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Conversar con el español Joan Melé no es solo hablar de economía. Más bien es hablar sobre todo, salvo economía, al menos en el sentido clásico de la palabra. Este banquero, exdirector de la institución europea Triodos, cita datos de especies en extinción, mal uso de recursos naturales, y hasta de la cantidad de desechos alimenticios. Su crítica es, al final, a un modelo económico que apunta al consumo y la rentabilidad por sobre “la dignidad humana”. Y es solo como forma de ofrecer una alternativa que vuelve a hablar sobre su métier, la banca denominada “ética”.
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“Se puede hacer muy buena banca. Y el modelo que nosotros proponemos es de banquero profesional. Pero hemos vuelto a la idea del oficio de banquero, apuntando a acompañar a las empresas, asesorarlas. No solo prestar o no prestar. La ventaja de hacer la banca ética latinoamericana es que cuando alguien de Uruguay diga, ‘esto no sé a quién venderlo’, pues tenemos un contacto en Colombia”, dijo a Búsqueda.
Melé, quien se encuentra esta semana en Uruguay, aspira a una banca ética latinoamericana que se inspire en el modelo de Triodos Bank. Creado en 1980 en los Países Bajos, esa institución presta dinero a proyectos sustentables que apunten a desarrollar la cultura, el medioambiente y la sociedad.
En Chile ya está operativa una plataforma de crowdlending y se planea un fondo de inversión. En Uruguay, un grupo de 20 profesionales trabajan para que ese futuro banco ético tenga aquí su casa matriz (Búsqueda Nº 2.009). Durante esta visita, Melé trabajará con ellos para sentar las bases de un análisis de prefactibilidad que determinará qué sectores de la economía necesitan el apoyo de una entidad de ese tipo. “Que es viable lo sabemos, pero vamos a hacer el estudio a fondo de los sectores más importantes en Uruguay, cuáles vale la pena financiar, cómo desarrollarlos”, explicó.
Otros grupos trabajan en Argentina, Brasil, Colombia y México. Además, profesionales de Ecuador y Perú han expresado interés en sumarse al proyecto, así como en Guatemala. En ese esquema, Uruguay aporta el beneficio de estar “geográficamente en el centro” y dar estabilidad económica. Eso, aseguró el español, es más importante que la pequeñez del mercado.
“El tamaño de los países no es importante. Pensamos en Latinoamérica como región, trascendiendo los estados-frontera. Buscamos al ser humano, que es lo que nos interesa. Y cómo atar al ser humano la dignidad perdida porque lo hemos tomado solo como un factor de ganar dinero, de consumir. Hemos pensado que Uruguay podría ser un buen lugar para centralizarlo todo, porque geográficamente está en el centro, pero también hay una cierta estabilidad y tranquilidad”, apuntó.
Rentabilidad y conciencia.
El objetivo de la banca ética parece ser, al final, cambiar la forma en la que se consume. En ese camino, consideró Melé, las nuevas tecnologías pueden contribuir para dar trazabilidad a los productos, y poder saber “quién lo ha hecho, en qué condiciones humanas, cómo ha respetado el medioambiente”.
“Lo que tenemos que provocar es una discusión de un cambio de conciencia. Si seguimos así, en cuatro años no nos queda Latinoamérica. Porque la estamos destruyendo con la extracción, la pesca intensiva, la agricultura transgénica. Esto es pan para hoy y hambre para mañana. Por eso también vamos a ir a universidades y escuelas a difundir que no nos podemos seguir dejar engañando por esta falsa riqueza rápida que lo destruye todo”, dijo.
El modelo de banca ética establece más de 120 subsectores en donde se puede invertir (y otros muchos en los que no). Así, se podrían financiar proyectos asociados a la agricultura orgánica o apoyar empresas donde se respete el medioambiente y los derechos laborales. Para estos banqueros, explicó, el precio final termina siendo algo secundario.
“Hacemos un análisis muy exhaustivo y vemos quién dirige a la empresa, qué valores hay detrás, si son formales o no. Llevo siete años viajando por Latinoamérica y hay mucha gente luchando por salir de este arquetipo de informalidad en todos los sectores. El hecho de que nos ayudemos mutuamente hará que esto se desarrolle. Y el trabajo de acompañamiento y asesoramiento permitirá que algunas personas que hacen cosas de manera no tan eficiente, las puedan hacer de forma más eficiente, ganando más dinero. Porque para ganar dinero no todo es bajar precios, sino trabajar de manera más eficiente. Esto es un camino que comienza, pero como vemos la respuesta de la gente estamos seguros de que va a funcionar”, agregó.
Pero el modelo también implica una organización bancaria distinta a la tradicional. Por ejemplo, se fija una escala salarial donde no hay diferencias abrumadoras entre los principales ejecutivos y los empleados en lo más bajo de la cadena. Esto, consideró Melé, les permite seguir ofreciendo una rentabilidad competitiva a sus ahorristas.
“Hay bancos en los que puedes ganar 20% o 30% pero puedes perder lo mismo. Porque son inversiones especulativas. Nosotros no especulamos, pero los clientes no tienen que renunciar a su rentabilidad. Hacemos economía real, donde el dinero de las personas sirve para las personas. Los préstamos que damos son muy competitivos, y lo podemos hacer porque los salarios no son millonarios y no gastamos dinero en tarjetas oscuras que no se sabe en qué usan los directivos, ni en coches de lujo. Esto permite tener precios que pagamos al ahorrador, como en los préstamos, muy competitivos”, aseguró.
“Solo hemos hablado de dinero, beneficio, crecimiento, pero en eso el ser humano queda marginado. Y esto ha provocado que unos nos hagamos daño a los otros. Tenemos que recuperar la dignidad humana y el respeto por la tierra. Y no es una utopía, yo soy banquero, estoy hablando de algo real y que funciona. Es algo tan sencillo, tan sensato, que es como una revolución de la conciencia. Y en poco tiempo vamos a cambiar muchas cosas”, dijo.