—¿Qué chance tiene el Frente Amplio (FA) de llegar al gobierno por cuarta vez?
—Está claro que es la campaña más compleja para el Frente en los últimos 15 años, o por lo menos desde que está en el gobierno. Me gusta pensar que si la campaña fuese un concurso de oposición y méritos, el FA tendría que estar ganando tranquilamente, porque no hay un solo indicador a nivel comparativo en Latinoamérica, o incluso en el comparativo 2005-2010, 2010-2015 y 2015-2019, en el que el Frente no haya mejorado las condiciones del país. Pero obviamente no es un concurso de oposición y méritos, es política e implica otro tipo de procesos. Hay un desgaste que es evidente, pero que también da espacio al desafío que tiene el FA como fuerza de izquierda de ser capaz de generar un proyecto superador, de renovarse y de poner sobre la mesa algunas agendas que quizás no hayan tenido la fuerza que podrían haber tenido y nuevas sensibilidades que también son necesarias. El Frente hizo muchas cosas muy bien, pero evidentemente hay cuestiones que quizás a la gente le estén haciendo ruido y que hay que mejorarlas.
Lo que tengo absolutamente claro es que es el único proyecto país sustentable para el Uruguay hoy. No me imagino un gobierno de coalición con un Consejo de Ministros formado por (Guido) Manini Ríos, (Jorge) Larrañaga, (Juan) Sartori, (Luis) Lacalle Pou, (Julio María) Sanguinetti y (Ernesto) Talvi. No veo una sustentabilidad posible para el Uruguay con un gobierno así. Y del otro lado veo un FA que está en pleno proceso de renovación, de solidificación de nuevos liderazgos con probada capacidad de gestión y con procesos internos interesantes.
—Mencionaba que hay un desgaste natural del ejercicio del poder. ¿Dónde lo ve y a qué lo atribuye?
—Hay un desgaste que es natural del ejercicio del poder y del ejercicio de gobierno, que se ve en los gobiernos de todos los colores políticos e ideologías en el mundo entero desde siempre. Me acuerdo lo que era el 2002, de comprar entre 15 una cerveza para tomarse entre amigos. Lo llegué a vivir, sé lo que hizo el FA en estos 15 años. Seguramente haya generaciones que no lo vivieron. Hay un proceso también —que quiero pensar que no sucede tanto aunque seguramente lo haga—, en donde ciertos estratos socioeconómicos dan un paso y empiezan a pararse desde otro lugar y a analizar la realidad económica desde otra perspectiva. Y quizás lo que hace 10 o 15 años pensaban que era necesario, hoy lo ven desde otra materialidad de su vida y con otros intereses.
'Creo que en realidad el FA va a terminar ganando y bien. Van varias elecciones que lo del voto silencioso, el indeciso o el posiblemente desencantado, termina definiendo la votación a favor del FA por la seguridad que le brinda en muchos campos'.
—¿El FA tiene con qué enamorar a esa gente que está un poco desencantada?
—El enamoramiento tiene mucho de subjetividad, de creer, de generar esperanza de que hay un camino de prosperidad de mediano y largo plazo. Y no me refiero solamente a la prosperidad económica. Creo que el enamoramiento pasa por ser capaces de incorporar algo que muchas veces se llamó el bien común o un mundo mejor, una transformación más radical en otros temas, sobre todo desde la izquierda. Creo que en realidad el FA va a terminar ganando y bien. Van varias elecciones que lo del voto silencioso, el indeciso o el posiblemente desencantado, termina definiendo la votación a favor del FA por la seguridad que le brinda en muchos campos. También soy consciente de que tenemos que encontrar respuestas en algunas cosas.
—Menciona la crisis del 2002 y hace poco las redes sociales del FA hicieron circular un video sobre el tema. ¿Convencen a la gente con ese argumento?
—Seguramente hay generaciones que tengan ese relato muy cercano o lo recuerden, evidentemente generaciones más chicas es algo que no lo toman. Pero el saber de dónde viene uno, cómo se construye la sociedad desde diferentes puntos, es importante. También es cierto que estamos en tiempos de la inmediatez absoluta, por lo que la construcción de relatos de mediano y largo plazo es cada vez más compleja. No son solo los 280 caracteres y las 24 horas de una historia de Instagram. Los relatos de mediano y largo plazo son importantes y no hay que dejar de hacerlos.
—Usted integra Magnolia, un sector pequeño dentro del oficialismo. El presidente del FA, Javier Miranda, cuestionó la fragmentación de la coalición porque dice que no hay “32 vías hacia el socialismo”. ¿Qué piensa de eso?
—En eso estoy de acuerdo: en todo caso habrán tres o cuatro miradas político-ideológicas en la izquierda uruguaya. Pero los procesos colectivos implican la participación de la gente, y en el contexto actual se necesita encontrar formatos de participación donde las personas participen de forma cómoda. Lo que importa es que estés participando, generando ideas, colaborando en un proyecto colectivo que va a ser superior.
—¿Por eso su sector Magnolia decidió formar un acuerdo electoral con Ir y Frente en Movimiento en lugar de sumarse a otras propuestas o estructuras mayores?
—De alguna manera sí. Son sectores con los que compartimos un relato histórico generacional, es evidente. Los tres nacieron más o menos en el mismo momento, entre 2008 y 2013. La mayoría de los compañeros y compañeras que están como referentes venimos desde la Comisión Nacional de Jóvenes del FA del 2002. Tenemos una agenda en común, una agenda que además intenta levantar algunas sensibilidades generacionales como puede ser, entre otras, la ambiental. Y porque creemos que el momento histórico en el que estamos necesita pensar por encima de las pequeñas fronteras sectoriales.
—En el oficialismo hablan de renovación de liderazgos, pero la lista del Abrazo es de las pocas que tiene en sus primeros lugares a candidatos menores de 50 años. ¿Hay un doble discurso?
—No es doble discurso. Tenemos un sistema político absolutamente gerontocrático donde, en general, la renovación es después de los 50 años. Uno de los desafíos más grandes e importantes que tengo acá en la Intendencia de Montevideo tiene que ver con el sistema político y con la gente. Me cuesta no sentirme un bicho raro en la calle y está bien, porque en realidad lo soy en el sistema político. Nadie puede dudar de que Martínez, Mario Bergara o Graciela Villar no son renovación. Claro que lo son. Tienen 20 o 30 años menos que los líderes de izquierda. Igual es lógico hacer el planteo desde ese lugar porque listas que tengan candidaturas de 30 y pocos años creo que está solo la nuestra. También por eso hicimos la apuesta a tener nuestro propio Senado, era importante en este proceso ser fieles al frente generacional. Sabemos que esto tiene un costo, porque es muy difícil llegar.
'En el caso de la ciudad creo que hay un debe que deberíamos profundizar en los próximos años y que es el reciclaje. Por suerte vamos a tener la planta de clasificación a partir de 2021, pero todo lo que es cultural en cuanto a la clasificación y el reciclaje estamos lejos'.
—¿Cree que a usted le “pasan factura” extra como intendente por tener 38 años?
—No es factura extra, pero sí que lo tenés que probar. Me pasaba como prosecretario también, sobre todo los primeros años. En general cuando sos joven, o cuando sos mujer (ni te digo cuando sos joven y mujer) estás obligado a demostrar mucho más siempre. Es una realidad, no sé si en el mundo entero, pero acá en Uruguay seguro. Y en el sistema político que tenemos, evidentemente eso está arriba de la mesa y hay que estar todo el tiempo atento al botijeo. Lo estaba antes y lo sigo estando ahora, y me parece que no es una debilidad admitirlo. Tenés que tener un indicador de botijeo, que se te prenda la lamparita y decir: “¡Mirá que soy el intendente!”. En general, en la calle con la militancia o los compañeros del comité de base, las coordinadoras y con los vecinos, no hay drama. No existe ese botijeo. Sobre todo con la gente mayor, especialmente las mujeres mayores, es al revés. Da la sensación de que estaban deseando que hubiese gente joven.
—¿Y en la interna del FA, con los viejos militantes y dirigentes?
—Me pasó siempre. Es como una batalla que hay que dar permanentemente.
—En julio de 2020 termina el mandato. ¿Quiere ser candidato a intendente?
—No sé qué va a pasar el año que viene, depende de muchas cosas. En principio mi compromiso es hasta julio llevar el buque a buen puerto. Me sorprendió mucho lo que me gustó el trabajo y la actividad política departamental. Me gusta, me gusta la cercanía que tiene con el territorio y con la gente, con el día a día, no es que uno esté discutiendo y resolviendo temas como una política educativa que veremos en 15 años. Es que a la gente le pase el bondi hoy, y tenga la calle limpia hoy. Y esa adrenalina para los que somos un poco ansiosos o “manijas”, la verdad es que me gusta. No sé si el año que viene es el momento, no lo tengo claro.
—Si Martínez pierde, ¿debe buscar la reelección?
—Es una decisión personal de él. Creo que si su decisión es volver a ser intendente –ha hecho una gran gestión– correspondería acompañarlo.
—¿Qué margen tiene para dar un perfil propio en lo que resta de gestión? ¿Con qué propuestas planea hacerlo?
—En lo que tiene que ver con proyectos grandes, desde el punto de vista presupuestal, de recursos económicos o de procesos de licitaciones o legislativos no son muchos los márgenes. Sobre todo porque esta es una gestión muy medida desde el punto de vista de los objetivos, de las metas, de los procesos en cada uno de los departamentos. Poder marcar una impronta o acostumbrar a la gente a que puede tener un intendente o alguien de un cargo de esta responsabilidad con menos de 40 años es importante. Pero, por otro lado, lo que he intentado es poner sobre la mesa todo lo que es ambiental, clasificación, reciclaje; insistir con esos temas me parece que es una agenda que tiene que estar arriba de la mesa mucho más de lo que está.
En el caso de la ciudad creo que hay un debe que deberíamos profundizar en los próximos años y que es el reciclaje. Por suerte vamos a tener la planta de clasificación a partir de 2021, pero todo lo que es cultural en cuanto a la clasificación y el reciclaje estamos lejos. Vamos a apoyar una propuesta de Montevideo Decide que es enviar a la casa de cada uno de los contribuyentes un recipiente para que puedan clasificar, tratando de ayudar desde la infraestructura. Después está todo lo que tiene que ver con espacios públicos, sobre todo a escala humana; comenzamos planteando la peatonalizacion de la calle Buenos Aires, y vamos a anunciar en las próximas semanas un concurso de ideas para toda la Ciudad Vieja. La idea es rever todo el plan, apostando a incrementar los espacios públicos y la peatonalización de espacios, y tratar en general de tener una mirada innovadora sobre la ciudad, que acompaña a lo generacional. El zoológico, que le dimos una vuelta de tuerca y se va a abrir como Eco parque de convivencia y amistad, para mí es una agenda importante, aunque obviamente estoy bastante más solo en eso.
' Hoy estamos en una situación estable y buena de la limpieza de Montevideo, salvo las situaciones que tenemos de los hurgadores y la gente que tira la bolsa afuera. Es un problema que excede a la recolección de residuos de la comuna, que tenemos que trabajarlo desde lo cultural'.
—¿Por qué está “más solo”?
—Porque en determinadas agendas hay que esperar a que la población se empodere. Más allá de que uno gobierne, hay espacios y tiempos que la gente y las sociedades se dan que hay que ir acompañándolos. Hicimos, por ejemplo, la encuesta con el tema jineteadas y el corte generacional es increíble. La diferencia que hay entre los menores y los mayores de 35 años es abismal. Y ahí hay una sociedad que está hablando de que vienen procesos de cambios y transformaciones, pero que hay que esperarlos e ir tomando medidas que acompañen ese proceso, pero también entendiendo que hay diferentes opiniones. No se trata de llevarse a la sociedad puesta con algunas cosas que son procesos naturales, sobre todo los que son culturales. Pasa con la mayoría de la agenda de derechos: hoy la mayor parte de la sociedad está de acuerdo con todo y hace 20 años eso no pasaba. Ahí hubo cambios generacionales pero también hubo un trabajo cultural que fue acompañando.
—El último conflicto con Adeom por la limpieza derivó en la renuncia de Puntigliano. ¿Cuál fue el problema? ¿Es el único que se puso firme con el sindicato y terminó renunciando?
—Fernando Puntigliano fue un director que hizo un gran trabajo en la matricialización del departamento, en la innovación de los procesos, generó un cambio estructural superimportante que era necesario en Desarrollo Ambiental. Lo que sucedió puntualmente es que tuvimos diferencias no solo en cuanto a la estrategia y en la medición de los tiempos políticos para tomar algunas decisiones, sino diferencias en que realmente el camino elegido hubiese sido la solución.
—¿Cómo es posible que tras varios períodos de gobierno el Frente Amplio no haya logrado solucionar el problema de la basura en la capital?
—La basura son muchas cosas. El día de la salida de Puntigliano, la noticia importante, la decisión política de envergadura fuerte fue la intervención de Mantenimiento. En los hechos, desde que se intervino Mantenimiento están saliendo 26 camiones por día, que es lo que se necesita para que la ciudad esté limpia. Hoy estamos en una situación estable y buena de la limpieza de Montevideo, salvo las situaciones que tenemos de los hurgadores y la gente que tira la bolsa afuera. Es un problema que excede a la recolección de residuos de la comuna, que tenemos que trabajarlo desde lo cultural. Soy muy crítico de las campañas públicas de la intendencia en ese sentido, no porque hayan sido malas, sino porque sigue costando que la gente cambie el chip en torno a eso. Desde el Centro de Monitoreo se ven los diferentes contenedores con cámaras y es permanente la gente que ni siquiera abre el contenedor, es desesperante. Porque realmente te genera bronca. A veces ni siquiera lo abren, lo tiran desde lejos. Pero, en general, la recolección de residuos de la intendencia no está mal.