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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUna carta “escrache” presentada por realizadores, productores, guionistas y otras personas vinculadas al cine uruguayo constituye un ejercicio de mala fe o ignorancia, o ambas cosas a la vez. Se pone en la picota a la Dirección del Cine y Audiovisual Nacional (ICAU) y fundamentalmente a la figura de su director, Martín Papich.
Decir sin fundamento alguno que Henry Segura trabaja para las salas de cine privadas en detrimento de la exhibición de películas uruguayas y que esto está avalado por el ICAU y su director constituye un chisme, un “bolazo”. Manifiesta intención de ensuciar a personas y sus desempeños. No se presentan pruebas, solo correlaciones.
Es una puerilidad pedir la renuncia de Papich a la dirección del ICAU con base en caprichos y deformaciones, sin un plan, un programa de actuación. Los corporativistas del cine —al igual que los del teatro— saben pedir fondos públicos, pero en eso no se incluye al contribuyente, el ciudadano.
El problema del cine uruguayo no es Martín Papich, ni la solución es su retiro del cargo.
El cine uruguayo no tiene público. Los espectadores son muy escasos, mientras demasiadas personas quieren ser realizadores. Más de lo que las subvenciones y el mercado pueden financiar.
¿Este resultado se debe a Papich? ¿A Henry Segura? ¿A las salas de cine? ¿Al ICAU? No, se debe a los guiones, a los temas, a las realizaciones, que están de espaldas a las sintonías del público. Tal como lo pregonó Cinemateca Uruguaya y su casi eterno directivo (¿dueño?), Manuel Martínez Carril, el cine que entretiene no es bueno. Así, “Little Miss Sunshine” es tan malo como “Los puentes de Madison”, “Antes que el diablo sepa que has muerto”, “El desconocido”, gran parte de la obra de Kubrick y mucho más.
El cine del quietismo, el autor con su ego por encima del público, despreciándolo y adhiriendo a cuanta corriente alternativa emerge es lo que le importa al mundillo amniótico de los creadores cinematográficos nacionales.
Consignó “El Observador” el día 10 pasado:
“El cine uruguayo perdió a la mitad de su público en las salas comerciales en 2015, en comparación con el año anterior. En 2016, la tendencia se detuvo. Mientras que el año pasado casi 36.000 personas compraron su entrada para ver una película nacional, este año el número aumentó a 47.000, según cifras provistas a “El Observador” por la Dirección del Cine y Audiovisual Nacional (ICAU). En total, el ICAU lista 15 películas de origen nacional estrenadas entre el 1º de enero y el 16 de noviembre de 2016”.
Hagamos cuentas sobre lo que corresponde a este año: 47.000 entradas vendidas en 15 películas equivale a un promedio de 3.200 entradas por película. La cantidad de funciones alcanza un promedio de 313 en todo el año. Eso da un promedio de 10 espectadores por función.
A mi entender, la única solución pasa por el aumento del número de espectadores. Para ello se necesitan menos películas, con guiones con “aire”, atractivos. Quince películas por año de cine uruguayo compiten entre sí en un mercado estrecho, y además compiten con películas de otras nacionalidades que complacen el gusto de los espectadores. Es suficiente para fracasar.
No me voy a detener en cada una de las acusaciones de la carta contra Martín Papich. Ahora prefiero ser conciso, porque dinero hay y se distribuye bien —aunque eso pueda admitir correcciones—, pero los que denuncian con tanta facilidad son los mismos que no logran armar un programa que procure un aumento de público.
Finalmente, si las salas privadas fuesen tan malas con los títulos uruguayos como dicen los firmantes, serían contrarias a su finalidad principal y casi única, que es la ganancia, el lucro.
Pd.: En YouTube se pueden encontrar películas argentinas de primer nivel, como en las que actúa Francella, por ejemplo El secreto de tus ojos, algunas de las actuadas por Peretti y más, como “Nueve reinas”, “El aura”, “El custodio”. Ni una sola película uruguaya está en YouTube.
Manuel Esmoris