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    Experiencia neozelandesa en política exterior

    El Reino Unido se unió a la Comunidad Económica Europea (actual Unión Europea) en 1973. Para Nueva Zelanda fue un terremoto. “Más del 60% de nuestras exportaciones tenían como destino Gran Bretaña”, recuerda Timothy Groser, ex ministro de Relaciones Exteriores y actual embajador de Nueva Zelanda en Estados Unidos.

    Las autoridades neozelandesas pasaron del “casi pánico” a buscar alternativas para colocar sus productos en nuevos mercados a fines de 1970. Hoy las exportaciones a Gran Bretaña son apenas el 3% del total, dice Groser, quien visitó Montevideo la semana pasada invitado por la Cámara de Comercio Uruguay-Estados Unidos para dictar la charla “Negociaciones de Comercio Internacional:¿Cuál es el camino a seguir?”. “Éramos el país desarrollado más proteccionista del mundo y ahora somos el más abierto junto con Singapur”, resume en diálogo con Búsqueda.

    Nueva Zelanda es un ejemplo al que recurren gobernantes y representantes de la oposición política uruguaya para mostrar cómo un país con una matriz productiva y tamaño similar puede alcanzar el desarrollo. Aunque dice que le gusta dar consejos, Groser cree que la política exterior de su país es un buen modelo a seguir para países como Uruguay. “Somos 4,5 millones, ustedes son 3,5 millones. ¿Cómo van a prosperar?”, dice.

    Groser fue uno de los encargados de armar el primer acuerdo de libre comercio que firmó Nueva Zelanda. El socio era Australia, un país con un mercado 10 veces superior al suyo. “Esto implicó una gran batalla con nuestro sector manufacturero, que estaba escondido detrás de trabas comerciales”, recuerda.

    Después de ese, Nueva Zelanda firmó tratados de libre comercio con decenas de países. “Nuestra estrategia es como la de Chile, decimos medio en broma que somos muy promiscuos”, dice. Los neozelandeses impulsaron el Pacific Four, un tratado que luego sería usado por Estados Unidos como base para el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). “Estados Unidos pudo haber creado su propio acuerdo, pero hicieron en cambio una amigable toma de control de nuestro acuerdo”, afirma. “Y nosotros estamos muy contentos”.

    Por iniciativa suya, Nueva Zelanda solicitó ser observador de la Alianza del Pacífico (integrada por México, Chile y Perú). Groser es el actual representante especial neozelandés ante esa organización. Uruguay también es observador del bloque desde el gobierno de José Mujica.

    Para Groser, lo natural sería que Australia y Nueva Zelanda tuvieran unas relaciones comerciales más intensas con el Mercosur, debido a la afinidad que tienen con Uruguay, Brasil y Argentina. Pero no es fácil. “Participé en muchas reuniones durante los 90, pero de ahí nunca salió nada”, lamenta. Y agrega que el hecho de que el Mercosur y la Unión Europea lleven más de 15 años en negociaciones sin muchos resultados tampoco ayuda. “Al final del día es muy difícil imaginar una negociación que prospere sobre la base de un ustedes dennos todo y nosotros no les damos nada; eso no va a suceder”.

    Como ya no es canciller, Groser sostiene que su palabra no es la versión oficial del gobierno. No obstante, está seguro de que si un país latinoamericano o el Mercosur se acerca a Nueva Zelanda para negociar, su gobierno lo va a ver con buenos ojos.

    Las palabras.

    El diplomático neozelandés recuerda que las negociaciones con Australia enfrentaron resistencias en su país. Algo similar ocurre hoy en Estados Unidos con el TPP y en el Mercosur cada vez que se habla de abrir negociaciones con terceros. “El problema con estos acuerdos es que los perdedores se identifican rápido y los ganadores no son tan claros antes de que entre en vigencia”, explica.

    Groser dice que el trabajo político es clave en esos casos. También las palabras. Cuando empezaban a negociar con Australia, los jerarcas neozelandeses estaban preocupados por cómo presentar el tema ante la opinión pública sin hablar de “libre comercio”. “Tuvimos una competencia entre oficiales del gobierno —muchos estaban borrachos—, para ver quién encontraba el término más anodino, y alguien vino con el término de Closest Economic Relations (Relaciones Económicas Cercanas)”, recuerda. “En seguida le dijimos que eso no quería decir nada. Y pronto nos dimos cuenta de que era perfecto, porque no significaba nada. ¿Quién podía estar en contra de tener relaciones económicas cercanas con Australia?”.

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