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    En recuerdo de Enrique Tarigo

    El 14 de diciembre se cumplirán 10 años de la ausencia física del Dr. Enrique Tarigo, “Figura importantísima para la recuperación de la democracia”, “La voz, el rostro y el alma del NO”, tal como titularan, respectivamente, los periodistas Deborah Friedman y Tomás Linn los enjundiosos artículos publicados en Búsqueda el 19 de diciembre de 2002 al referirse a tan luctuoso acontecimiento.

    Lo recordarán y no solo en esa fecha, quienes fueron sus discípulos, sus colegas profesores, periodistas y quienes lo acompañaron en su actividad política. Pero sin lugar a dudas, fue su indiscutible protagonismo en la lucha por la reconquista de la democracia, y su inolvidable intervención en el debate que tuvo lugar el 14 de noviembre de 1980 en el Canal 4 a iniciativa de los periodistas Carlos Giacosa y Asadur Vaneskaian, aprobada por el director Hugo Romay, por lo que merecerá con toda justicia, el recuerdo de todos los que anteponen a toda otra conquista, la de la libertad y la democracia. Con contundentes argumentos precisó su oposición a la reforma constitucional propiciada por quienes detentaban el poder y defendía el voto por NO, pero, aun antes de intervenir en esta trascendental polémica, el Dr. Tarigo ya se había pronunciado contra esa posible aprobación, en otros medios periodísticos y desde el semanario “Opinar”, primero de oposición al régimen imperante, que fundara el 6 de noviembre, pocos días antes del plebiscito.

    No obstante, como mujer batllista debo también hacer presente en estos momentos, lo que quizá muchos no recuerden, que fue el primero en ocuparse de la cuota que asegure a la mujer su presencia en los organismos de decisión política y partidaria, muy tímidamente aprobada recién el 2009, que rigió para las elecciones internas de ese año y regirá para las elecciones nacionales en 2014 y departamentales en el 2015.

    El 24 de febrero de 1983 publicó en “Opinar” un artículo, “Las mujeres quieren ser elegidas”, en el que nos informaba que en Francia se había sancionado una ley electoral referida a las elecciones municipales que establecía que las listas de candidatos para integrar los Concejos Municipales no podrían contener más del 75% de personas del mismo sexo, lo que, indirectamente, se establecía que por lo menos el 25% deberían ser mujeres.

    Transcribiremos textualmente, para respetar con absoluta fidelidad su pensamiento, lo que anotaba en el semanario referido con motivo de la presentación de esa ley, en referencia a nuestro país. La Constitución de 1934 había establecido por primera vez que eran ciudadanos todos los hombres y mujeres nacidos en cualquier punto del territorio de la República, en contraste con las dos anteriores que solo otorgaban la ciudadanía a todos los hombres. Las mujeres pudieron ejercer el sufragio por primera vez en 1938 y desde entonces solo algunas habían sido elegidas diputadas o senadoras o integrantes de los Concejos Departamentales, pero en número no significativo. “La regla ha sido, y sigue siendo, el monopolio, o poco menos, de los hombres para el desempeño de los cargos electivos”. Y se preguntaba si resultaría conveniente, una vez que el país recuperara su normalidad institucional, innovar a ese respecto, si podría ser reflexionado: “El tema está planteado y abierto a la consideración pública. Habrá que volver sobre él. La sociedad de nuestro tiempo es, sin duda, bastante diferente de la de medio siglo atrás. El papel que en ella desempeñan las mujeres es, sin duda, más activo, más importante que el de entonces, cuando se les reconoció la calidad de ciudadanos en absoluta igualdad con los hombres. También en esa materia, como en tantas otras, parecería afirmarse la idea aristotélica de que las situaciones desiguales deben tratarse de manera desigual si es que se quiere avanzar en el camino de la igualdad. Y la verdad es que, aunque las mujeres tengan entre nosotros los mismos derechos políticos —y civiles— que el hombre, el desempeño de los cargos electivos, de hecho, aparece reservado solo a los varones”.

    Cierto que la lucha de las mujeres por conseguir posiciones de igualdad empezó en el mundo y en Uruguay mucho antes de que se pensara en la cuota. Pero mi objetivo en esta fecha es el recuerdo que nos merece el Dr. Tarigo, por lo que también creo oportuno hacer presente, de manera especial, a todos los que adhieren al ideario batllista, lo que expresara en uno de los aleccionadores discursos explicando a los jóvenes, especialmente, por qué votaría NO en el plebiscito al que ya nos referimos. Lo hizo en su condición de hombre del Partido Colorado, en la sede de la Coordinadora de la Juventud de ese partido en el mes de setiembre de 1980… Luego de una serie de preguntas que él mismo, incluyéndose entre los jóvenes, se hacía, porque eran las interrogantes que también ellos se hacían, “en medio de una circunstancia histórica distinta, anómala, en una etapa coyuntural que parece abrirse de repente, abruptamente, y cuyos términos resultan borrosos, imprecisos, a veces, cuestionados, procurando sintetizar, respondía a algunas de esas interrogantes, afirmando prioritariamente, que en primer lugar eran demócratas “porque creemos que en el pueblo, en todo el pueblo y no en una clase social determinada o en un sector o en una casta cualquiera que ella sea, reside la soberanía”, “pero además de demócratas, en el mismo plano que demócratas, tanto como demócratas somos liberales”… “porque creemos, por encima de todo, en la libertad, porque amamos la libertad, porque sabemos que sin libertad la vida no vale la pena ser vivida. Porque la libertad nos es tan necesaria, tan imprescindible espiritualmente, como físicamente nos son necesarios e imprescindibles el aire y la luz del sol… y además “somos colorados”. “El Partido Colorado, el partido histórico en sus orígenes mismos sintió, diría yo, que los verdaderos principios sean esos, la libertad y la democracia. No subestimó ni despreció, naturalmente, ni a la ley o la legalidad, ni al orden o a la autoridad, pero consideró, seguramente, que la ley y el orden son, apenas, instrumentos o herramientas, medios y no fines, puestos al servicio de los auténticos principios que son, repito, la democracia y la libertad”… “Y muchos de nosotros somos, además de demócratas y de liberales y de colorados, batllistas. Y ser batllista significa, además de todo lo anterior, tener una conciencia social muy viva, muy a flor de piel, sentir que la democracia no se agota con la libertad, ni, tampoco, con la igualdad de derechos, sino que precisa también de la solidaridad y —no tengamos temor o pudor a las palabras de verdadero amor entre los hombres, en especial hacia aquellos que por razones generalmente económicas son los más desafortunados y por ellos los más necesitados. Quienes somos batllistas creemos que en el ideario de don José Batlle y Ordóñez existe, todavía, una fecunda fuente de inspiración para construir un país mejor”. El espacio me obliga a detenerme, y también la emoción que me produce reconstruir mentalmente esa, entre otras instancias en las que yo también no tan joven, concurría a sus disertaciones, sintiéndome cada vez más consustanciada con la prédica ¡y el ejemplo de la conducta! De quien diera a su país y a su partido, integralmente, el aporte de una clara inteligencia y profunda sensibilidad en momentos en que se jugaba ¡nada menos! que el futuro de los uruguayos. ¡Gracias, inolvidable Dr. Tarigo!

    Alba G. Cassina de Nogara

    CI 385.097-2