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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDícese de fanatismo (del francés fanatisme, conjunción de fanatique?, “fanático”, e -isme) como el apasionamiento o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida, irracional y tenaz de una idea, teoría, cultura, estilo de vida, persona, celebridad o sistema, entre más aspectos que podrían desencadenar un fanatismo. El fanático es una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones, también es aquel que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo o alguien.
Por su parte defínase desleal para calificar a aquel que actúa sin lealtad, es decir, sin respetar criterios de honor, nobleza y fidelidad.
El porqué de este inicio.
Es bien sabida la política de conducción que ha desarrollado la actual cúpula del SMU, y en particular la Agrupación Fosalba.
Un modus operandi que ha lindado entre lo arbitrario y lo absolutista
Prescindiendo de opiniones contrarias a las oficialistas y utilizando al colectivo médico en su conjunto como modalidad de lanzar supuestos pensamientos adoctrinados que responden obviamente a la actual oposición gubernamental, otrora oficialismo de izquierda.
No hay que ser muy inteligente para concluir que una agrupación que, al cabo de esta última década y media de gobierno de izquierda, todos fuimos participes y fieles testigos de un silencio que operaba desde lo más profundo de la actual cúpula gremialista. Silencio que obviamente operaba en consonancia con los mandatos impartidos por los líderes del partido de gobierno de la época.
Sorpresivamente, a partir de marzo de 2020, se comenzaron a escuchar propuestas demagógicas, léase cuarentena obligatoria (lockdown), a tan solo días de iniciada una pandemia, otras alarmistas, léase saturación y colapso del sistema de salud acudiendo a nóveles colegas y utilizando medios visuales para presagiar el apocalipsis sanitario, transitando por las recientes declaraciones desacertadas de un tres veces expresidente del SMU en representación de la Agrupación Fosalba hasta alcanzar el apoyo tácito de un paro general de actividades para el próximo Jueves 17 de junio, una posición genuflexa que bien cabe en la actual conducción gremial para congratularse con los altos mandos de la coalición izquierdista
No me voy a extender en las tres primeras, pues ya fueron respondidas en su justo término por la candidata de la Agrupación Juntos, Dra. Verónica Pérez, opositora mayoritaria a la actual conducción del SMU (Fosalba), en vistas al próximo acto eleccionario del 28 de julio.
Permítaseme emplear la terminología que inicia la redacción de la presente.
El apoyar los postulados que promueve el actual paro general es ir contra los intereses de un gobierno legítimamente electo, que justamente, si algo ha hecho, fue priorizar el “hambre” del trabajador (pautas económicas dictaminadas), regularizar la “afrenta de la laicidad en la enseñanza” (medidas disciplinarias contra los 15 profesores), reducir el desempleo heredado acompasándolo con la creación de nuevas fuentes laborales e implementación de jornales solidarios.
Obviamente que no pretendo ingresar en estos postulados que no suman a lo ya expresado en los medios publicitarios.
Sin embargo, como profesional de la salud debo hacer especial hincapié en la “defensa de la vida”, ítem que engalana los postulados por la central sindical, apoyado firmemente por la actual conducción gremialista y oficialista del SMU.
Un apoyo traído de los pelos, resolución gremial sacada de la manera más despótica e improcedente en una votación pareja en donde imperó la doctrina ideológica, permítaseme usar el término fanatismo, anteponiéndose a la condición que todo médico, entre los que me incluyo, debe de asumir, pregonar y cumplir asistiendo al más necesitado, respetando el juramento hipocrático tantas veces aludido y tomado como consigna de la labor médica.
Soslayar la condición de médico que debe ejemplarizar ocupando la primer línea en el frente de batalla ante una pandemia, con postulados ideológicos que no tienen cabida en una sociedad altruista generosa y solidaria, responde a la más absoluta representación de la mezquindad de la condición humana.
Y permítaseme aquí emplear el término deslealtad.
Un profesional no debe defender postulados que vayan contra la propia formación y condición asumida al iniciarse en su rol asistencial.
Ni mucho menos contra el bien más sagrado de una sociedad como lo representa la salud.
Un presidente de una agremiación debe de representar el sentir de un colectivo médico, engalanado por grandes profesionales y pensadores, asumiendo posturas que vayan en consonancia con el luchar y sentir de un país.
Apoyar un paro general de actividades, dándole la espalda y desconociendo la actual situación sanitaria de un Uruguay que lucha por sobrellevar una pandemia mundial, implica ni más ni menos que incumplir con los principios morales que cada uno de nosotros se comprometió con la sociedad y el país al asumir nuestros roles como profesionales de la salud.
El fanatismo y la deslealtad son malas consejeras en el rol protagónico que un sindicato debe mostrarse ante la ciudadanía.
Estamos a tiempo de modificar algunas posturas radicales proyectando un sentir más colectivo y no posturas ideológicas cuyo único objetivo son implementar el desasosiego de una población con el fin mayor de desestabilizar un sistema político democráticamente elegido.
Dr Juan Pablo Monzani