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Hace unos cuantos años en un suplemento literario español, una reseña firmada por Enrique Vila-Matas recomendaba efusivamente la lectura de un tal Robert Walser (1878-1956), un escritor suizo que pasó la mayor parte de su vida recluido por voluntad propia en un hospicio. Lo de Walser era esquizofrenia elegida: moverse lo menos posible, vivir al margen y pasar inadvertido como sentido último de la existencia. En una de sus novelas más conocidas, “Jakob von Gunten”, el protagonista asiste a un instituto donde la enseñanza, la técnica de los profesores y los valores apuntan hacia la perfecta... inutilidad.
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Quien conozca la obra de Vila-Matas (Barcelona, 1948) entenderá su pasión por Walser, directamente homenajeado en “Doctor Pasavento” (Anagrama, 2005), una estupenda novela-ensayo del catalán no apta para cualquiera, como tampoco es apto para cualquiera Walser y su literatura de potenciada extrañeza.
Esta compilación de relatos selectos de Vila-Matas también sirve para entender su pasión por el escritor suizo (y por Pessoa y Borges y Kafka y Joyce, es decir, sus ídolos literarios), pero básicamente para bucear en una obra difícil de clasificar que oscila entre la ficción y el ensayo sin límites claros entre uno y otro.
La figura de Walser está presente una vez más en la piel de Anatol, un escritor que ha decidido borrarse del mundo (“El arte de desaparecer”) pero es descubierto al escribir el prólogo para un libro de fotos deportivas. El peligro es, entonces, la exposición.
Hay otros cuentos de Vila-Matas eficaces, como los breves “Una casa para siempre”, “Mar de fondo” y “Viejos cónyuges”, donde predomina una curiosa armonía entre humor y misterio, que es el sello distintivo del catalán, y “Rosa Schwarzer vuelve a la vida”, en el que una solitaria y triste mujer casada y con hijos (nada garantiza la felicidad) se pierde en el interior de una pintura en un museo de Düsseldorf.
Pero también hay ejemplos fallidos, como “Recuerdos inventados” (una especie de “Libro del desasosiego” brevísimo con referencias a Tabucchi, Mutis, Perec y Arlt) o el tedioso “Chet Baker piensa en su arte”, que son cien páginas donde Vila-Matas nos pasea por sus gustos literarios y por disquisiciones varias (algunas inteligentes, otras insufribles), mientras escucha distintas versiones del tema “Bela Lugosi’s Dead” en una noche interminable.
“Chet Baker piensa en su arte”, de Enrique Vila-Matas. Ediciones Debolsillo, 2012, 350 páginas, $ 250.