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El joven estadounidense Jordan Speith entró en la historia grande del golf mundial al ganar el domingo la 115ª disputa del Abierto de Estados Unidos. Fue el segundo Major de su meteórica carrera luego de su imposición en abril pasado en el Masters de Augusta, el primer Major del año. Speith, de solo 21 años, empleó 275 golpes, cinco bajo el par de la cancha del Chambers Bay Golf Club. En segunda posición, con un golpe más, terminaron empatados su compatriota Dustin Johnson y el sudafricano Louis Oosthuizen.
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La cancha de Chambers Bay fue la verdadera protagonista del US Open al ser presentada en muy malas condiciones para el campeonato más importante que tiene la United States Golf Association (USGA).
Tras sus victorias en el Masters y en el US Open, ahora Speith busca lograr la hazaña de conquistar los cuatro Majors de la temporada, hecho nunca logrado hasta el momento por ningún golfista. Vale recordar que la próxima cita con un “grande” será a mediados de julio en el British Open en el legendario Old Course de Saint Andrews.
En tanto, el argentino Andrés Romero —quien trabaja con el profesor Ruben Llanes, director de la Escuela de Golf del Club de Golf del Uruguay, desde hace más de un mes—, fue el mejor golfista latinoamericano ubicado en el campeonato al terminar en el puesto 14º con un acumulado de 282 golpes para las cuatro rondas. Su compatriota Ángel Cabrera y el colombiano Camilo Villegas, los otros golfistas latinos que formaron parte del evento, finalizaron en posiciones retrasadas.
El segundo Major.
Tras la disputa del Masters de Augusta, el segundo Major del año comenzó el jueves 18 con la participación de 156 golfistas en busca de la gloria, dada la enorme importancia que han adquirido últimamente en el mundo del golf estos campeonatos. Son los certámenes que definen, que marcan las carreras de los profesionales. Además del aspecto económico (esta edición repartió 9 millones de dólares con 1.8 para el ganador) obtener un Major significa entrar en la historia grande en los registros de este deporte.
Ese día, a través de la televisión millones de espectadores de todo el mundo quedaron asombrados ante el estado que presentaba la cancha elegida por la USGA para albergar su campeonato más importante. En un escenario totalmente anormal para recibir a un Major, los jugadores sufrían verdaderamente con el estado del campo, donde, por ejemplo, los bordes de los greens estaban delimitados con puntos blancos en un hecho sin precedentes para un torneo de tal importancia. Cuesta entender cómo la USGA, entidad rectora del campeonato que fijó esta cancha en el 2009 para jugar el US Open que recauda una suma multimillonaria por organizar el Abierto, no tomó otro tipo de recaudos para presentar un campo en mejores condiciones.
Al final de la primera jornada el sueco Henrik Stenson y el norteamericano Dustin Johnson quedaban en lo más alto del tablero igualados con una tarjeta de 65 golpes. Por otra parte, los 80 golpes empleados por Tiger Woods en la vuelta inicial ya lo dejaban prácticamente fuera del torneo en una nueva decepción del ex número uno del mundo.
En la segunda vuelta, Jordan Speith, la nueva revelación del golf mundial mostró toda su categoría al hacer 67 golpes y así alcanzar la punta con un acumulado de 135 impactos para los 36 hoyos. El corte clasificatorio quedó establecido en 145 golpes, quedando 76 jugadores en competencia para afrontar el fin de semana, dentro de los cuales como podía preverse desde la primera jornada no estaba Tiger. Los tableros mostraban jugadas dos vueltas en que solamente quince jugadores quedaban bajo el par de la cancha demostrando las difíciles condiciones del campo de juego.
La tercera ronda del US Open es un verdadero desafío para los protagonistas, donde generalmente ocurren los grandes movimientos en las posiciones. Así fue que al final del día cuatro golfistas (Speith, Johnson, Branden Grace y Jason Day) quedaban al tope de las posiciones con un score de 206 golpes. A falta de una ronda había nueve jugadores separados por tan solo tres golpes en un presagio de lo que sería una ronda de golf espectacular más allá del estado de la cancha, que merecía fuertes cuestionamientos por la mayoría de los protagonistas.
Dramática definición.
Dado el alto nivel de juego que se observa en los diferentes circuitos profesionales del mundo, se ha vuelto cada vez más difícil ganar un campeonato. Ello pudo comprobarse nuevamente en la ronda final de este Abierto de Estados Unidos, donde se apreció a jugadores con gestos adustos, pocas sonrisas, tiros muy malos, decisiones equivocadas. Todo en un clima de tensión y mucho nerviosismo. Tras los primeros nueve hoyos de la vuelta final disputada el domingo 21, Johnson parecía encaminarse a lograr su primer Major tras haber logrado una clara ventaja de tres golpes sobre sus perseguidores. Sin embargo, tres bogeys en los cuatro primeros hoyos de la vuelta le hicieron perder la punta y plantaron una definición totalmente abierta del torneo. Fue entonces que a partir de ese momento, varios de los candidatos que buscaban la victoria cometieron errores increíbles en alguna instancia de la competencia en los hoyos finales.
Ante tales circunstancias, con un nivel de juego superlativo, Oosthuizen hizo cinco birdies consecutivos entre los hoyos 12 y 16 para ser el primero en colocar el score de 276 en los tableros y esperar la llegada de los grupos finales. Grace tiró su pelota fuera de límites en el hoyo 16 que fue a parar cerca de la vía de trenes que corre paralela a la cancha y con ello se esfumaron sus aspiraciones. Luego de un tiro de salida muy malo, Speith hizo un terrible doble bogey en el par tres del hoyo 17 y pareció que también se quedaba en la puerta del título. Sin embargo, con gran categoría hizo un birdie en el último capítulo y así pudo terminar con un golpe menos que Oosthuizen.
En tanto, jugando en el último grupo tras hacer birdie en el 17 y descontarle tres golpes al puntero, Johnson tenía el título en sus manos. Con dos tiros formidables dejó la pelota a cuatro metros del hoyo con posibilidades de hacer un águila. Pero en forma poco creíble a ese nivel y cuando todos se aprestaban a un desempate programado a 18 hoyos para el día siguiente, el estadounidense hizo tres putts desde esa distancia dejándole el título a un incrédulo Speith, quien seguía las alternativas desde un televisor en el recinto donde se controlaban las tarjetas.
Fue así que a los 21 años la joven estrella sorprendió una vez más al mundo del golf y ahora va por su gran meta: destronar al norirlandés Rory McIlroy del primer lugar del ranking mundial.
Clasificación.
Los primeros diez ubicados en la edición 115ª del US Open quedaron automáticamente clasificados para la próxima disputa del torneo. Esta fue la clasificación final: 1) Jordan Speith (EEUU) 275 golpes; 2) Louis Oosthuizen (Sudáfrica) y Dustin Johnson (EEUU) 276; 4) Adam Scott (Australia) 277; 5) Cameron Smith (Australia), Branden Grace (Sudáfrica) y Charl Schwartzel (Sudáfrica) 278; 8) Brandt Snedeker (EEUU) 279; 9) Rory McIlroy (Irlanda del Norte), Jason Day (Australia) y Steve Lowry (Irlanda del Norte) 280.