• Cotizaciones
    viernes 06 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Franco, un alumno adicto y violento que tras un periplo institucional que lo “rescató del infierno” se convirtió en un estudiante ejemplar

    Las autoridades de Secundaria creen que su caso es “emblemático”; la disyuntiva del próximo gobierno será entre “más inclusión” y centros educativos o “más represión” y marginalidad

    Los diarios hablaron de él en marzo de 2016 porque había agredido e insultado a una profesora del Liceo 25 de Villa Don Bosco, y el sindicato docente pararía un día en Montevideo. Tres meses después, volvería a protagonizar los titulares de prensa al reaccionar violentamente a una orden de una profesora del Liceo 49 de Punta de Rieles: la encaró, la insultó y cuando una adscripta buscó interceder, también la “patoteó”. En esa ocasión, el sindicato resolvió un paro nacional de 24 horas, por lo que 220.000 alumnos quedaron sin clases.

    Franco González cursaba entonces primero de liceo, tenía 15 años y toda la impotencia: dejó los estudios y pasó meses sin salir de su casa más que a la esquina, por drogas. “Me atraparon las adicciones”, dice. Consumía marihuana y cocaína. Pese a todo, simulaba que su vida podía seguir igual. “No podía parar”.

    Su madre insistió en que buscara ayuda. Fue ella, Raquel, quien lo convenció para rehabilitarse. Se internó y se escapó de centros psiquiátricos y de rehabilitación, recayó varias veces. “Hasta que ya no hacía lo que quería. Ya no controlaba mis pensamientos. Decía ‘voy a ver la tele’ y la adicción me llevaba otra vez a la esquina”.

    Franco González cursaba primero de liceo, tenía 15 años y toda la impotencia: dejó los estudios y pasó meses sin salir de su casa más que a la esquina, por drogas. “Me atraparon las adicciones”, dice. Consumía marihuana y cocaína. Pese a todo, simulaba que su vida podía seguir igual. “No podía parar”.

    De la desesperación, Franco sacó una decisión: tenía que recuperarse. Quería cambiar de vida. “No quería estar más sentado en casa todo el día viendo tele, ¿entendés? No hacía nada”. Su madre le propuso que retomara los estudios. Dijo que sí y, aun en rehabilitación, se apuntó en el Liceo 45, donde este año cursó el plan nocturno para jóvenes con extraedad y obtuvo las mejores calificaciones del grupo. Ahora lleva un año y siete meses “limpio”, tiene novia y un plan de vida. Pero en medio hubo un periplo institucional que “lo rescató del infierno”. La adicción, dice, solo te da tres salidas: “la cárcel, el hospital o la muerte, y ninguna es buena”. Aunque también cabe otra posibilidad. “Tuve suerte”.

    Su caso es considerado “emblemático” por las autoridades educativas, pero no es el único ni muchos menos, dice a Búsqueda la directora general de Secundaria, Ana Olivera. Franco “es un chico que si no fuera por su contexto y situación de vida, estaría en un grupo de alta capacidad” por sus condiciones intelectuales, afirma. Así y todo, “con resiliencia y mucho apoyo institucional, se convirtió en referente para otros alumnos por sus cualidades de liderazgo”, dice, y agrega que “a veces la vida te coloca en ese lugar”.

    “Si llegamos al caso extremo de violencia contra un docente, hay que empezar a ver qué es lo que hay detrás, y aquí se activaron todos los sistemas de protección y alerta institucional, con tres liceos involucrados en una historia que parece mínima pero que extrapolada al sistema es muy importante”, evalúa Olivera, apoyada en cifras: Secundaria tiene 5.100 “adecuaciones curriculares significativas” —que adaptan contenidos, evaluaciones y formas de enseñar— y el 85% de esos estudiantes aprobaron el curso en 2017, cifra más alta que el promedio general. Solo en la Zona Este de Montevideo hubo 80 trayectorias especialmente adaptadas en 2018.

    Las estadísticas del Instituto Nacional de Evaluación Educativa muestran que a los 17 años los adolescentes se dividen en tercios: 34% cursa el grado esperado, 39% está rezagado y 27% no estudia.

    Todo pibito tiene derecho a soñar

    Oscurece en el barrio Villa Don Bosco, y asoma una luna inmensa y amarilla. Los perros chapotean en el barro y un chico patea una pelota entre un galpón y una enorme camioneta 4x4. Bajo el alero de la casa hay algunas sillas maltrechas, ropa colgada en una cuerda, una palangana, termo y mate. Franco recibe a Búsqueda junto a su madre. Él observa a la visita con ojos escrutadores y la cabeza cubierta por la capucha de un canguro deportivo. Lleva ropa ancha, championes de marca y un andar desafiante, entre hiphopero y pugilístico. Es un muchacho alto, corpulento, el pelo corto y negro, la voz gruesa, la mirada viva y la sonrisa pícara, un poco socarrona, en un rostro aún adolescente. Pronto cumplirá 18 y es el mayor de tres hermanos; el más chico va al jardín, y la otra a la escuela. Pasa su novia, Micaela, de 20, a quien conoció en clase; saluda y sigue. Desde la casa llega a veces algún llanto o gritos de la tele.

    Franco recuerda cuando salió en todos los diarios y lugares. “En las páginas informativas aparecía lo de mi agresión a dos docentes del Liceo 25. Pero nadie explicó el porqué, los cómo, ni nada”. Dice que incluso salió publicado su nombre completo, sin autorización. Que todo empezó por una pelea con un compañero de clase, que la profesora de Inglés le gritó y él reaccionó mal. “Ahí me paré al lado, le dije que ni mi madre me levantaba la voz y me retiré del salón. Ella me siguió por el pasillo, gritando. Me di vuelta y le pegué fuerte a la pared, pero a ella no la toqué, ni siquiera tuve la intención”. Hubo una primera denuncia por agresión.

    Días después retomó las clases en el Liceo 49 de Punta Rieles. “Ahí ya tenía esa rebeldía de no hacerle caso a ningún docente”. Otra vez los insultos, pero nunca una agresión física, insiste.

    Hoy Franco solo mira “para adelante”. Quiere construir una casa en un terreno al fondo del hogar familiar, dice, con la convicción de que esta vez el corte con el pasado es definitivo.

    El sindicato docente apuntó contra Secundaria, que se había comprometido en marzo, cuando decidió cambiar a Franco de liceo, a darle una asistencia psicológica y apoyo a la familia para que no se repitieran los hechos de violencia. Secundaria y el sindicato habían roto relaciones dos meses antes por una fuerte disputa por la elección de horas docentes.

    Entretanto, Franco recibió una suerte de tutoría para evitar que abandonara los estudios. Pero desertó a los días, ya no escuchaba razones; dice que le “saltaba la térmica” por cualquier cosa. Era un joven asustado e iracundo que “quería escapar de todo”. A fin de año fue internado por un ataque psicótico. “Se trata de un muchacho que atravesó demasiadas dificultades para convivir en la comunidad educativa y eso nos llenó de tristeza”, evoca la entonces directora de Secundaria Celsa Puente.

    La intervención del Departamento Integral del Estudiante (DIE) de Secundaria resultó clave en el vínculo con la familia para buscar otras alternativas. “Franco es un chico brillante, con capacidades cognitivas superiores a la media y es llamativo que con su historia personal y académico logre un rendimiento educativo tan bueno”, dirá a Búsqueda Gabriela Garibaldi, coordinadora del DIE.

    Garibaldi explicó que en estos casos la estrategia consiste en ir “rodeando” al entorno familiar, enlazándolo al equipo educativo. No obstante, aclaró que cada situación es excepcional y cambiante, porque presenta “avances y retrocesos”, pero que la misión como profesionales es “no desistir en el entusiasmo de acompañar” al joven. “Como dicen expertos de Brasil: muchas veces o los captamos nosotros o los termina captando el narcotráfico”.

    La segunda oportunidad para Franco requirió “una gran fuerza de voluntad”, dice su madre, con orgullo. El primer día de clase en el Liceo 45 le preguntaron qué metas tenía para su vida y cómo pretendía que fuera su año lectivo. “Yo respondí que hoy estaba ahí y mañana no sabía, porque eso me quitaba el peso de tener que ir todos los días a clase”, cuenta el alumno. Y asistió todo el año, con casi cero falta.

    El viernes 7, Franco recibió su boletín de calificaciones: aprobó todas las asignaturas con notas sobresalientes. Ese día también fue habilitado a cursar segundo y tercero en 2019, para entrar con Ciclo Básico aprobado a la Escuela Técnica Aeronáutica en 2020. Un compañero suyo lo felicitó y le agradeció por haberlo ayudado a salvar el curso, “aunque raspando todo con 6”, bromeó.

    “Pero escuchame una cosa, ¿vos para qué estás acá? ¿Cuál es tu proyecto de vida?”, le dijo el director del liceo, Alejandro Villagrán, durante el curso tras un incidente menor con otro alumno. Franco enmudeció, reflexionó y elevó la mirada al techo. “Todo pibito tiene derecho a soñar”, afirmó, según cuenta Villagrán a Búsqueda, aún conmovido por la respuesta. 

    “Yo voy a hacer lo que me permita ser. Ahora estoy acá, hablando lo más bien y mañana no sé qué va a pasar. Pero sé que puedo llegar a ser lo que me permita”, continuó Franco, recuerda la subdirectora Anahir Freccero, que escuchaba en la sala.

    El director explica que su liceo trabaja en inclusión educativa, cultural y política. “Si este chico no estudiara acá todas las noches, si lo excluimos del sistema, ¿dónde estaría?”, plantea Villagrán. Cuenta también que está gestionando una beca para Franco como aprendiz  en la Escuela Técnica Aeronáutica de la Fuerza Aérea.

    Para Puente “esa es la clave educativa”. La exdirectora general de Secundaria y hoy inspectora regional está convencida de que “la disyuntiva” para el gobierno que entre en 2020 será “entre más inclusión” y centros educativos o “más represión y reclusión”. “La educación es la respuesta para evitar la opción de la delincuencia o el camino hacia la marginalidad: este es el escenario que tenemos que asumir de cara al futuro”, afirma. Y añade: “La historia de vida de Franco, que en sí merece un ateneo pedagógico, da fe de eso: no podemos excluir si pretendemos una sociedad sana”.

    Tampoco es fácil lidiar con un comportamiento adictivo en un centro de estudio, asume por su parte la madre de Franco, quien también destaca el papel de la comunidad terapéutica Bethania y el apoyo del cuerpo docente. “Eso es: que no sea el típico que da la clase y se va, que hable con uno y busque que se sienta cómodo”, completa Franco, con cara de ya me entendés, y cita como ejemplo a su profesor de Historia, Oscar Carol. Ese docente dirá: “Franco pasó de alumno ‘problemático’ por su agresividad a ejemplar con mucho amor y paciencia, pero todo ese potencial está en él”.

    “Yo vi mucha gente encerrada en su propio muro sin querer salir de ahí. Yo no me quería dejar ganar por la ignorancia. Hice el clic cuando vi que ya no me quedaba nada o estaba a nada de perderlo todo. Algunos pueden y otros no”

    Hoy Franco solo mira “para adelante”. Quiere construir una casa en un terreno al fondo del hogar familiar, dice, con la convicción de que esta vez el corte con el pasado es definitivo. Asegura que va a necesitar “mucho más coraje”, pero que no se echará para atrás. Para él todo el tormento tuvo un sentido ejemplarizante. “Me atrasé, pero no me dejé ganar por la ignorancia y, pese al infierno que viví, hoy tengo esta lección de vida”, dice, impaciente por reorientarla; anuncia que será padre.

    Ahora conversa con calma eligiendo las palabras. “Mi objetivo es salir adelante, mi prioridad es que a mi familia no le falte nada y mi plan es trabajar honestamente para conseguir todo lo mío”. Dice que tuvo suerte y puede contarla. “Antes me dejaba llevar mucho por el impulso, y hoy lo intento controlar. Antes me decías algo que no me gustaba y me calentaba, veía rojo. Hoy soy menos impulsivo y ejercito la paciencia hasta cuando pierdo a la Play”, sonríe.

    “Pero yo vi mucha gente encerrada en su propio muro sin querer salir de ahí. Yo no me quería dejar ganar por la ignorancia. Hice el clic cuando vi que ya no me quedaba nada o estaba a nada de perderlo todo. Algunos pueden y otros no”, afirma y alza las cejas. Termina de decir eso y se calla. Hay un silencio. Hijo y madre se miran: primero sonríen, pero enseguida se quedan muy serios.