años armé un laboratorio con mis amigos y siempre sacamos fotos de personas”, recordó. Después estudió en el Foto Club Uruguayo y en la Universidad de Nueva York. Siempre ha sido freelance y de esa forma trabajó para revistas nacionales y extranjeras.

    Hoy, en medio de selfis y fotos instantáneas, el retrato de estudio trae recuerdos de una época en la que fotografiarse implicaba un valor diferente del tiempo y también del espacio y de la mirada. “Este trabajo es de profundización en términos expresivos, y en términos plásticos, hay un trabajo con la composición y la luz. En el estudio tengo las condiciones para lograr lo que a mí me interesa. Por ejemplo, en toda la exposición hay una unidad de espacio que me importa mucho como principio artístico. Además, tengo las condiciones ideales porque en exteriores la distracción es mayor y menor la posibilidad de llegar a lo que sucede en el interior de las personas”.

    Para que los fotografiados logren conectarse con las emociones frente a la cámara, se necesita, sobre todo, una conversación previa. “Es una búsqueda, no les digo lo que hay que hacer, sino que ellos proponen o lo proponemos juntos. Es un diálogo. De alguna forma, la energía se termina vehiculizando y cuando pasamos a las fotos ya está establecido un código. En este caso, hizo mucho la diferencia que estuvieran con un ser querido, tuvo mucho peso ese vínculo”.

    Esta es una fotogalería que atraviesa varios matices afectivos. En el retrato de Pepe Vázquez y su hija María, por ejemplo, hay una risa cómplice y cariñosa, y para Yabeck se hace presente entre ellos alguien que no está: Imilce Viñas. “Es la sexta exposición que hago en el Solís y esta fue la más emocionante. El día de la inauguración, varios de los retratados me transmitieron algo más de ‘me encantó’, me contaron lo que sintieron”.

    Yabeck logró juntar a figuras que no suelen retratarse juntas y obtuvo como resultado composiciones armoniosas como la de Ruben Rada con sus hijos (ver foto), o la de los hermanos Guillermo y Gabriel Peluffo: uno mira a la cámara y se ríe, otro mira un poco para el costado, también risueño.

    Y después están las situaciones que recuerdan directamente la pandemia. Allí está Diego Delgrossi con una trompeta en la mano mientras mira a su padre que sostiene una armónica. “Es de los pocos retratos en los que hay objetos. Ellos trajeron los instrumentos porque en el confinamiento hacían música para alegrarse”, explicó Yabeck.

    También musical, aunque sin instrumentos, es la foto de Hugo Fattoruso y Albana Barrocas, que estaban tamborileando arriba de una mesa cuando Yabeck disparó su cámara. Y realmente su retrato parece tener sonido.

    Otra forma de acordarse de los días de confinamiento fue la de Tabaré Rivero y su esposa Lourdes, que se lo tomaron con humor. En la foto miran hacia lados distintos y levantan las manos como diciendo: “No te soporto más”.

    El blanco y negro siempre le da a las fotos un atractivo especial. Para Yabeck, generan una actividad más activa en quien observa porque completa la información que no está y que dan los otros colores. “Se los imagina, aunque no lo piense. Eso me gusta”.

    Quien camina por esta exposición siente las miradas que en principio fueron dirigidas al fotógrafo, pero que ahora se dirigen al espectador. Hay miradas de niños, y en algún caso Yabeck los captó en un instante cuando lograron dejar de saltar y correr por su estudio. Hay miradas de cierta tristeza y otras que transmiten pura alegría. Y después está la gestualidad de las manos.

    “Las manos en mi obra tienen mucha importancia. Uno puede de alguna forma aprender a poner caras y sabe más o menos cuál poner para una foto. Pero las manos nunca se sabe cómo van a quedar, expresan mucho sin el filtro de la razón. Pueden generar una armonía no calculada”.

    En Tan cerca, tan lejos los artistas tantas veces vistos en el escenario aparecen en una faceta muy diferente. Por ejemplo, el músico Pedro Dalton y su pareja Nara, quienes se conocieron en los primeros días de la pandemia; o Fernando Cabrera y su pareja Patricia Miller; o César Troncoso y su hija; o el dramaturgo Gabriel Calderón con su abuela; o Cristina Morán y su hija Carmen.

    Una de las fotografiadas, la actriz Florencia Infante, escribió un texto que publicó en Instagram en el que recordó un día de 2020 cuando le preguntó a su amiga Dahiana si nunca más se volverían a abrazar. Su amiga se paró detrás de ella y la abrazó. Y así las retrató en esta muestra Yabeck. “No sé cómo lo hizo, pero ahí estoy abatida y protegida, mágicamente capturada por los dos”, escribió Infante.

    Hasta octubre hay tiempo para ir al Solís y dejarse envolver por abrazos, miradas y risas que podrían ser las de todos.

    Vida Cultural
    2022-06-15T23:11:00

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