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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSoy uno de los investigadores mencionados por el señor Daniel Heide en la edición Nº 1.971 de 31 de mayo al 6 de junio de 2018. Escribo para solicitar la publicación de la carta adjunta que hicimos en respuesta al señor Heide, lo que pensamos que aclarará algunos puntos colocados por él en su carta.
Estimado Daniel Heide:
En respuesta a su carta de lector publicada en el semanario Búsqueda, luego posteada en Facebook, acerca de nuestra encuesta, tenemos el gusto de contestarle algunas cuestiones para aclarar las dudas apuntadas por usted y que, imaginamos, puedan ser generales.
La pregunta “¿Cómo se define en términos de género?” se refiere a la identidad de género, no a la sexualidad. La discusión sobre las identidades de género y su relación con el poder se desarrolla de manera intensa desde mediados de los años 1960, un amplio debate de investigadores y movimientos sociales propone que existen, según esos grupos, una compleja multiplicidad de identidades de género, mucho más allá de las cajitas “hombre” y “mujer” como se solía hacer hace algunos años. Hay también que aclarar una distinción fundamental entre identidad de género y sexualidad. La identidad de género está vinculada a la autoimagen de una persona en el mundo y dentro de su cultura. La sexualidad, a su vez, está vinculada a la orientación de su deseo sexual. Las identidades de género, en líneas muy generales, pueden ser definidas en términos de cisgeneridad y transgeneridad, por ejemplo, (siendo el primero relacionado a personas que se identifican con su sexo biológico, y el segundo, con personas que no tienen su identidad condicionada a eso), entonces podemos pensar en mujeres cisgénero, mujeres transgénero, mujeres transexuales, como también hombres transexuales, hombres cisgénero, hombres transgénero. Todes pueden identificarse simplemente como hombres y mujeres, así como no identificarse con ninguna de las dos categorías preestablecidas, generando nuevas —como las de “sin género”, “no binario/a”, “queer”, etc. La sexualidad es otra dimensión del estar en el mundo, que no es determinada por la identidad de género de alguien, o sea, ser heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual, asexual o cualquier otra definición de la orientación del deseo no presupone ninguna identidad de género, de modo que personas cisgénero, transgénero y transexuales pueden ser heterosexuales, homosexuales, bisexuales, asexuales, pansexuales o sea lo que venga a ser, lo que es un proceso personal. En la encuesta no preguntamos nada acerca de las sexualidades, solamente sobre las identidades de género.
La segunda pregunta cuestionada, “¿Cómo se define en término raciales?”, tiene que ver con la necesidad de comprender las pertenencias étnico-raciales de los integrantes del campo artístico uruguayo. La cuestión racial también genera un debate por todo el mundo. Siendo el universo artístico una parte del mundo, consideramos que es de extrema importancia acceder al conocimiento acerca de las pertenencias étnicos-raciales de las personas que intentan insertarse en el mundo artístico y de aquellas que logran mantenerse dentro de este mundo, las que son consagradas y las que son excluidas. De la misma manera que la pregunta anterior, esta también es abierta para que las identidades raciales puedan aparecer según las propias personas las vean.
Como demuestra el sociólogo francés Alain Quemin (2013 y 2016), a partir de su investigación acerca de rankings de premiación artística europeos, en un circuito de arte globalizado, artistas que más son premiados son hombres blancos. En este sentido, ya que emprendemos una investigación sobre el universo artístico de Uruguay, nos parece fundamental saber cómo están las cuestiones de género y raciales en este país —sobre lo que tuvimos respuestas interesantes para analizar, que pueden estimular la reflexión, nuevos despliegues de investigación e incluso debates que potencialicen las políticas públicas culturales en ese contexto, en dirección a la promoción de más igualdad de oportunidades al acceso del hacer artístico, promoviendo también su diversidad.
Con los primeros datos de nuestra encuesta, contestada por 70 personas, y algunas entrevistas que hicimos con artistas, curadores y gestores culturales locales, percibimos que artistas en Uruguay, como en otros lugares del mundo, tienen la necesidad de dedicarse a otras actividades profesionales, no viviendo exclusivamente del ingreso proveniente de su actividad artística. Más allá de eso, como también ha indicado Quemin, es común que las premiaciones sean otorgadas a artistas (hombres blancos) mayores de cincuenta años de edad. Además, la categoría “joven artista” es arbitraria, construida por medio de convocatorias que buscan estimular y financiar la producción de artistas “emergentes”, generando alguna entrada de nuevos/as productores/as de obras artísticas. Como decimos en la introducción de nuestra encuesta, tenemos el objetivo de comprender las dinámicas del arte contemporáneo en Uruguay y reflexionar sobre el proceso de legitimación de artistas y curadores/as en el país.
Esperamos haber esclarecido las dudas y nos ponemos a disposición para prestar cualquier nueva aclaración mientras realizamos la residencia en el EAC.
Guilherme Marcondes
Tálisson Melo