Antes se decía “2.000”, si era el número de una publicación, “10.000” o “20.000” si era la extensión en kilómetros de una maratón, o una correcaminata, “50.000” si eran los dólares que se había afanado el Raulito con la corporativa.
Antes se decía “2.000”, si era el número de una publicación, “10.000” o “20.000” si era la extensión en kilómetros de una maratón, o una correcaminata, “50.000” si eran los dólares que se había afanado el Raulito con la corporativa.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAhora, hasta la corrupción en la Argentina es “K”. Según se dice, viene de los 1.000 gramos del kilo, que se identifica con la letra k. Mirá vos.
Entonces, queridos lectores (y lectoras, debería decir, para que el posmodernismo idiomático nos alcance a todos y a todas), esta es la edición número 2.000 de esta benemérita publicación, que vio la luz allá por enero de 1972… ¡pero también es mi contribución número 2.000 a la susodicha publicación!
Así es —y respiro hondo antes de seguir—, aquí tienen ustedes al dinosaurio mayor de Búsqueda, el único ser viviente en este (hoy) semanario que ha escrito en tooodos los números, sin faltar nunca. Y lo reitero: nunca. Ni cuando estaba de viaje, ni cuando se murió mi vieja. Y vieja tenía una sola, pero viajes, en aquellos tiempos, tenía una pila, en una época en la que (¿pueden imaginarlo los jóvenes de hoy?) no había mail, ni Skype, ni WhatsApp, ni Instagram, ni Facebook, ni smartphones. En un mundo a pedal, en términos de interconexión y globalización, que era una palabrita que todavía no se había inventado entonces. Escribí y envié columnas de las maneras más insólitas, desde los más distantes rincones del planeta.
Cuando se publicó el número 1 de Búsqueda yo tenía entonces 31 años recién cumplidos, solo tres de los seis hijos que hoy, a los 78 también recién cumplidos, me han dado 14 nietos. Ni soñaba entonces que 47 años más tarde, estaría escribiendo esta columna…
Por cierto, para los interesados en la historia, Kid Gragea no nació ese día. Yo escribía entonces de política internacional, de temas jurídicos y comerciales, integración económica, patentes de invención, en una palabra, un plomo. Por allá, por los años del otro plomo, el que duele y lastima, en 1976, nació este personaje que hoy me identifica y que se denomina Kid Gragea.
Nuestro Dire, don Andrés, tuvo la cortesía (sin duda que con la invalorable colaboración de nuestra arqueóloga y archivista, esa ídola que es Susana Martínez) de enviarme la columna que escribí en junio de 1999, en ocasión del número 1.000 de Búsqueda. Eso me permitió refrescar mi memoria, y, como el autoplagio no es plagio, transcribirles ahora, casi 20 años después, mis recuerdos de aquellos inicios. Qué tiempos aquellos…
Transcribo, de mi columna del número 1.000, intitulada Como Mil:
En el Nº 51 de Búsqueda correspondiente a setiembre de 1976, el editorial elogiaba la derogación del art. 420 del Código de Comercio, con lo que se facilitaba la apertura al público del capital de las sociedades anónimas. En la sección Economía y Política, Alejandro Végh Villegas escribía sobre “el olvido de la buena doctrina”, Jorge Caumont sobre “los números negros del Comercio Exterior”, Manfredo Cikato sobre “desarrollo y política tecnológica”, Ramón Díaz sobre “el verdadero rostro del comunismo”, Mariano Grondona sobre “la grandeza y la bondad” y Ramiro Rodríguez Villamil sobre “las elecciones en los EE.UU.: un informe económico”.En la sección Arte y espectáculos escribían Eugenio Hintz, Barrett Puig, Raquel Fossati y Arturo Sergio Visca. Y en Deportes, Juan Ángel Miraglia escribía sobre El nuevo frente para el fútbol y, a continuación, en el Sumario, un tal Kid Gragea publicaba una nota intitulada Alimentando al monstruo. ¡Ni siquiera había una sección de humor, Cuque, Garfield, Cammarota, Leslie, compañeros de causa! ¡Me pusieron en Deportes!
Seguí escribiendo entonces de a dos columnas por ejemplar, una en broma, ocasional, según viniera la bocha, y otra en serio, sin faltar jamás, hasta que en 1981, cuando nos volvimos semanario, Danilo Arbilla, con buen criterio, me sugirió colgar los botines de la prosopopeya, y dedicarme de lleno, semana a semana, al humor.
Le dimos duro a la entrelínea, en tiempos en los que las transgresiones se pagaban caras, y que nos costaron, aunque los lectores de ahora apenas lo recuerden, más de una clausura, con onerosos cierres, que nos ponían al borde del abismo. Como le pasa ahora a Nacional, pero por otras causas.
En una de las clausuras yo había escrito una columna que se titulaba ¡WFA, che!, con las iniciales de Ferreira Aldunate, que paseaba su rebeldía por el mundo, y, en vísperas de una Semana de Turismo, visitaba Buenos Aires, para reencontrarse con sus acólitos. Mi columna tenía el formato de un prospecto de turismo: “Primer día, visitamos de mañana la zona de la Boca, tarde libre, cena en una tanguería”, y así, y el tercer día “visitamos el astillero ACF, donde se construye un lanchón de navegación fluvial con capacidad para treinta y tres navegantes…”. ¡Para qué!
En el decreto de clausura, firmado por el Goyo como “presidente” (no lo puedo poner sino entre comillas) y por el Gral. Yamandú Trinidad, ministro del Interior, se aludía a “la referencia a un acontecimiento histórico, vinculándolo con un delincuente prófugo”. Más gracioso el decreto que la columna.
Y así, a lo largo de dos mil columnas, de las cuales como mil quinientas bajo el sombrero de Kid Gragea, les he llevado semanalmente, queridos lectores, un comentario, una sátira, un poco de humor, para este mundo en el cual cada vez dan más ganas de llorar que de reírse. Siempre bajo la marquesina de No es broma.
Pero este número 2.000 se enfoca en el futuro, y no en el pasado. Se para arriba del faro y otea el horizonte mirando hacia el 2020, con la ilusión de desentrañar de la bola de cristal la realidad que nos envolverá (espero que a todos, incluyéndome) en esos momentos. Capaz que Raulito logró que le levantaran la suspensión y retoma la lucha con vistas a las elecciones del 2024; capaz que De León aprovecha su alejamiento de la política para dedicarse al turismo en Cataratas; capaz que Tabárez logra un seleccionado que le haga goles al rival aunque jueguen Suárez y Cavani; capaz que Sanguinetti empieza a calentar los motores con vistas a las siguientes elecciones; capaz que Mujica gana el Oscar al Mejor actor; capaz que Peñarol logra salir campeón uruguayo por cuarta vez y se apronta para el quinquenio; capaz que Bonomi todavía sigue siendo ministro del Interior.
Dejemos que los augures pronostiquen el futuro. Yo apenas estaré preparando la tinta para la columna número 3.000 de Búsqueda, pensando, como mi admirado filósofo, el danés Sören Kierkegaard, que “la vida solo puede entenderse mirando hacia atrás, pero solo puede vivirse mirando hacia adelante”.
Hacia allá vamos.