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    En una de las mejores ediciones de toda su historia, Estados Unidos en forma brillante volvió a conquistar la Copa Ryder

    Samuel Ryder difícilmente podría haber imaginado que su invento volaría tan alto. En agosto de 1927, en el Worcester Country Club de Massachusetts, golfistas de Estados Unidos vencieron a sus rivales británicos 9,5 a 2,5 en la primera edición de la Copa Ryder. Aquel enfrentamiento evolucionó y, a instancias del legendario Jack Nicklaus, la competencia bianual pasó a ser entre estadounidenses y europeos, lo que aumentó su popularidad a nivel global.

    De acuerdo a datos oficiales en la última edición de la Ryder, disputada entre el viernes 24 y el domingo 26, 180.000 personas pasaron, entre las prácticas y los días de juego, por el espectacular campo del Whistling Straits Country Club en el estado norteamericano de Wisconsin. En materia de audiencia se calcula que fueron 600 millones los televidentes en 183 países que vieron en directo las instancias a lo largo de las tres jornadas de juego. Estos números, tanto en público, como teleaudiencia, colocan a la Ryder Cup como uno de los eventos deportivos más destacados, compartiendo el podio junto a los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol.

    Seguramente en la televisación en directo del evento, algo que no existía por cierto en 1927 ni en Europa ni en Estados Unidos, pueda encontrarse una de las razones que llevaron al enorme impacto que ha alcanzado esta competencia.

    En el plano deportivo, el equipo de Estados Unidos le dio una verdadera “paliza” al europeo, al derrotarlo con un categórico 19 a 9, la mayor diferencia en el historial de más de cuatro décadas del certamen. Esa victoria le hace bien a la competencia, porque desde el ingreso de golfistas europeos, el equipo del Viejo Continente domina la contienda con 11 triunfos contra nueve de los norteamericanos y un empate.

    Ventaja inicial decisiva

    Temprano en la mañana del viernes 24 comenzó la edición 43ª de la Copa Ryder con la disputa de cuatro foursomes (tiros alternados de la pareja), en los que en forma sorpresiva, dados los últimos antecedentes, Estados Unidos sumó tres victorias contra una derrota, ventaja que sería decisiva en la definición del certamen. Por la tarde, se jugaron cuatro fourballs (mejor pelota de la dupla), donde el capitán europeo Padraig Harrington, en busca de una rápida reacción de su equipo, cambió por completo la integración de las parejas. Sin embargo, los cambios no le dieron solución y al final del día, tras otro 3 a 1, los tableros mostraban un score de 6 puntos a 2 a favor de los locales.

    En el mismo formato se desarrolló la segunda jornada. Por la mañana, los estadounidenses mantuvieron la vanguardia al ganar tres matches contra una derrota, mientras que por la tarde, en un nivel altísimo de golf, fue empate con dos triunfos para cada escuadra. Al final de la segunda jornada las posiciones mostraban un claro 11 a 5 para los locales. Vale recordar que ningún equipo ganador de la Ryder pudo remontar una diferencia mayor a cuatro puntos en el historial del certamen.

    Momento de gloria

    Los 12 partidos individuales disputados en Whistling Straits, con los cuales se cierra la competencia, seguramente serán recordados dentro de los mejores de la Ryder Cup por el alto nivel de juego demostrado por la mayoría de los protagonistas. Los números previos al inicio de la competencia mostraban a ocho jugadores del equipo estadounidense dentro de los top 10 del ranking mundial contra uno solo de Europa. Sin embargo, al tratarse de golf y todavía en la modalidad match play, donde lo único que importa es hacer un golpe menos que el rival en el hoyo, ese favoritismo no es tal y desaparece en el hoyo 1. En ese marco, vale destacar la actuación de Dustin Johnson, quien a sus 37 años ganó los cinco partidos que disputó, siendo el cuarto golfista estadounidense en lograr dicho registro en la Ryder. Por el lado de los europeos, brilla la enorme figura del inglés Ian Poulter, invicto en partidos individuales a lo largo de siete ediciones de la competición. Asimismo, en esta edición el español Sergio García pasó a ser el mayor poseedor de triunfos con un total de 24 logros en el historial de la Ryder.

    Pero el “héroe” de la jornada fue el joven Collin Morikawa, de apenas 24 años, quien le dio el punto decisivo a su equipo contra el noruego Viktor Hovland, también de 24 años, en una muestra que las nuevas generaciones ya llegaron a la Ryder Cup. A partir de ese momento y por más que quedaban cuatro partidos sin definición, se desataron los festejos por parte de los jugadores, capitanes, familiares y público en general. Finalmente, fueron siete matches a favor de los locales, tres para Europa y dos empates. Estados Unidos en forma contundente volvía a ganar la Copa Ryder y cortaba una clara supremacía de los europeos en las últimas contiendas.

    La Ryder Cup es drama, pasión, adrenalina, nervios, gritos, especialmente en la jornada final, donde se enfrentan, en partidos individuales, los 12 integrantes de cada equipo. En ese panorama, se destacó la actuación del capitán estadounidense Steve Stricker, quien colocó en los individuales a sus jugadores más fuertes en los primeros partidos buscando ganar rápidamente los cuatro puntos que le aseguraban el título. Fue uno de los varios aciertos que tuvo Stricker en el comando del equipo, donde también, por ejemplo, promovió el acercamiento entre Koepka y DeChambeau, distanciados fuertemente por desacertadas declaraciones de ambos en la previa de la copa. Stricker además fue decisivo en la integración del plantel con cuatro debutantes que le dieron, con su actuación a lo largo de los tres días, la razón de su elección. La conformación de las parejas, punto débil de los estadounidenses en las últimas ediciones de la Ryder, también fue otro acierto de Stricker.

    “A lo largo de estos dos años y especialmente cuando quedó definido el equipo, Steve (Stricker) hizo enormes esfuerzos para conjuntarnos para jugar y pensar como un equipo”, aseguró Morikawa en conferencia de prensa. “Sin su trabajo no sé si hoy estaríamos festejando”.

    Tras las ediciones de Boston y Valderrama, donde se registraron acciones reñidas con el espíritu del golf, afortunadamente en los últimos encuentros el comportamiento de los actores ha sido por demás correcto. El saludo entre todos los participantes formando dos columnas sobre el green del hoyo 18 apenas finalizada la competencia y antes de la entrega de premios, mostró una muy saludable costumbre. Ojalá en dos años en el Marco Simone Golf & Country Club, ubicado a las afueras de Roma, Italia, vuelva a repetirse. La “magia” de la Ryder Cup está por encima de todo.

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