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Desde los primeros grandes realizadores de documentales como Joris Ivens, Robert Flaherty y Bert Haanstra hasta los contemporáneos, este género no ha dejado de aportar ejemplos extraordinarios. Hoy en día ya nadie duda de que un gran documental puede competir al mismo nivel con una película de ficción, en el ritmo, en la plasticidad y sugerencia de sus imágenes, en la historia que cuenta e incluso en los personajes que aparecen tallados en la pantalla, muchas veces con mayor fuerza y convicción que los creados por el escritor o guionista más fino y avezado. El ítalo-estadounidense Gianfranco Rosi es un ejemplo de lo que puede hacer un gran documentalista enfocando su cámara sobre situaciones y personas reales. Dos de sus principales trabajos, Sacro GRA(2013), sobre la autopista que circunvala Roma, y Fuocoammare(2016), sobre los refugiados africanos que llegan a la pequeña isla de Lampedusa, han sido distinguidos con el principal galardón en los festivales de Venecia (León de Oro) y Berlín (Oso de Oro), respectivamente.
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Rosi, de 57 años, abandonó los estudios de medicina por el cine. Tiene claro que lo que hace no es “documentar” sino “filmar”, porque una vez que el realizador coloca la cámara frente a quien sea la realidad se altera y el registro puro se desvanece.
Su primer paso lo dio con Boatman (1993), un impresionante retrato en blanco y negro de poco menos de una hora sobre el Ganges. Conducido por un botero que lleva al realizador y su cámara, vemos a los fieles y a las vacas bañarse en las aguas, a los familiares arrojar a sus muertos en los ritos fúnebres y a los turistas transitar en barcas mientras un guía a los gritos explica las bondades de Shiva. Por encima del concepto de lo religioso y lo sagrado impera un vertedero de cadáveres y putrefacción que pone los pelos de punta. Hay que ver a los niños nadar y jugar entre los muertos, a los encargados de cremación prender los hornos y las hogueras y arrojar los cuerpos al río —no sin antes escrutar meticulosamente con un colador las piezas dentales de oro y los anillos— y al mismísimo botero admitir que en su país todos están un poco locos. Como dijo Mark Twain: “En la India todo parece sagrado menos la vida humana”.
Cuatro años convivió Rosi con los habitantes de trailers que eligieron vivir al margen de la sociedad, sin luz y sin agua, en el desierto de California. Below Sea Level(2008) es un fogonazo de la América más profunda y olvidada, de aquellos que viven en el mayor de los desamparos. Si a cualquier cineasta se le ocurriese hacer una obra de ficción con estas caracterizaciones, difícilmente alcanzaría semejante estatura épica y autenticidad. Padres que han perdido a sus hijos, transexuales sin esperanza alguna y mujeres en la más completa soledad, una fauna de gente rota cuyo hogar es un autobús desvencijado o una caravana destartalada, y que sin embargo se exhibe a sí misma y conserva toda su lucidez y dignidad.
Rosi no se repite. El sicario: Room 164 (2010) es un unipersonal con un hombre que ha trabajado 20 años para el Cartel de Juárez cometiendo más de 200 asesinatos. En la habitación de un motel de frontera el sicario con una capucha y una libreta de anotaciones relata sus experiencias. No hay otros elementos que él mismo, sus movimientos por la habitación y su voz intimidante. Otra vez la verdad captada tiene una intensidad descomunal.
Sacro GRA reúne una variedad pintoresca y extravagante de personajes en torno al Grande Raccordo Anulare, la autopista circular que envuelve Roma. Un cine de carreteras con un aristócrata venido a menos, prostitutas, un conductor de ambulancia, vecinos de un edificio de apartamentos y un individuo que estudia (¡y escucha!) a los insectos que infectan las palmeras. Samuele es el niño que destaca en Fuocoammare, además de un médico que recibe a los refugiados africanos y una abuela que conserva las tradiciones de la isla.
El último trabajo de Rosi es Notturno (2020), otro impactante registro que llevó tres años de trabajo entre Siria, Iraq, el Líbano y Kurdistán y que incluye mujeres armadas haciendo guardia, cazadores furtivos y niños que sobreviven a una guerra permanente cuyo telón de fondo es una ciudad que, aunque se encuentre en momentos de paz, no deja de quejarse con explosiones y lejanos sonidos de metralleta. Según el realizador, la clave para conseguir esos auténticos testimonios es una paciente convivencia de días y meses con cada individuo.
Todos estos documentales se encuentran en Mubi, menos Fuocoammare, que está en Qubit. Cine de primerísimo nivel.