Las bromas iban y venían entre los legisladores. Ya habían pasado dos largos días discutiendo una nueva Rendición de Cuentas y el cansancio hizo que los diputados alternaran con sus suplentes más de lo habitual. Así, entre el polémico debate por el ajuste fiscal se escuchaba al secretario de Cámara repetir: “licencia por motivos personales” y una larga lista de nombres. A unos cuantos les sorprendió la alta rotación que hubo en los tres días de votación. “Cada vez que entraba a sala había alguien nuevo y llegó un momento que ni a mis compañeros conocía”, comentó a Búsqueda un legislador oficialista.
El investigador Daniel Chasquetti, del Instituto de Ciencia Política, sigue de cerca el uso de las licencias y su análisis le da un diagnóstico claro: legislatura a legislatura ingresan más suplentes en la Cámara Baja. Ese crecimiento no solo se refleja en nuevos rostros en las bancas de Diputados, también es más gasto para el Parlamento: unos $ 25 millones en lo que va del período.
Desde el 1º de marzo de 2015 hasta el 12 de julio de 2016 hubo 32 sesiones en la Cámara de Representantes. En ese período los diputados presentaron 1.585 pedidos de licencia por un total de 3.544 días, de acuerdo al relevamiento hecho por Búsqueda en base a los diarios de sesiones. No fueron incluidas las solicitudes hechas durante la Rendición de Cuentas entre el 1º y 4 de agosto debido a que aún no se procesó la información.
En enero y febrero la Cámara no tiene actividad a excepción de sesiones extraordinarias o la actuación de la Comisión Permanente. En esos meses la gran mayoría aprovecha para irse de vacaciones. De todos modos, a lo largo del año y medio de legislatura cada uno de los 99 diputados pidió en promedio 36 días de licencia extra. En su lugar entraron los suplentes, a quienes el Parlamento les pagó el equivalente a cada jornal de legislador.
Según datos a los que accedió Búsqueda, al año se destinan $ 213 millones para el pago de sueldos de los 99 legisladores titulares. En lo que va de la actual legislatura, los suplentes le costaron al Parlamento $ 25 millones. Es decir, el representante titular cobró su salario como todos los meses, y el suplente recibió unos $ 7.000 nominales por cada día. Todo pago por el Parlamento.
La primera vez que se reguló el uso de licencias fue en 1945. En aquel entonces la ley 10.618 determinó que al aprobar una licencia se convocará al suplente teniendo en cuenta determinados requisitos: que la licencia fuera por más de 30 días, que fuera por misión oficial, por enfermedad o si la pedía su partido político.
Ese escenario era controlado, dice el politólogo Daniel Chasquetti. El número de suplentes, según él, “nunca fue desmedido”, al menos hasta la dictadura militar en 1973. Ya en democracia, en 1993 durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, el Parlamento modificó la ley y flexibilizó el sistema. Allí apareció el rubro “motivos personales” para justificar las solicitudes de licencia, la causa mayoritaria de los pedidos de suplencia actualmente.
También se agregó la posibilidad de pedir licencia en “virtud de obligaciones notorias, cuyo cumplimiento sea de interés público, inherentes a su investidura académica o representación política”. Y otra nueva opción fue habilitar a que pidan licencia sin expresión de causa, pero se otorgarán sin goce de sueldo y no podrán superar las 30 al año.
En 2004 hubo un nuevo cambio. Se incluyó la licencia por maternidad o paternidad, utilizada rara vez. Y se definió el pago de licencia a los suplentes cuando sea menor a 15 días. Con los últimos cambios el número de suplentes se disparó, en especial en Diputados donde se da la mayor rotación.
En la anterior legislatura entre 2010 y 2015, se alcanzó una cifra inédita de 296 suplentes, según relevó Chasquetti en su investigación “Partidos legislativos ampliados. Los efectos del cambio en el régimen de suplencias en el Parlamento uruguayo”.
En los cinco años del gobierno de José Mujica los diputados presentaron 5.050 solicitudes de licencias que sumaron 13.320 días, un promedio de 27 jornadas por legislador cada año. Un alto porcentaje fueron por “motivos personales” (78%), seguidas de “misión oficial” (10%) y el resto repartidas entre representación política (7%), suplencias en el Senado (3%) y en último lugar por enfermedad (2%).
Los legisladores del Frente Amplio son la bancada más grande y suman la mayor cantidad de pedidos. Sin embargo, en la oposición solicitaron más días si se considera el promedio de cada representante. En la bancada oficialista el promedio por legislador es de 36,6 días, en la del Partido Nacional es 38, en la colorada 27, en la independiente 47 y en la del único diputado de Unidad Popular, Eduardo Rubio, es 48.
Los hijos y el Sunca
En el primer año y medio de esta legislatura los diputados llevan pedidos un promedio de 36 días de licencia extra cada uno. Los motivos personales siguen siendo el argumento más usado y se da un aumento de las solicitudes por representación política. En los hechos, los legisladores se ausentan por razones muy variadas. Las reuniones convocadas por el presidente Tabaré Vázquez por seguridad y petróleo, seminarios desde cooperativismo hasta derechos humanos y la campaña para las elecciones del Frente Amplio son los ejemplos más recientes.
El comunista Óscar Andrade abandonó su banca pero en el tiempo que la ocupó se tomó 100 días de licencia —53 por motivos personales, 34 por misión oficial y 13 por representación política—. La cifra más alta de los 99 diputados. Desde su ingreso reivindicó su condición de dirigente sindical de la construcción y por ello el 11 de mayo de 2016 uno de sus pedidos de licencia fue para ir a la inauguración de un local de su sindicato.
La coloniense Mercedes Santalla, también del Frente Amplio, fue la que más pedidos hizo (42), que suman 60 días. Nicolás Viera la suplantó siempre. El 7 de abril Santalla se ausentó para estar en un evento de descentralización que se realizó en Colonia. Lo mismo hizo cinco días después para participar de una charla sobre mujeres políticas también en Colonia.
Su colega Luis Gallo se licenció el 12 de julio para estar en el aniversario de Canelones y su banca la ocupó Rodrigo Amengual. El 5 de julio la blanca Elizabeth Arrieta dejó su lugar a su suplente Jesús Bentancor para poder asistir al aniversario de Punta del Este.
El único legislador que pidió licencia por paternidad es el blanco Álvaro Dastugue, quien solicitó tres días. En su lugar entraron dos suplentes: Ignacio Estrada y Grysel Pereyra.
Y la campaña electoral del oficialista Alejandro Sánchez a la presidencia del Frente Amplio lo llevó a pedir 53 días de licencia.
El más flexible
Las sucesivas modificaciones terminaron con un sistema considerado por Chasquetti como “el más flexible del mundo”. Sobre todo, las hechas en 1993 y 2004 que fueron “un facilitador” para que los partidos creen estrategias en el uso de las licencias, dijo a Búsqueda el investigador del Instituto de Ciencia Política.
Los acuerdos preelectorales son parte de ellas y consisten en un arreglo entre el titular y el suplente para compartir la banca. También se utiliza para formar cuadros políticos donde los jóvenes dirigentes se entrenan en el debate parlamentario. Ambos casos forman parte del repertorio de varios sectores del Frente Amplio, informaron legisladores oficialistas a Búsqueda.
Los primeros estrategas fueron legisladores tupamaros que utilizaron este mecanismo para promover nuevos cuadros. Funcionó y los demás sectores lo copiaron. La estrategia se hizo tan evidente que otros partidos la tomaron. En el Partido Nacional se ve cómo ingresan de continuo nuevos dirigentes, en especial jóvenes.
Al analizar la actual legislatura se ve en el Frente Amplio que cuando Sánchez pidió licencia su lugar lo ocuparon dirigentes jóvenes como Camilo Cejas, Diego Reyes y Sebastián Valdomir. Ellos mismos también entraron a sala para suplir las licencias de Susana Pereyra, César Groba, Daniel Caggiani, Julio Battistoni y Lilián Galán.
Estos ejemplos son los que llevaron a Chasquetti a plantear en una columna de opinión escrita en marzo del año pasado en Montevideo Portal, que un mecanismo como el actual “vuelve más débil y menos institucionalizado” al Parlamento ya que tanta rotación “atenta contra la especialización legislativa y la acumulación de saber”.
Para el politólogo “es obvio” que muchas leyes son votadas por legisladores suplentes “que carecen de la adecuada capacidad de discernimiento para las importantes decisiones que terminan tomando”.
La cantidad de suplentes da como resultado un dato relevante, según Chasquetti. “Con un electorado pequeño de solo dos millones de votantes, Uruguay cuenta con casi medio millar de representantes, cifra solo alcanzada por los países más poblados del mundo” como Estados Unidos, Gran Bretaña o Brasil. “Mientras algunos políticos y expertos recomendaban reducir el número de representantes (eliminar una Cámara, contar con medio centenar de bancas como Costa Rica), los partidos políticos uruguayos se las ingeniaron para ampliar la representación, llevándola hasta límites impensados”.
[ACTUALIZACIÓN] El presidente de Diputados propuso “revisar” licencias de los legisladores para evitar “abusos”. Léalo AQUÍ