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    Faltan grandes proyectos

    Por Lector

    Sr. Director:

    En un año preelectoral donde ya se comienzan a proclamar las distintas precandidaturas a la presidencia de la República, es esencialmente importante distinguir lo electoral de lo nacional. Da la sensación de que la tendencia global y regional nos empujaría a un ciclo de elecciones marcadas por el “efecto castigo” y donde el objetivo central de las candidaturas está muy enfocado en ganar la contienda electoral per se y no en llegar al gobierno con un proyecto sólido y duradero. La discusión política pierde la cuestión de fondo, se eluden los debates largos y profundos y se pasa gradualmente a una política de la inmediatez, de lo banal, de lo superficial. Si el único debate que se va a dar es el político-electoral y todo va a girar en torno a ese cálculo, es muy probable que los problemas serios del país no sean atendidos, que las reformas estructurales no sean planteadas y los acuerdos importantes sean esquivados, porque, en el esquema “buenos/malos” que genera un altísimo rédito político, no es buena cosa reconocer los aciertos del adversario.

    ¿Podremos escapar al “contagio” de la triste decadencia de los sistemas políticos nacionales? Bueno, quizás el 2024 sea un año bisagra. Allí se verá si el sistema político uruguayo es tan bueno como se dice o si es tan imperfecto como aquellos que a menudo tomamos como “malos ejemplos”. Un buen primer paso para evitar esa decadencia es actuar con cautela y desmarcarse de los tiempos de las redes sociales. Es cosa sana dar discusiones profundas y pausadas que deriven en grandes proyectos de reforma de los problemas de fondo de nuestra sociedad y no sacar pseudorreformas “a las apuradas”, para cumplir con los programas. No hay por ahora una propuesta de gobierno clara que manifieste una transformación o un argumento de fondo que haga frente a los problemas de la gente, y eso es un elemento contraproducente para la credibilidad del sistema en general.

    Y creo que aquí el problema no es si las propuestas son buenas o malas o si son “más populares” o más sectarias, sino su fuerte ausencia de la escena política. No hay grandes propuestas nacionales, simplemente hay algunos movimientos políticos puntuales acompañados de alguna reforma muy acotada. Es difícil pensar en un partido o candidato y rápidamente identificarlo con un proyecto de país, como sí se podía hacer, por ejemplo, en el caso de Wilson y su “Compromiso con usted” o con Seregni y el programa del FA del 71. Allí había propuestas rebeldes, con cambios de fondo, la reforma agraria, la reforma de la banca, cuestiones con las que por más que uno pueda estar en desacuerdo son al fin y al cabo proyectos de país con profundidad. Por la hora que nos toca vivir, sin dudas debería aparecer un proyecto nacional que repiense la producción, el consumo, el comercio exterior, que atienda el problema de la despoblación del medio rural, del centralismo, del crimen organizado, de la seguridad social, de la educación, de la seguridad pública. No basta con tomar medidas puntuales o con incrementar presupuestos, son los grandes proyectos de país los que terminan cambiando de fondo la realidad de la gente, y son los que hoy en día están faltando.

    Manuel Nogueira