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Uruguay tuvo el año pasado un flujo con el exterior a su favor de inversión directa; llegó más de lo que salió. El stock total de capitales de origen foráneo radicados en el país se ubicó en US$ 30.396 millones, lo que equivale a aproximadamente 54% del Producto Bruto Interno (PBI), calculó Búsqueda a partir de estadísticas del Banco Central (BCU).
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El organismo difundió la semana pasada datos desagregados por países —la Posición de Inversión Internacional—, que muestra el valor en un momento dado (stocks) de los activos financieros de los residentes de una economía que constituyen derechos sobre activos de no residentes, y los pasivos de los residentes frente a no residentes.
Por procedencia, la posición de inversión extranjera directa (IED) con España era la más relevante; a fin de 2019 su stock en Uruguay ascendió a US$ 8.208 millones. Argentina fue el segundo país en importancia, con US$ 4.691 millones.
De Estados Unidos (EE.UU.) había un stock de IED en Uruguay por US$ 3.691 millones. Chile fue otro origen relevante, con US$ 1.815 millones, mientras que el stock de Japón ascendió a US$ 517 millones.
También algunas jurisdicciones con baja regulación y tributación figuran en las estadísticas del BCU con montos relativamente significativos como origen de la IED radicada en Uruguay.
Por ejemplo, como stock de capital suizo había US$ 4.341 millones al cierre de 2019, de las Islas Vírgenes Británicas US$ 1.668 millones, las Islas Caimán US$ 340 millones y las Bahamas US$ 205 millones. Algunas inversiones se canalizan a través de sociedades creadas en esas jurisdicciones.
Singapur, por su parte, figuró con US$ 1.303 millones.
Inversión por sectores
Según el manual que utiliza el BCU, esta inversión directa comprende la mayoría de las transacciones y posiciones financieras entre filiales residentes en economías distintas, incluyendo los préstamos entre empresas relacionadas. También se computan las inversiones inmobiliarias —“bienes raíces y casas de vacaciones”—, así como adquisiciones de compañías cuando alcanzan o sobrepasan el umbral del 10%” del capital.
En 2019 hubo una entrada neta de inversión de US$ 1.690 millones, que se explicó principalmente por “préstamos” (US$ 1.887 millones) y “aportes” (US$ 521 millones); la “reinversión” bajó algo más de US$ 717 millones respecto al año anterior.
Si se dejan de lado los préstamos entre empresas afiliadas, la inversión directa neta recibida fue de US$ 717 millones. Por sectores, hubo bajas en el “comercio al por mayor y menor; reparación de automotores y motocicletas” (US$ 663 millones); la “agricultura, ganadería, silvicultura y pesca” (US$ 140 millones); “suministro de electricidad” (US$ 69 millones); e “información y telecomunicaciones” (US$ 145 millones), por ejemplo. Entre los que se dieron aumentos, sobresalieron las “actividades profesionales, científicas y técnicas” (US$ 178 millones) y las “financieras y de seguros” (US$ 92 millones).
Inversión y Covid-19
Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) analiza la evolución de la inversión extranjera en el mundo y la región, la pone en perspectiva en el contexto de la pandemia del Covid-19.
“Si bien durante los últimos años se ha venido produciendo una sistemática desaceleración de la IED global a partir de la crisis de 2008, las corrientes de inversión internacionales siguen siendo elevadas en la comparación histórica” medidas por la relación entre flujos y tamaño del PBI global. “En el caso de América Latina —agrega— se ha observado un comportamiento similar, aunque se destaca la estabilidad de la participación de la región de la IED global en las últimas décadas. Sin dudas, la actual crisis desatada por el Covid-19 pone una nota de cautela sobre la evolución de la IED en los años venideros”. Y recuerda proyecciones de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por su sigla en inglés) que anticipan una caída de 40% en los flujos para 2020 y una nueva baja de entre 5% y 10% para 2021.