Los registros oficiales indican que la producción alcanzó máximos históricos de entre 1,4 millones y 1,6 millones de toneladas (2010-2012) y después bajó a algo menos de 1,2 millones de toneladas (2018-2019).
A fines de la década del noventa hubo un primer bajón en el número de cultivadores arroceros, cuando de 600 cayó a 480 en un año (2000-2001). En las siguientes zafras tendió a repuntar llegando a 584 (2005-2006), pero luego volvió a disminuir hasta quedar por debajo de los 400 en la zafra pasada.
En el período en el que el productor arrocero Tabaré Aguerre fue ministro de Ganadería (2010-2018) el número de cultivadores de ese grano cayó en más de 100.
Las explotaciones arroceras fueron 357 en la zafra 2018-2019, unas 30 menos que en la anterior.
En el período de dos décadas el área sembrada bajó de 208.089 hectáreas a 145.000 y la próxima siembra seguirá disminuyendo, conforme a Diea. Para la Asociación de Cultivadores de Arroz, bajará a 135.000 hectáreas.
“Gradual” disminución
Para la zafra 2018-2019 la mano de obra ocupada por el cultivo de arroz en forma directa fue de 2.476 trabajadores, incluidos los zafrales, 417 ocupados menos que en la zafra 2016-2017 respecto a la anterior encuesta arrocera, según Diea.
En una encuesta publicada el jueves 5, esa repartición del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) advirtió una “gradual” disminución en el número de trabajadores ocupados por el sector. En la zafra 1997-1998, en la que se sembró un área de 170.000 hectáreas, el sector ocupó 4.514 trabajadores, 82% más que en la última siembra, indicó.
Mostró que el estrato de explotaciones de menos de 200 hectáreas sembradas de arroz que abarca unas 18.000 hectáreas y ocupa a 343 trabajadores, resulta en 52 hectáreas por trabajador. Para el estrato de mayor tamaño de chacra se estima una relación similar, con 53 hectáreas por trabajador.
De un total de 2.210 trabajadores permanentes ocupados en el cultivo de arroz, 2.112 son hombres (el 96%) y 98 son mujeres (el 4%), según Diea. La investigación detalló que para la zona norte el porcentaje de mujeres que trabajan en el arroz alcanza el 2%, mientras que en la zona este se estima en 5%.
“El 82% de los arroceros encuestados declararon su intención de volver a sembrar áreas similares de arroz en la próxima zafra, sin embargo, un 18% contestó que no tenían la certeza de las hectáreas a sembrar en la próxima primavera”, señaló.
Y planteó que “con la incertidumbre instalada en el sector es de esperar que la superficie a sembrar en la próxima zafra mantenga la tendencia decreciente, que se confirmó en la última campaña con 145.000 hectáreas, el registro más bajo de los últimos años”.
Diea en la encuesta presentó nuevos datos sobre las características de la producción de arroz, que dejaron en evidencia los cambios que tuvo esa actividad.
El empresario arrocero se caracteriza por disponer de un parque de maquinaria “propio”, dimensionado para la superficie de arroz que siembra cada año, comentó Diea.
Señaló que por eso los servicios de siembra y de cosecha son “poco” contratados por los arroceros, mientras que es “cada vez más frecuente la contratación de aviones” para las aplicaciones tanto de urea como de fitosanitarios líquidos.
En el caso de la siembra de arroz, tan solo el 22% de los productores declaró haber contratado una empresa de servicios, 16% del área total, indicó.
Detalló que el servicio de cosecha fue contratado por el 19% de los productores arroceros, comprendiendo tan solo el 10% del área total cosechada.
En cuanto al tamaño de los predios, Diea informó que “el 77% de las explotaciones tienen una superficie de chacra menor a 500 hectáreas, prácticamente igual que en la encuesta 2016-2017 cuando se registró un 78% de chacras menores a 500 hectáreas, abarcando el 43% del área total sembrada”.
“En el otro extremo, apenas 20 explotaciones con más de 1.000 hectáreas de chacra acumulan el 27% del área total y el 27% de la producción”, advirtió.
Reveló que la principal forma de tenencia de la tierra en las chacras cultivadas con arroz es el arrendamiento, que alcanzó en la presente zafra poco más de 109.000 hectáreas, el 76% del total. Esa proporción varía al considerar su distribución entre zonas: 84% en el centro, 85% en el norte y 72% en el este, precisó.
Un gorgojo
México, el segundo principal destino para el arroz uruguayo, cerró su mercado a ese producto, tras la detección de una plaga cuarentenaria en embarques arroceros enviados desde Uruguay.
“El mercado de arroz lo cerraron en el correr de la semana pasada”, dijo el director de Servicios Agrícolas del MGAP, Federico Montes, el viernes 20 en una conferencia de prensa realizada en el Aeropuerto de Carrasco al arribo de una misión oficial encabezada por el ministro Enzo Benech en tierras mexicanas.
De enero a agosto de 2019 el monto de las exportaciones de arroz al mercado mexicano alcanzó US$ 46 millones, debido a un incremento de 58%, en comparación a igual período del año pasado, según datos del instituto Uruguay XXI. Perú, con US$ 50 millones, figura en el primer lugar entre los mercados para ese grano uruguayo.
Benech aseguró que el mercado de México “es muy importante” para el país, que “está abierto” y “seguirá creciendo”.
Por una “contaminación cruzada” los mexicanos encontraron la presencia de un “gorgojo” en el arroz uruguayo, indicaron esos jerarcas. Señalaron que la plaga detectada no está presente en Uruguay y es posible que la contaminación se originara en un contenedor que antes se utilizó con otros productos en zonas endémicas, como puede ser Asia o África.
Si bien el titular del MGAP quiso dar la señal de que México está abierto para el arroz de Uruguay, al mismo tiempo reconoció que los mexicanos harán en octubre una auditoría del protocolo fitosanitario para la exportación del grano, que firmaron en la reciente visita a México.
Por eso es que la corriente comercial retomará la normalidad “cuando se levanten las restricciones posteriormente a la auditoría”, comentó Montes.
Aclaró que hubo un acuerdo con las autoridades mexicanas en cuanto a que lo enviado antes del cierre del mercado, que son unos 600 contenedores y un barco con 29 toneladas de arroz, serán analizados “caso a caso” y que “podrán ingresar a México en la medida que cumplan los requisitos fitosanitarios”.
Y 31 contenedores interceptados por los mexicanos regresarán a Uruguay, precisó.