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El golf tiene esas cosas. La 16ª Solheim Cup, el enfrentamiento entre equipos femeninos de Europa y Estados Unidos, se definió luego de tres extenuantes jornadas, con el último putt en el último hoyo de la ronda definitoria. La noruega Suzannn Pettersen embocó un putt desde dos metros para birdie en el hoyo 18 del Centenary Course de Gleneagles, en Escocia, para darle un histórico triunfo al representativo europeo. Las estadísticas muestran ahora que son seis victorias para las del viejo continente contra 10 de las estadounidenses.
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La idea originaria de este certamen corresponde al constructor de palos Karsten Solheim, quien impulsó en 1990 la disputa de una competencia femenina similar a la Ryder Cup masculina. En ese año se jugó la primera edición en el Lake Nona Golf Club, en Estados Unidos, y se alterna cada dos años para evitar competir con la Ryder Cup. La modalidad de juego a lo largo de las tres jornadas comprende ocho foursomes (tiros alternados de la pareja), ocho fourballs (mejor pelota de la dupla) para cerrar con 12 partidos individuales; esto implica un total de 28 puntos en disputa a lo largo de los tres días de juego.
En la mañana del viernes 13 comenzó la 16ª Solheim Cup con la disputa de cuatro foursomes, donde las golfistas locales tomaron la delantera. Por la tarde, llegaron los fourballs quedando Europa al frente con un score de 4.5 puntos a 3.5 puntos de las visitantes. Lamentablemente, algo recurrente, el juego lento estuvo otra vez en el centro de la polémica, al punto que al final de esa primera jornada las capitanas de ambos equipos (Catriona Matthew por Europa y Juli Inkster por Estados Unidos) fueron convocadas por el comité organizador para buscar una solución para las dos siguientes jornadas. Seis horas para jugar un fourball, un verdadero disparate.
En la segunda ronda llegó la reacción de las estadounidenses y al final del día los tableros mostraban igualdad en ocho puntos, algo que no se daba desde hacía varias ediciones de la competencia.
La definición
Sin sacarse ventaja luego de dos días de juego, dicha paridad en el puntaje agregaba un gran dramatismo a la definición de la Solheim Cup. Doce partidos individuales cerraban la competencia en la modalidad match play, un formato que tiene una “magia” especial porque se juega contra un rival directo y no contra la cancha como ocurre en el medal play. Para muestra del dramatismo que tuvo la definición basta repasar que cinco partidos terminaron en el hoyo 18 y otros cuatro finalizaron en el hoyo 17. Las europeas, apoyadas por una gran cantidad de público, salieron al frente ganando los tres primeros partidos. Vino la reacción de las estadounidenses para imponerse en cuatro matches, todo parecía en su favor. Necesitaban solo un empate en uno de los tres últimos partidos para quedarse con la copa.
Pero el golf, a diferencia de otros deportes, tiene muy poca o casi nada de lógica. La sueca Anna Nordquist le dio esperanzas a su equipo al ganar su partido en el hoyo 18. Atrás venía jugando la inglesa Bronte Lan, quien también ganó su punto. Quedaba solo un partido en la cancha, llegando igualadas al hoyo 18 la noruega Pettersen con la estadounidense Marina Alex. El capítulo final era un par cinco al que las dos llegaron con tres golpes al green. La visitante jugó primero y falló el putt.
Pettersen no dejó pasar la oportunidad, embocó desde dos metros y desató la locura. El título, luego de dos ediciones, volvía a Europa.