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    FrentamSat

    Perdido en algún círculo concéntrico del espacio exterior, a 700 km de la Tierra, un satélite uruguayo orbita el planeta en el más absoluto de los silencios.

    Nadie sabe dónde está, si es que está, o si se precipitó a algún ignoto océano terrestre, o si se desorbitó y agarró embalado para algún agujero negro, del que nunca regresará.

    Si uno fuera a guiarse por las informaciones de la prensa opositora, siempre ávida de chusmeríos destructivos, negativos y falsos, el aparato del tamaño de una caja de zapatos (tal vez más parecido a una caja de zapatos por toda su realidad existencial que solamente por su tamaño) ha desparecido porque su construcción, que costó un millón de dólares, estuvo en manos de técnicos a los que las autoridades de Antel coaccionaron para que lo pusieran en órbita antes de las elecciones nacionales, y para que figurara como gran logro comunicacional del ente de las comunicaciones en un difundido aviso que sale en televisión (y sigue, y sigue saliendo, porque el balotaje es el domingo que viene, y cualquier satelito sirve). Además, la prensa opositora dice que los tales técnicos son unos muchachos de un club de ciencias de la Facultad de Ingeniería, de esos que repetían en secundaria, y que fueron promovidos de lástima para que salieran de una vez del liceo, a los que ahora nombraron con unos sueldos astronáuticos en Antel.

    Como todo esto luce exagerado y falto de seriedad, fuimos a las mismísimas fuentes, para descartar cualquier exageración o falsedad.

    Gracias a contactos del más alto nivel, pudimos consultar a quien será la primera astronauta uruguaya, la señora Carolina Cosse, actualmente presidente de Antel.

    La encontramos a la salida de uno de sus entrenamientos en el curso de Zero Gravity que viene desarrollando con gran éxito en el Centro Aeroespacial Uruguayo José Mujica (así bautizado en homenaje al uruguayo que ha volado más alto en toda la historia nacional). Tras sacarse su escafandra, la futura viajera espacial se prestó a un diálogo con nosotros, dándonos la primicia de que la Bebe Sendic Uno, primera nave espacial uruguaya, será puesta en órbita en octubre de 2019, unos días antes de la primera vuelta de las elecciones nacionales de ese año, y ella será quien la pilotee a lo largo del mes que va desde las elecciones hasta el balotaje. Cuando falten dos días, la nave aterrizará en el parque de la Estancia Anchorena, donde será recibida por el presidente Vázquez y por el candidato triunfante en la primera vuelta de las elecciones de ese año, que podrá ser Raúl Sendic, Macarena Gelman, Constanza Moreira, el Flaco Nicolini o una heladera. Tanto da.

    Allí se destacarán los constantes triunfos tecnológicos del Uruguay progresista, y doña Carolina contará como se ve de grande y progresista nuestro país desde el espacio exterior.

    En cuanto al satélite guacho este, que anda perdido Dios sabe por dónde, la señora Cosse se aprestó a desmentir todas esas informaciones tremendistas y negativas que andan circulando por ahí.

    —“Fíjese, señor periodista” —nos dijo —“que durante los diez minutos por día que el Antelsat pasa por encima del Uruguay, nosotros monitoreamos su trayectoria y descodificamos la información que está recibiendo y acumulando sin ningún problema”.

    Le preguntamos entonces por qué en ningún otro lugar del mundo se puede registrar el paso de Antelsat, ni determinar siquiera si existe o ha desaparecido.

    —“Es que, y esta es una información que no hemos brindado hasta ahora, por lo que le doy la primicia” —expresó —“este satélite uruguayo está equipado, por primera vez en la historia de la exploración espacial, con un filtro progresista de última generación, llamado Lenimarx, que ha sido desarrollado por técnicos uruguayos que han hecho un posgrado en Cuba. Gracias a este filtro, ni en la NASA ni en ninguna otra base de control satelital del mundo neoliberal y capitalista se puede detectar nuestro satélite, pero sí lo pueden detectar, y hasta descifrar, los centros de investigación espacial de países como Nicaragua, Bolivia, Venezuela, y otras patrias socialistas y hermanas en nuestro destino de patria grande colectivista y distributivista” —enfatizó con orgullo.

    Le preguntamos entonces si, por ejemplo, en el Centro de Exploración Espacial del Socialismo del Siglo XXI “Hugo Chávez Frías” de Venezuela, se podría detectar al satélite uruguayo en su pasaje por el cielo chavista y madurista.

    —“Claro que podrían, y de hecho hace unos días llamé al capitán Yosisoy Dema Duro, director del referido centro, para preguntarle si habían tenido oportunidad de monitorear el paso del Antelsat, pero me llevé una triste e inesperada sorpresa cuando el científico venezolano me informó que el Centro Chávez había tenido que vender el captor satelital y algunas otras piezas del sofisticado tablero de control espacial para comprar papel higiénico para los funcionarios, porque el gobierno central ya no estaba en condiciones de proporcionarles tan vital elemento debido a la crónica escasez que se registra en Venezuela”, concluyó la señora.

    Aprovechamos por fin para preguntarle a nuestra entrevistada qué tipo de información venía relevando y transmitiendo este extraordinario satélite uruguayo, controlado desde tierra por los técnicos de Antel.

    —“Antelsat nos ha permitido comprobar los éxitos de economías como la cubana y la nicaragüense, al mostrar manifestaciones de ciudadanos felices que se agolpan frente a los edificios en los que funcionan los gobiernos progresistas, para alabarlos, aplaudir y pedir más y más generosidad, que los gobiernos profesan a manos llenas” —dijo la entrevistada, y agregó —“aunque también nos ha permitido comprobar las injusticias que se cometen contra el pueblo palestino por parte de Israel, y muchas otras violaciones de los derechos humanos en el mundo, que nosotros vamos registrando para saber quién es quién, y luego actuar en consecuencia”. La conclusión es que, si no fuera que todavía estamos “a nivel satelital”, cualquiera que se informe acerca de este engendro volador diría que estamos en la Luna.

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