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La película llegó con laureles —los de Cannes, ni más ni menos— y también con premios significativos. Las cosas que decimos, las cosas que hacemos, del director francés Emmanuel Mouret, se estrenó a principios de junio en Uruguay con múltiples nominaciones en los Premios César, el galardón a Mejor película en los Premios Lumières y hasta el reconocimiento a la Mejor película francesa según el Sindicato Francés de Críticos de Cine.
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El auspicio no mentía. Si la francofilia debía sentirse orgullosa de una historia concebida para la pantalla grande, el entrevero romántico dirigido y guionado por Mouret es un ejemplo más que apropiado. Con una narrativa construida por dos impulsos, uno más melancólico y otro más juguetón, la película despliega su encanto en la convivencia de historias ligeras y serias en donde los personajes de Mouret son confrontados por sus propios deseos y aspiraciones.
Los principales conductores de esos relatos son Daphné, una anfitriona embarazada de una casa de campo, y Máxime, el primo de su novio, quien busca en la campiña francesa poder reemplazar su oficio de traductor por el de la escritura de ficción. La palabra, entonces, es el nexo del vínculo de ellos y de quienes integran sus círculos, donde las contradicciones de una vida dedicada a la intelectualidad son recalcadas, con humor y coherencia, por la mirada de Mouret. Los dos protagonistas, Camélia Jordana y Niels Schneider, son encantadores en sus papeles y son secundados por Vincent Macaigne, Émilie Dequenne, Jenna Thiam y Guillaume Gouix, un desfile de intérpretes franceses de altura.