En estos tiempos preelectorales, el menú de condimentos de la vida cotidiana tiene un ingrediente bien picante, que irrita a más de un colon descendente: las encuestas de opinión pública sobre las preferencias electorales de los ciudadanos.
En estos tiempos preelectorales, el menú de condimentos de la vida cotidiana tiene un ingrediente bien picante, que irrita a más de un colon descendente: las encuestas de opinión pública sobre las preferencias electorales de los ciudadanos.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn realidad las encuestas de opinión pública funcionan todo el año, y todos los años, por más que la gente crea que estos emprendimientos aparecen una vez por quinquenio, y en la recta final del resultado electoral. Se la pasan todo el tiempo preguntando por las preferencias de todos nosotros sobre los yogurts más dulces o naturales, los abrigos de lana o de poliéster, las aguas minerales más o menos gasificadas, los servicios de entregas de paquetes más o menos puntuales, y una cantidad más de cosas que les sirven a los comerciantes para vender mejor, y a los dueños de las encuestadoras para ganarse la vida, y para pagarles el sueldo a sus empleados.
Cuando las encuestas se largan a su zafra política, los ciudadanos de a pie las leemos, las escuchamos por la radio, las vemos en la tele, las comentamos, las elogiamos, las criticamos, les creemos, les desconfiamos, pero, en todo caso, no nos pasan inadvertidas. Nos gusta conocerlas, pero no nos quitan el sueño.
En cambio, para los integrantes de lo que se ha dado en llamar popularmente “la clase política”, las encuestas son algo más que eso: son insumos indispensables, oxígeno para sus pulmones, carga para sus pilas, gasolina para sus motores, sangre para sus venas y arterias, limón para su milanesa. Las aplauden de pie cuando les dan bien, y las incineran sin lástima cuando les dan mal, todo está en según cómo salgan en la foto. Me puedo imaginar que las orejean como las barajas en el truco, y para quien sepa lo que es esto, me los veo bajando milímetro a milímetro la carta de arriba, viendo dibujarse en la de abajo un semicírculo que puede augurar el dos de la muestra, y qué alegría si realmente lo es, pero qué desilusión si resulta que el semicírculo que auguraba el dos se nos revela un miserable seis.
Acuérdense de cuando a don Tabaré, hace un par de semanas se le cayó la estantería, y del mágico símbolo de las cuatro decenas el apoyo electoral al Frente Amplio se le resbaló a 39 en una de las encuestas más respetadas y conocidas.
—“A ver, que alguno de los que están en este acto diga si alguna vez lo encuestaron!¡Que levante la mano el que fue encuestado! ¿Vieron como no le tocó a ninguno? ¡Es que las encuestas son una gran mentira, un invento que los encuestadores fabrican para llevar agua para su molino!” —vociferó el candidato oficialista, cuando comprobó que ninguno de los asistentes levantaba la mano (capaz que a alguno de los que estaban en el acto lo habrían llamado alguna vez por teléfono para encuestarlo, pero el muy anormal no se iba a animar a aguarle la bravuconada al supremo…) Y así nos dejó además desconcertados a todos, porque cuesta imaginar qué agua y para qué molino podrían estar llevándose los encuestadores, perjudicando al galeno con semejante invento sin ninguna necesidad…
Ahora eso sí, ni bien el porcentaje de apoyo al Frente volvió a superar el 40% y se ubicó por donde anda ahora, después que don Pedro empezó a tirarle piedras a la claraboya de Luisito, don Tabaré, en el mejor estilo mujiquístico de como te digo una cosa y todo lo demás, dijo que en realidad cuando se dijo que él había dicho que las encuestas eran un invento lo habían sacado de contexto (un sitio del que lo sacan a cada rato, y él después se las ingenia para volver a meterse en el contexto de nuevo, y seguir como si tal cosa).
Los gurús de las encuestadoras son personajes que trabajan en las sombras durante el período que va del día siguiente a las elecciones ya realizadas, a seis meses antes de las que se van a llevar a cabo, y en ese momento emergen de las profundidades de sus cuevas y sustituyen en el imaginario popular a Luisito Suárez, al Maestro Tabárez, a Tinelli, a la Niña Loly, al Flaco Fossati y al Guti.
Uno enciende la tele para ver el informativo, y tras los actos políticos de la fecha, las rapiñas de la mañana y los hurtos de la tarde, el choque de la moto con el ómnibus y el degollado del Ejército Islámico, aparece como LA gran noticia del día…tatatatán!!! Las últimas cifras de las encuestas.
El espectáculo podría durar los dos a tres minutos que van de decir que el Frente recuperó un punto, los blancos bajaron dos puntos y Bordaberry está adentro de un aljibe buscando los votos que le quedan al Partido Colorado, brindando a continuación los porcentajes respectivos. Pero eso es desperdiciar las técnicas de investigación sociológica que hay detrás de esos trabajos.
Entonces, según sea el canal de su preferencia, usted podrá escuchar a Oscar Boticelli, al Mudo Fernández, a Ignacio Noseasnábar o a Juan Carlos Rellenar, en parrafadas por el estilo que sigue.
—“Es evidente que el Frente se ha fortalecido en el quintil oblicuo de las villas y pueblos del interior con más de 2.507 habitantes, pero su crecimiento está condicionado por el deslizamiento poliédrico del tercio inferior de la masa intelectualmente más fortalecida por los estudios terciarios en letras, que no así en los de ciencias, y, como claramente lo muestra el análisis de la curva de Masterson y Klingenberger, aquí el Partido Nacional tiene una oportunidad, pero ello depende que su candidato proceda como lo indicaba Harry Choterman en su inolvidable análisis de aquellas elecciones en los Estados Unidos en las que ganó Harry Truman, después que los americanos habían tirado las bombas atómicas en Japón, utilizando argumentación sintéticamente reflejada en los recursos retinoides del cerebro humano, que es una máquina maravillosa, y eso sin dejar de lado la posibilidad que tendría entonces el Partido Colorado, siempre que su candidato no actúe siguiendo el parámetro de Bevilaqua, lo cual le acarrearía desastrosas consecuencias”.
Suerte que las elecciones son cada cinco años…