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    Exceso de intolerancia

    No es broma

    La que puso en vigencia los octógonos negros que pululan en los almacenes, supermercados y tiendas de comidas, ha sido una reglamentación con poca suerte. Los consumidores los ven, pero en su gran mayoría no los respetan.

    Exceso de sodio, exceso de azúcar, exceso de grasas, qué va, comprame esas galletitas saladas y esas papas chip para el copetín, que yo ya puse en el carro un cantimpalo y una longaniza.

    Pero hay un octógono invisible, igualmente negro y ominoso, que está penetrando con éxito en la sociedad uruguaya. Aunque nadie lo vea, dice en claras letras blancas sobre fondo oscuro: “Exceso de Intolerancia”.

    Se lo ve por todos lados, en las letras de las murgas, en las redes cloacales, como dice mi hermano, o en las redes suciales, como dicen otros, en las declaraciones veraniegas de los gobernantes y de los opositores, en los “tuits” del Tano Valenti, en los “retuits” de Manini Ríos, en las vestimentas, sí, dije bien, en las vestimentas, en la publicidad por el No o por el Sí, en las ferias vecinales, en los pueblos del interior, en los barrios de Montevideo.

    Sale un cuplé con una (leve o gruesa) crítica a alguna figura del gobierno (no va a ser de la oposición, el carnaval no está politizado, está partidizado, dijo no me acuerdo quién hace unos días, y cuánta razón tenía y tiene). A continuación, en las redes aparecen cosas como “las focas insaciables solo se alimentan con veneno, para escupir sus mentiras y sus groserías envenenando al pueblo”, con la consiguiente réplica que dice: “Banquen, fachos miserables, cuando tengan un artista que haga letras mejores, pónganlo de diputado en el Parlamento, a ver si les sale alguna ley que no haya que llevar a referéndum para derogar los artículos que le dan la espalda al pueblo defendiendo a los poderosos”. Y lo peor es que no hay antídoto…

    El intendente blanco de cualquier departamento (son un lote) dice que mejor que en los desfiles de carnaval no se pongan pasacalles con publicidad por el Sí o por el No, y de inmediato el valiente Valenti dice que en el departamento tal o cual “ha vuelto la dictadura” y “se censura al carnaval”. Pero de inmediato, un edil del partido del intendente, en vez de defender la sensata idea del jerarca, tuitea: “Las focas han perdido la dignidad, la vergüenza y los escrúpulos, y mojan su pluma en estiércol para denigrar las buenas ideas de respeto a la democracia. Dejen de mirarse el ombligo y reconozcan que perdieron las elecciones porque el pueblo les dio la espalda, ratas almizcleras del bajón, la mentira y el desprecio”. Suave, digamos.

    Pero el/la intendento/a frentisto/a de tal o cual departamento toma cualquier medida que sea (barrido, limpieza de las calles, mejoras de infraestructura) y los ediles de la coalición le bajan el caño en la cabeza, diciendo que son maniobras electoreras preparando la campaña del 2024, y que se cuiden, porque los peores enemigos que tienen son ellos mismos, porque están tan peleados que lo más seguro es que se serruchen las patas entre ellos, o se degüellen en la vía pública por tres votos. ¿Qué hacen entonces los ediles oficialistas de esos departamentos? ¿Defienden las obras proyectadas, diciendo que son para el bien del pueblo de todo el departamento, sin distinción de banderías? ¡No, qué va! Salen tuits frenéticos y destructivos diciendo que la coalición multifrutal es una banda de forajidos malagradecidos y miserables, que en lo único que piensan es en defender a la oligarquía que se refresca desnuda en sus jacuzzis, bebiendo champagne francés, como chanchos en el chiquero, mientras ríe de la desgracia de los pobres que en sus asentamientos no tienen saneamiento ni agua potable. Pura honestidad reflexiva.

    Ya han empezado a presentarse apedreamientos, salivazos y escraches a jóvenes de ambos sexos que lucen remeras celestas o camisas rosadas, aludiendo a la pertenencia a alguno de los “bandos”, si es que los hay, que representan a los votantes del No o del Sí.

    —¿Usted vio, doña María, al muchacho aquel que va allá enfrente, con una camisa celeste? Bueno, ese es un votante del No, y le vamos a pasar por arriba con las ochocientas mil firmas que juntamos de la mano de Fernando y del Piseneté, cómo la voy a gozar…

    —Pero no, doña Juana, ese que va ahí es el hijo de la Pocha, frentistas de toda la vida, yo conozco a toda esa familia, son del Comité Don Chacho, la camisa celeste esa se la he visto mil veces cuando andábamos recolectando firmas por las esquinas…

    —¡Ay, qué divino ese muchacho doña María, claro, ya me doy cuenta, ya lo reconocí!, es que ando mal de la vista, ¿vio? Pero, doña María, mire aquella gurisa que viene por allá, con la blusita rosada, qué divina, lo elegante que es, le queda regia esa blusita, y además seguro que es votante del Sí, y con su camisita ya le va haciendo propaganda al voto para derogar esa maldita ley de urgencia, mamarrachoso engendro de la derecha fascista, votado entre bambalinas para aplastar al pueblo que nunca supo lo que se estaba votando…

    —¡Pero no, doña Juana! ¡Esa gurisa es la Yirley, la nieta de la Pelusa, hija del sargento García, que es de Cabildo Abierto! Si la habré visto a esa guacha haciendo pegatinas y pintadas en el barrio promoviendo el voto por el No…

    —Reventada de miércoles, ¡tiene razón, doña María! Es la estúpida esa que anda hablando pestes del Frente, cómo no, la muy desgraciada, ojalá que la abandone el novio, que también es milico, como el padre, deben de ser contrabandistas de frontera, yo a ella la he visto comiendo garotos, los debe traer de contrabando el padre, que estuvo en la brigada de frontera en el Chuy…

    Con este ambiente de grieta, señores y señoras, no vamos a ningún lado, y seguirá prevaleciendo el octógono invisible y negro de la intolerancia…

    ¿Por qué no aflojamos un poco?

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