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    Excitarse en tiempos de neoliberalismo

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2129 - 1 al 7 de Julio de 2021

    La narrativa del porno cool no es nueva, pero se ha profundizado en los últimos años. Su desarrollo tiene quizás más que ver con el avance del neoliberalismo global, que con una liberación sexual o un “empoderamiento” femenino.

    Lo que hacia fines de la década de 1970 el teórico Michel Foucault definía como “gubernamentalidad neoliberal” puede ser útil para analizar algunos fenómenos que vienen ocurriendo recientemente con la aparición de redes sociales como OnlyFans –una plataforma en la que los usuarios, en su mayoría hombres, pagan por ver contenidos principalmente sexuales, subidos en su mayoría por mujeres jóvenes. Como lo expresan Barker, Gill y Harvey (2018): la racionalidad neoliberal convierte a cada ser humano en un actor de mercado, en el homo economicus que Foucault definía como un “emprendedor de sí mismo”. Cuando esa racionalidad pasa a formar parte de la lógica de los gobiernos, se profundiza y se expande a cada dimensión de la vida humana, promoviendo la existencia de individuos racionales, calculadores y que se “auto motivan”, con discursos de libertad, autonomía y elección propia.

    Suena confuso, pero básicamente son teorizaciones que intentan mostrar que hacer creer a la gente que es “libre de tomar las elecciones que quiere” es la mejor forma de controlar a la población. En un mundo en el que los estados se alejan cada vez más de los modelos socialdemócratas o del Estado de Bienestar, lo mejor es hacer sentir a las personas que “aman lo que hacen” a tal punto que están dispuestas a asumir todos los costos de la vida y con actitud positiva. Como analizan algunas teóricas, el sujeto más vulnerable a esta racionalidad neoliberal son precisamente las mujeres jóvenes de clase media, lo que da lugar a lo que en la literatura se conoce como “postfeminismo” (básicamente, el neoliberalismo llevado al terreno del género).

    Lo que viene sucediendo con OnlyFans en los últimos años, y mucho más desde el comienzo de la pandemia, es un buen ejemplo de estos procesos. La plataforma pasó de tener 20 millones de usuarios a finales de 2019, a 120 millones a finales de 2020. Las explicaciones son multicausales, pero básicamente se asocian, por el lado de la oferta, a la difícil situación laboral como consecuencia de la pandemia. Todos los estudios coinciden en señalar que las mujeres fueron las más afectadas por el aumento del desempleo del último año. Según la consultora Pricewaterhouse Coopers: “Cuanto más dure esta disparidad para las mujeres, un mayor número de ellas abandonará el mercado laboral de forma permanente, revirtiendo no solo el progreso hacia la igualdad de género, sino también el crecimiento económico”. En este contexto, fueron miles las mujeres de todo el mundo que decidieron empezar a subir contenido erótico a OnlyFans (también algunos hombres, casi siempre para consumo mayoritariamente masculino).

    Esto generó un fuerte ingreso al trabajo sexual de mujeres que se desempeñaban profesionalmente en otros sectores de actividad, lo que, unido con el ingreso a la plataforma de algunas celebridades, tiñó al fenómeno con aires de desestigmatización y desenfado, y reivindicaciones al “derecho a decidir lo que cada una hace con su cuerpo”. El análisis es complejo. Lamentablemente, la “libertad de elegir” sigue estando atada a la precarización, y la principal alternativa laboral disponible para las mujeres sigue siendo el cuerpo y la sexualidad.

    Por otro lado, el ingreso de estas mujeres de clase media y con educación al sector del trabajo sexual, generó códigos narrativos y estéticos que muchas veces terminaron dejando por fuera a las propias trabajadoras sexuales de toda la vida, las que dependen de eso para alimentarse o alimentar a sus familias, generando una especie de “gentrificación” en el sector (esto es, cuando la llegada de personas con más recursos económicos a un lugar, genera el desplazamiento de aquellas de clases más bajas que siempre estuvieron ahí). De hecho, muchas trabajadoras sexuales ven esta moda con malestar, ya que tiende a despolitizar una realidad laboral compleja y a debilitar sus reivindicaciones, convirtiéndola en tendencia y falso empoderamiento.

    Por cada famosa que gana millones de dólares, hay miles de mujeres que no llegan a los 500 mensuales, ya que para ganar más dinero hay que tener más seguidores, y eso requiere una exigencia enorme. Aunque muchas mujeres encuentran en la plataforma una salida laboral independiente y libre del abuso de los intermediarios, una investigación de la BBC encontró que un alto porcentaje de los perfiles que suben contenido son de menores de edad. Finalmente, y más allá de la moda, quienes suben sus imágenes saben además que pierden para siempre el control sobre ellas, que pueden continuar circulando en Internet eternamente.

    Por supuesto, ninguna de estas consideraciones logra empañar la excitación de los millones de usuarios que pagan mensualmente por acceder a esos contenidos (99% de los usuarios de la red paga por mirar, mientras que menos del 1% sube contenidos). En este mundo de precarización empoderada, nada mejor que el espectáculo de la intimidad ajena para olvidarse de todo.