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    ‘Horizontal’, muestra colectiva a partir de fotos de Magela Ferrero en el Centro Cultural UTU

    La fotógrafa y artista visual propone que el público intervenga sus fotos y que esos trabajos se integren a la exposición; este jueves 19 a las 18 horas, habrá otro encuentro con entrada libre y para todas las edades; el 30 de abril, los participantes podrán llevarse sus obras

    La mesa tiene 10 metros y se impone en la sala de exposiciones del Centro Cultural UTU (Gonzalo Ramírez 1675). En la cabecera, una bobina de papel de grandes dimensiones, que llegó a tener unas 600 fotos impresas, espera el momento para ser desenrollada. Cada jueves desde el 26 de febrero, quienes asisten a la propuesta de Magela Ferrero (Montevideo, 1966) han visto cómo la mesa se cubre de imágenes muy queridas por la fotógrafa.

    Las personas alrededor de la mesa saben que a continuación podrán intervenir esas fotos como quieran y que después podrán colgar sus trabajos en la pared. Saben que Horizontal va a ser su exposición a partir de las imágenes de Ferrero, como si fueran capas de un palimpsesto. Este jueves 19 será el último en el que participe el público de manera activa, aunque el 30 de abril, cuando se levante la muestra, quienes intervinieron están invitados a asistir, participar de una conversación e irse con sus obras.

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    Magela Ferrero en el Centro Cultural UTU.

    Magela Ferrero en el Centro Cultural UTU.

    “Le llamo activación a este trabajo con el público. Es una muestra colectiva y actualmente hay 90 expositores”, dice Ferrero a Búsqueda en la atractiva sala de ladrillos a la vista. “El año pasado me invitaron a exponer aquí, pero no podía por falta de tiempo y de recursos económicos. Entonces pensé qué podía hacer con recursos mínimos, de forma imaginativa y colaborativa. Lo que se me ocurrió fue imprimir las fotografías en una bobina de papel de 40 metros. Ahora quedan 10 metros”.

    En 1989, Ferrero comenzó a trabajar como fotógrafa en medios de prensa, en editoriales, en eventos sociales y culturales y en forma independiente. Su sensibilidad la llevó también a vincular sus fotografías con otras expresiones artísticas. Es una artista visual cuyas obras se han expuesto en Uruguay y en el exterior.

    “Trabajar con otras personas me encanta. Si fuera por mí, iría por todos lados con este tipo de propuesta. He hecho trabajos en el interior y la experiencia es muy linda. Soy autodidacta, no tuve los medios, ni económicos ni anímicos, para estudiar. Entonces entiendo la inseguridad de quienes quieren expresarse, de quienes se disculpan por lo que van a hacer. A veces se nos interpone la fantasía de que lo que hacemos será validado si llega a una pared, pero antes de la pared está sentirte bien, saber quiénes somos y qué historia necesitamos contar. Tal vez solo queremos que alguien nos escuche. A mí me ayudaron mucho y pude hacer cosas muy hermosas”.

    Entre esas cosas hermosas están las fotografías que Ferrero entrega a los participantes para que las recorten, las pinten, les escriban frases, las rasguen. Son fotos para ella importantes, significativas. “Se comparte lo que nos importa. Siempre recuerdo un pasaje de la película Sacrificio de Andréi Tarkovski, cuando el personaje entrega un regalo y dice que todo regalo es un sacrificio, si no, no es un regalo”.

    El resultado es variado, colorido, desparejo, imperfecto. Una muestra que tiene mucho de artesanal y de alguna forma es anónima, aunque los nombres de los participantes están escritos en largas listas en la pared. Lo que prima es la imagen, pero también hay palabras, porque Ferrero propone en la invitación que hace por Instagram que quienes quieran acudir a la activación se lleven alguna palabra, alguna frase o algún pensamiento que les inspire el trayecto hacia la sala. No todos escriben, algunos usan témpera blanca para hacer sus propias pinturas o tapar parte de las fotografías. Otros prefieren intervenir apenas la imagen original y hay quienes la desgarran o fabrican algún objeto.

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    Obras de Horizontal en el Centro Cultural UTU.

    Obras de Horizontal en el Centro Cultural UTU.

    El impulso y su freno

    “Algo que propongo ejercitar es volver a pensar el lugar que le damos al artista. La gente va a las salas y contempla las obras, pero muchas veces no tiene ni siquiera dónde sentarse a escribir una nota que diga lo que le pasó al verla. Ese mensaje no nos llega a las personas que tenemos la posibilidad de exponer o, si nos llega, lo tomamos de una manera reactiva y pensamos ‘este qué sabe’. Por eso ver pedazos de mis fotos en el piso es un ejercicio de tolerancia, de poner a prueba las ideas y ver que las cosas que enunciamos en la teoría somos capaces de llevarlas a la vida. Para mí cada vez más eso que llamamos ‘arte’ tiene el cometido de que las personas seamos más tolerantes, que nos escuchemos”.

    Esa tolerancia la ha visto en algunos de los encuentros cuando una persona judía se sentó frente a alguien que ha marchado por Palestina. “Sé que se conocían y en este espacio se toleraron”.

    En el primer jueves asistieron 130 personas y en total, hasta el jueves 12, participaron unas 200 de todas las edades. Ferrero siente que quienes son artistas se han reprimido más que el resto del público o no han querido intervenir. “Eso también es una reflexión. El nombre que logramos con el tiempo tendría que darnos libertad y seguir sintiendo la alegría que nos transmite una obra. Que un día sientas estrés por expresarte es una locura. Deberíamos cuidar como un tesoro eso que nos hace bien para poder transmitirlo ”.

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    Para Ferrero no hay belleza ni profundidad en lo que hacemos si no le dedicamos el tiempo suficiente. “El tiempo es la masa madre de nuestra vida”, dice. “Podés hacer un clic rápido y hacer algo lindo, pero todo lo que hiciste para hacer ese clic te llevó toda tu vida afectiva, toda tu atención, todas las películas que viste y los libros que leíste y los discos que escuchaste”.

    Después del primer jueves propuso hacer pausas entre los impulsos y los actos para que cada uno se haga preguntas. La música suave de fondo ayuda a moderar los impulsos. “Las personas entran en contacto con imágenes que no forman parte de su vida ni de su memoria, no saben por qué saqué una foto, qué significó para mí, qué me evoca al mirarla. Pero a esa persona le evoca algo con su propia emoción”.

    Ferrero se apoya en los buenos momentos, sin desconocer los horrores del presente. Sin embargo piensa que no hay que repetir el discurso de que está todo mal. “A veces en nuestros pequeños mundos podemos hacer cosas que están buenas y elegir qué replicar. Usemos estos espacios del arte no con ingenuidad, sino con compromiso. Es fácil compartir, pero no lo tenemos incorporado. Esto que digo parece naíf o propio de una persona muy buena, pero surge de mis miserias, no de mis virtudes. A mí me han rescatado de mi oscuridad personas que se han acercado. Esto no lo hago sola. Me han ayudado personas de acá de la UTU, también de mi entorno cercano, que me han traído la comida, que me hacen la playlist, que me llevan o me traen. Nadie tiene luz sin sombra”.

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